EDITORIAL

Noticias falsas

Las noticias falsas, en sus distintas versiones, muestran la peor faceta de una campaña política. No debería ser materia de ningún acuerdo. La honestidad debería ser un prerrequisito para postular al cargo más importante del país.

A un mes y medio de las elecciones internas las noticias falsas o “fake news” aparecen en el debate político por dos vías. Por un lado, todos los candidatos condenan su uso y se comprometen a no utilizarlas, incluso a partir de una iniciativa de la Asociación de la Prensa del Uruguay todos firmaron un “pacto ético” al respecto.

Pero, por otro lado, existen campañas, generalmente lanzadas desde el anonimato en las redes sociales, que atacan a algunos candidatos y existen otros que, sin el menor temor a contradecirse, las utilizan cotidianamente como herramienta de campaña.

Las noticias falsas admiten una gran diversidad. Existen, en primer lugar, los inventos más rupestres armados por militantes sin ningún tipo de estructura orgánica por detrás. Suelen ser fotos con algún texto con noticias claramente fa-laces para cualquier observador atento de la realidad, lo que no limita su difusión por herramientas de mensajería como WhatsApp o su difusión en Twitter o Facebook.

En todo caso, no puede responsabilizarse a los candidatos de ningún partido por este tipo de acciones, aunque sí puede pedírseles que los desincentiven y que los condenen cuando ocurren.

En segundo lugar, están las campañas armadas por la orgánica partidaria, o las noticias directamente difundidas por los candidatos que son falsas. Este es el caso, por ejemplo, de un video editado del candidato nacionalista Luis Lacalle Pou difundido desde las cuentas oficiales del Frente Amplio, donde se le hacía decir exactamente lo opuesto a lo que había expresado. Cuando el hecho fue denunciado, no llegó una disculpa sino simplemente se expresó que el responsable de la comunicación se equivocó de cuenta y difundió por canales oficiales lo que debió hacer a título personal. Al final, peor la enmienda que el soneto.

Dentro de esta categoría también entran las mentiras esparcidas por los candidatos. Al respecto bien vale el ejemplo de nuestro actual presidente de la República, quien realizó un acto sumamente curioso. Se reunió con representantes de la Asociación de la Prensa del Uruguay para sumarse al compromiso de evitar las noticias falsas en la campaña cuando la actitud que corresponde en un presidente es, simplemente, no participar de la campaña electoral como le manda la Constitución.

Pero hay otro hecho curioso; el que sea precisamente, uno de los mayores responsables de emitir noticias falsas en nuestra historia contemporánea, quien se sume con expresión de prócer a esta iniciativa. Como candidato y como presidente Tabaré Vázquez le ha mentido a los uruguayos en reiteración real y unos pocos ejemplos bastan para constatarlo.

Cuando utilizó la noticia de que existían niños que comían pasto en la crisis de 2002, Vázquez sabía que era falsa, se lo advirtieron como quedó comprobado y, sin embargo, siguió utilizándola. Cuesta encontrar adjetivos para este tipo de actitudes así que los dejamos librados a la imaginación del lector. Un segundo ejemplo fue cuando subió impuestos en el actual gobierno y se le preguntó por su promesa de campaña de no hacerlo.

Vázquez declaró que había cumplido porque su compromiso era no crear nuevos impuestos, no era dejar de aumentar los que ya existían. Aquí la mentira es doble, porque estaba claro cuál era el compromiso real que había asumido en campaña, el fondo del asunto más allá de los detalles y también porque se había comprometido a no incrementar impuestos, no se trataba de no crear nuevos impuestos. En todo caso, una mentira infantil y ridícula, más viniendo de un primer mandatario en ejercicio.

Existe un tercer grupo de “fake news” al que hay que estar atentos y es quizá el más preocupante. Es el de noticias armadas profesionalmente y difundidas con recursos a través de la publicidad de las redes sociales o de mensajería, por campañas organizadas. Esto ocurre, por ejemplo, con las versiones adulteradas de la biografía de Lacalle Pou difundidas con publicidad en Facebook o con las noticias falsas también contra Lacalle Pou, difundidas por WhatsApp. Lo cual amerita una investigación por parte de las autoridades y la condena a sus responsables porque produce, por cierto, un daño a los afectados y un daño aún mayor a la democracia.

Las noticias falsas, en sus distintas versiones, muestran la peor faceta de una campaña política. No debería ser materia de ningún acuerdo. La honestidad debería ser un prerrequisito para postular al cargo más importante del país. Lamentablemente, como queda claro, con pacto o sin pacto, hay quienes las han usado, las están usando y, pocas dudas quedan, las seguirán usando.

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