EDITORIAL

El nuevo Frente Amplio

El Frente Amplio que surge de estas urnas es un partido mucho más dogmático, sectario, apegado a visiones de un neosocialismo, mucho más cerca de un Nicolás Maduro que de un Ricardo Lagos.

El resultado electoral del pasado domingo se presta para muchas lecturas. Incluso tomando en cuenta que se trató de una elección sin carácter obligatorio, y donde hay que tomar muchos insumos con pinzas. Pero hay un dato que rompe los ojos, y que debería alertar tanto a los dirigentes del oficialismo con vocación democrática y republicana, como a los votantes en general de cara a lo que se viene. Hablamos del drástico giro que viene experimentando el Frente Amplio hacia posiciones ideológicamente más retrógradas o, como gustan definir algunos, más hacia “la izquierda” del espectro político.

Para empezar hay que señalar que el oficialismo perdió unos 50 mil votos respecto a la última interna, que ya había sido considerada entonces como una mala performance para el Frente Amplio. Algo que no obstó que luego ganara las elecciones con mayoría propia. Sin embargo esta vez la caída es muy significativa, y cuando se la compara con ganancias de grupos como Cabildo Abierto, el sector de Juan Sartori, o incluso de sectores colorados que salieron a pescar en la pecera del antiguo astorismo, es una señal clara de que no le resultará tan fácil al oficialismo recuperar votos.

Pero más grave que esto, es el propio resultado de la interna oficialista. Si bien Daniel Martínez, representante del sector tal vez menos dogmático del FA, se impuso en la contienda, no lo hizo con la diferencia que se podría haber anticipado. Y es más, los votos sumados del candidato comunista Óscar Andrade y de la candidata del MPP, Carolina Cosse, superan a los de Martínez. A esto hay que sumar otro aspecto.

Resulta que entre quienes apoyaron a Martínez, hay fuerzas que tienen una visión mucho más cercana a la de Andrade que a la de un Astori, por decir algo. Gente como Constanza Moreira, o el mismo Partido Socialista, que bajo la conducción de alguien de ostentosas simpatías por el kirchnerismo como el diputado Civila, exhiben posturas de un izquierdismo infantil y retrógrado. Vale recordar que este Partido Socialista fue una de las formaciones más votadas entre quienes apoyaron a Martínez.

De más está decir que a la hora de organizar la interna del Frente Amplio, estos resultados van a fortalecer a estos sectores más duros ideológicamente, los mismos que ya en gobiernos de figuras con mucho más historia y peso específico como el actual presidente Vázquez, han sido un contrapeso determinante para frenar cosas como la apertura comercial, la reforma de la educación, e incluso cambios en políticas de seguridad, o las relaciones internacionales.

Pasando raya, el FA que surge de estas urnas, es un partido mucho más dogmático, sectario, apegado a visiones de un neosocialismo, mucho más cerca de un Nicolás Maduro que de un Ricardo Lagos. ¿Alguien cree que Daniel Martínez pueda tener la personalidad y la fuerza de voluntad como para imponerse a esas visiones? Eso incluso dando por descontado que sus posturas fueran de tono más moderado, cosa que es difícil de afirmar de un candidato que no profundiza en nada, y cuyos mantras discursivos suelen ser tan jugados como un elogio al trabajo en equipo y el ¡vamo’ arriba!, como respuesta a todo.

Queda claro entonces que a medida que figuras como Danilo Astori, Tabaré Vázquez, y hasta José Mujica, gente que llevó al Frente Amplio a ser la principal fuerza política del país en base a ampliar su base y a ofrecer un discurso inclusivo y seductor para quienes tal vez no compartían muchos de sus postulados, el oficialismo se retrae a lo que fue siempre su base electoral: los sectores más militantes de la Universidad de la República y el poder sindical. Nada de malo en ello, pero claramente un núcleo de seguidores que no solo es mucho menor, sino que es refractario para mucha gente que podría verse tentada a votarlo.

Es por eso que en la imagen de hace un par de días, donde los cuatro exprecandidatos bailoteaban junto a un Javier Miranda que enarbolaba una mano al aire con el número cuatro, con la expresión beatífica de un hare krishna recién acostumbrado al cinturón trascendental, el que tenía la sonrisa más forzada era el propio Daniel Martínez. Una muestra clara de que era consciente de que su victoria, por como se dio, le traería a corto plazo más dolores de cabeza que alegrías. Cosa que ya se puede ver con su público calvario para encontrar un candidato a vicepresidente potable.

La oposición puede ver esto con alivio. Pero quienes creen que la calidad institucional del país necesita de un Frente Amplio moderno, republicano, y capaz de dialogar para alcanzar las reformas que el país necesita, solo pueden verlo con preocupación.

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