EDITORIAL

De nunca acabar

Carlos Flores fue el primer tupamaro que murió en un tiroteo con la policía el 22 de diciembre de 1966, tras un intento fallido de robo a un local de la empresa Funsa. Tenía entonces, apenas, 23 años. El diputado Alejandro Sánchez quiere homenajearlo, ¿por qué?

Años atrás, el expresidente Mujica dijo una frase que generó mucho ruido. Sostuvo que los dolores generados por la violencia política de los 60 y 70 solo serían superados cuando murieran sus protagonistas. Tal como suele suceder con sus sentencias, parece que Mujica ha vuelto a equivocarse.

Resulta que hace un par de días el diputado Alejandro Sánchez, figura renovadora del MPP e incluso candidato a presidir el Frente Amplio, no tuvo mejor idea que salir públicamente a reivindicar la muerte de un señor llamado Carlos Flores, señalado como el primer muerto de la guerrilla tupamara en el país. Haciendo referencia a un mural aparecido junto a una automotora, Sánchez dijo: "Hoy los muros también lo recuerdan. ¡Habrá patria para todos!". Para aumentar la sensación de incredulidad, varios colegas jóvenes de Sánchez le festejaron la ocurrencia.

Vayamos primero a la historia. Según se sabe, el señor Flores fue un aspirante a guerrillero, que murió durante un tiroteo con la policía el 22 de diciembre de 1966, tras un intento fallido de robo en un local de la empresa Funsa. Tenía entonces, apenas, 23 años.

Es importante destacar algunos detalles del episodio histórico. En 1966 todavía gobernaba el Partido Nacional en el esquema del viejo colegiado, no había autoritarismo alguno, no había medidas prontas de seguridad, Jorge Pacheco era una figura política apenas emergente, y la posibilidad de una dictadura militar solo existía en la cabeza de algún militante extremista, demasiado influido por la propaganda de la Guerra Fría.

¿Qué cosa pudo llevar a ese joven de 23 años a creer que tenía derecho o que podía ser útil al país cometer un asalto contra una empresa como Funsa? ¿Quién le habrá llenado la cabeza para mandarlo a agarrarse a los tiros con la aldeana policía uruguaya de aquella época? ¿Alguien se hizo responsable de semejante barbaridad?

Pues no. Lejos de generar una autocrítica que llevara a desactivar lo que ya se venía gestando por entonces (hoy lo sabemos sin lugar a dudas), los mayores de Flores, quienes lo mandaron a morir con 23 años por una causa utópica y liberticida, siguieron adelante con su franquicia revolucionaria, hasta que la misma terminó con ellos y, de paso, con la democracia del país más igualitario y socialmente integrado del continente.

Claro que eso, por suerte, es historia pasada. Algo que uno creería a esta altura que sería tema para gente mayor de edad, que recuerda sus pasiones juveniles mientras alimenta palomas en una plaza. Tema para historiadores, investigadores, o dirigentes de grupúsculos de inexistente apoyo electoral como el PVP. Pero no. Resulta triste comprobar que un dirigente de talla nacional, de un sector como el MPP, un diputado de menos de 40 años, sienta que mentar ese episodio criminal y emblemático de un momento en que el Uruguay perdió el tren de su propia historia, le puede aportar algo positivo a su carrera política.

¿Qué puede tener para reivindicar el diputado Sánchez de la muerte de ese pobre muchacho? ¿El haber querido robar una fábrica? Seguramente que no. ¿El haberse enfrentado a tiros con la policía? Teniendo en cuenta que quien hoy la comanda es parte del grupito de iluminados que generó aquel desastre, imaginamos que tampoco. ¿El haberse alzado en armas contra una democracia funcional? Esperamos que tampoco.

Lo que nos queda esperar es que la actitud de Sánchez, y la de varios dirigentes de su misma generación que lo secundaron, tenga que ver con un error grave de conceptos. De ignorancia de la historia y la identidad del país, también. Pero sobre todo una desesperación por encontrar una identidad propia a la que aferrarse a la hora de hacer política, en un sector cuya única razón de existencia es la figura de José Mujica. Si no fuera por la popularidad del personaje inventado por Mujica en estos años, y que poco tiene que ver con las ideas que generaron el movimiento tupamaro en los 60 (como se encargan de dejarlo en claro desde Zabalza hasta Marenales cada vez que pueden), es inimaginable que Sánchez o cualquier otro de esa troupe hubieran llegado al Parlamento. Tal vez es por eso que, para mantener el protagonismo, se sientan urgidos a vincularse con un pasado mítico que no vivieron y que, francamente, nunca existió como se ha inventado.

En eso, Mujica vuelve a mostrar que es mucho más inteligente que sus escuderos. Por eso, en la última elección interna en el FA, en vez de apoyar a Sánchez que era el candidato de su sector, llamó a votar a un ex diputado socialista. Por una vez, viendo lo que hoy vemos de Sánchez, parece que Mujica hizo lo correcto.

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