EDITORIAL 

Se va la murga

Perdido por perdido, el Frente Amplio apela a cualquier recurso para modificar un desenlace que parece inevitable. Pero se equivoca quien piense que lo que realiza son manotazos de ahogado. Nada de eso. Detrás de la comunicación persuasiva del FA hay una estrategia planificada al detalle.

Los expertos en comunicación hablan de la necesidad de atender, con coherencia temática, distintas áreas de acción: publicitaria (los mensajes pagos en los medios), periodística (los hechos políticos difundidos por la prensa) y de Relaciones Públicas (giras, actos, recorridas barriales).

Pero el FA extiende su accionar comunicacional a muchos más campos.

De todos ellos, resulta particularmente antiético el que refiere al uso y abuso de recursos del Estado, para los que contribuyen todos los uruguayos, con intención proselitista. La ley de medios, ese engendro kirchnerista-chavista que será derogado el 15 de febrero de 2020, le permite desde hace meses expropiar quince minutos por día y por medio de comunicación para hacer una propaganda de gestión que ya ni siquiera es encubierta: es absolutamente desembozada.

En estos días le toca el turno a unos mensajes lacrimógenos de personas que muestran lo bien que les va en la vida, gracias a haber asistido a la escuela pública. Procuran contrarrestar con subjetividades sensibleras los datos estadísticos que dan cuenta del desastre educativo, donde se expulsa del sistema a los más vulnerables, en lugar de ayudarlos a superar su condición.

Pero eso no es todo. Últimamente vuelve a verse el comercial firmado por la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, laudatorio de las "1.500 obras" realizadas en todo el país, dedicando muchas imágenes a aquellas que en realidad fueron proyectadas y financiadas mayormente por intendencias departamentales no frenteamplistas. Que exista una ley que razonablemente obliga a la OPP a devolver a las intendencias del interior, recursos obtenidos de los contribuyentes que viven en esos mismos departamentos, no da mérito a hacer gárgaras con que el FA invierte magnánimamente en obras de infraestructura con tales destinos.

Otra pata comunicacional que manejan es la de las redes sociales. Allí no se trata del natural intercambio de opiniones y sentires, usualmente bastardeado por el insulto de algunas mentalidades de barrabrava. Ya no es solo eso.

Está claro que el Frente Amplio utiliza un ejército de "trolls" (personas que manejan múltiples cuentas de Twitter con nombres falsos y son mandatadas a destruir a los ajenos y ponderar a los propios), cuyos mensajes a su vez son retuiteados por "bots", cuentas robot, sin dueño, que ofician de mutiplicadoras de aquellas.

En los últimos tiempos aparecieron misteriosos trending topics (temas de los que se dan los mayores índices de tráfico en las redes) exigiendo la renuncia de Lacalle Pou y, más tarde, demandando lo mismo a Mieres (justo después de que anunció categóricamente que en el balotaje, el Partido Independiente no votará por el candidato del continuismo, ¡qué casualidad!).

El senador del PI ha sido cartón ligador de la campaña de enchastre de los trolls frenteamplistas, cuando abominaron un pase en comisión que es tan legal, que existen dos mil de ellos en toda la administración pública. Pero así opera la aplanadora oficialista: no duda en descuartizar a uno de los periodistas culturales más queridos y respetados por los artistas uruguayos, como lo es Jaime Clara, con tal de atacar a sus adversarios políticos.

La otra pata de comunicación a la que los estrategas del FA han echado mano es a la campaña del miedo, usando para ello a sus ministros de Estado, que deberían estar gobernando en lugar de operar tan a nivel de zócalo.

Las palmas se las llevó otra vez la ministra de... ¿Educación y Cultura?... María Julia Muñoz, que en plan de menoscabar a quien será el futuro presidente de los uruguayos, se llevó puesta nada menos que a la Universidad Católica, calificándola de "un grupo selecto donde se paga". Después rectificó sus dichos, obvio. Pero el lapsus sirvió para volver a poner de manifiesto el menosprecio visceral que siente el FA por la educación privada, el mismo que ha expresado en variadas oportunidades contra emprendimientos tan valiosos como los liceos Impulso y Jubilar.

A falta de argumentos, el FA apuesta al barro, lo que hace de esta campaña una de las más tristes de que se tenga memoria. Más que una fiesta cívica, esto se está pareciendo a una vergonzante retirada murguera de los intolerantes.

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