EDITORIAL
diario El País

Un nuevo tiempo para el Sodre

Ayer se trasmitió en directo, por el canal de Youtube del Sodre, el lanzamiento de la programación 2021 de esta prestigiosa institución cultural oficial.

La ocasión fue propicia para que su consejo directivo, integrado por Martín Inthamoussu, Adela Dubra y Claudio Aguilar, reseñaran un balance de lo hecho en el difícil año de la pandemia y delinearan las acciones y repertorio para el que comienza.

El Ministro de Educación y Cultura, Pablo da Silveira, rindió un homenaje a Daniel Lasca, el gran concertino de la Ossodre que se retira este año luego de una dilatada trayectoria, e hizo el anuncio oficial de las dos designaciones de la nueva administración: Stefan Lano como director de la citada orquesta y María Noel Riccetto, para el Ballet Nacional. Cerró la parte oratoria la vicepresidenta Beatriz Argimón.

Mientras el BNS ha alcanzado un inmenso prestigio nacional y mundial bajo las últimas conducciones sucesivas de Julio Bocca e Igor Yebra, la imagen de la Ossodre ha padecido la inestabilidad propia de una constante rotación de autoridades, donde las disconformidades funcionales de los músicos se hacían sentir permanentemente y generaban altisonantes declaraciones públicas de las distintas partes. El gobierno actual resolvió entonces realizar un llamado internacional para proveer el cargo, al que se presentaron 48 postulantes de América Latina, Europa y EE.UU.

El tribunal que resolvió la designación del maestro Lano estaba integrado por dos expertos extranjeros y un integrante de la orquesta votado por los propios músicos. El proceso fue de una transparencia ejemplar, acorde a la compleja trama de visiones en pugna que el tema venía implicando desde hacía años.

La designación de Riccetto, por su parte, da un justo reconocimiento a una bailarina que ha enaltecido nuestra cultura a nivel mundial. La talentosa artista ha manifestado su voluntad de dar continuidad a la calidad ejecucional y de repertorio que promovieron Bocca y Yebra, sumando nuevas oportunidades creativas para los bailarines, desde un relacionamiento humano cordial y solidario, donde el rigor técnico no avasalle la autoconfianza de los artistas.

Con el Sodre nos encontramos ante lo que los estadounidenses llaman “a fresh start”, un nuevo comienzo cargado de frescura y energía para hacer grandes cosas, como contragolpe a una pandemia que ha mediatizado el contacto del público con las artes escénicas y musicales.

En un estado de opinión inercial que acostumbra identificar al sector cultural con la izquierda -y que se expresa muchas veces en las redes sociales con bochornosos comentarios despectivos- la política del gobierno es un claro ejemplo de cómo se debe ampliar públicos, abrir oportunidades a nuestros creadores y apostar a la excelencia más allá de posicionamientos partidarios.

Hacía falta este aire fresco, después de administraciones del FA que lo habían viciado.

Podemos citar dos ejemplos. El primero, la decisión de las autoridades del Sodre de continuar con un criterio surgido apenas se habilitaron los espectáculos durante la pandemia, de no cobrar alquiler de sus salas a los artistas independientes que actuaban en ellas.

Una queja habitual de los teatristas, músicos y bailarines no dependientes del Estado, hasta marzo del 2020, era lo caro que les salían estos costos fijos, que hacían que ante un espectáculo con escasa taquilla, tuvieran que poner plata de su bolsillo para cubrirlos.

Mientras el BNS ha alcanzado un inmenso prestigio nacional y mundial bajo las últimas conducciones sucesivas de Julio Bocca e Igor Yebra, la imagen de la Ossodre ha padecido la inestabilidad.

Inthamoussu dejó en claro ayer que mientras dure la emergencia sanitaria seguirán vertiendo el cien por ciento de su recaudación a los artistas independientes que trabajen en ellas. Y una vez superada, se volverá al sistema de cobro de un porcentaje, sin imponerles cargos fijos.

El segundo ejemplo surge de una entrevista a Stefan Lano publicada ayer por el semanario Búsqueda. El maestro, que había dirigido a la Ossodre entre 2012 y 2014 y renunciado por los problemas de gestión de entonces, confesó que cuando le propuso a una autoridad del Sodre de esa época montar Tristán e Isolda de Wagner, recibió como respuesta que esta ópera era “demasiado para el pueblo uruguayo”: “Yo tomo palabras así como un insulto contra el público uruguayo, que para mí es inteligente y exigente”, agregó el maestro.

Terminar con el pobrismo cultural, realizar llamados públicos y transparentes, popularizar las artes escénicas y musicales de calidad: grandes y hermosos desafíos a los que el nuevo Sodre sabrá responder.

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