EDITORIAL

Nuevo escenario blanco

Lacalle Pou recibió 241.000 votos, lo que significa que su candidatura personal obtuvo algo menos que la sumatoria de todas las candidaturas presidenciales del Frente Amplio (255.000 en total).

A una semana ya de las elecciones internas vale la pena mirar con mayor detenimiento los resultados de la votación blanca. Por dos principales motivos: fue el partido más votado; y es el que se posiciona como la base a partir de la cual articular una oferta de coalición política que permita una alternancia en el poder.

En primer lugar, un dato muy importante que no debe pasar desapercibido: el pasado 30 de junio hubo una vigorosa participación ciudadana en el proceso de elecciones del país. La hubo en sí, porque votó el 40% de los habilitados, lo que es una cifra superior al antecedente de 2014. Pero la hubo también en un sentido concreto que fue el de premiar al Partido Nacional, que recibió en cifras redondas unos 448.000 votos en total y que mostró así una enorme vitalidad política.

No puede por tanto interpretarse de lo ocurrido en las elecciones internas que la gente esté apática o desinteresada de la política. Votó muy bien, y mejor que en 2004, 2009 y 2014, el Partido Colorado, por ejemplo; y también mostró enorme vitalidad el partido que lleva a Manini Ríos a la presidencia, con cerca de 47.000 personas que lo apoyaron sin que hubiera allí ninguna interna que resolver, lo cual hace más importante esa demostración de apoyo ciudadano. Sí hubo, claro está, e importa señalarlo con claridad, un rotundo fracaso del Frente Amplio, que tuvo su votación más baja desde 1999.

En segundo lugar, esa vitalidad blanca se tradujo en votaciones realmente muy importantes. Siempre se privilegia la presentación de resultados electorales de los candidatos en porcentajes del total de las internas de cada uno de sus partidos. Pero si en vez de mirar de esa forma los datos, se presta atención a la cifra concreta de votos totales de cada uno, queda más claro aún el enorme respaldo que recibió todo el Partido Nacional el pasado 30 de junio.

En efecto, Lacalle Pou recibió 241.000 votos, lo que significa que su candidatura personal obtuvo algo menos que el apoyo que la ciudadanía brindó a todas las candidaturas presidenciales sumadas de todo el Frente Amplio (255.000 en total). En el mismo sentido, los 93.000 votos que sumó Sartori están muy cerca de los 107.000 que obtuvo el candidato Martínez, que fue el elegido por la izquierda (107.000). Incluso Larrañaga, que parece disminuido al llegar tercero en la interna blanca, en realidad votó muy bien, ya que con sus 78.000 apoyos fue más que Cosse (65.000), que Andrade (59.000) y por supuesto que Bergara (24.000).

El rápido cierre de la fórmula presidencial y la ya decidida oferta electoral de senados ampliada, que seguramente termine con al menos 6 o 7 listas blancas senaturiales en total, definitivamente conforma un escenario de buenos augurios para el Partido Nacional en octubre. A estas lógicas internas bien aceitadas, se suma la clara consciencia de que se precisa forjar acuerdos con los partidos más relevantes del espectro político no frenteamplista, y se suman también los contactos que en este sentido ya se han llevado adelante para ir afinando las características de una coalición pluripartidaria que se presente como alternativa real al Frente Amplio.

Este nuevo escenario blanco no debe caer, sin embargo, en la trampa en la que ha caído en procesos electorales anteriores. En efecto, siempre votando muy bien en la interna, el Partido Nacional pareció tanto en 2009 como en 2014, caer en una especie de remanso político luego de pasada esa instancia, lo que terminó por resultarle nefasto electoralmente en cada cita del mes de octubre.

Importa entonces tener claro que el amplísimo electorado que apoyó a los blancos en junio no tiene las características de socialización política que sí conforman al prácticamente 60% de los uruguayos que no fueron a votar en esa instancia. Si los blancos fueron ampliamente respaldados por quienes más se interesan en política en el país -desmintiendo así una vez más que sea un partido sin ideas o de poca movilización-, se debe tener presente que los intereses y las motivaciones de los otros uruguayos, los menos politizados, son bien distintos. Sus decisiones de voto operan de forma diferente; sus adhesiones e ilusiones son otras.

El espaldarazo electoral del 30 de junio en favor de los blancos fue contundente. Si el Partido Nacional sigue actuando con responsabilidad e inteligencia, logrará que este nuevo escenario político resulte en una alternancia en el poder. Ella es, luego de casi quince años de frenteamplismo que deja al país postrado, tan ansiada como necesaria.

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