Editorial

Lo que Muñoz quiere ocultar

Es claro por qué la ministra Muñoz quiere hablar de cualquier cosa antes que de su gestión. Es deber de la prensa, del Parlamento y de la Justicia que enfrente sus responsabilidades no solo por haber sido una pésima gobernante sino por haber denigrado la función pública.

En los últimos días fueron muy comentadas las declaraciones de la Ministra de Educación y Cultura María Julia Muñoz denostando a Luis Lacalle Pou. Luego de recibir el rechazo unánime de la sociedad civilizada la ministra, fiel a su estilo, no solo no pidió disculpas, sino que arremetió nuevamente. El hecho dice más de quien insulta que de quien recibe el agravio y resume formidablemente bien el modus operandi de la señora ministra al frente de su cartera: inoperancia absoluta, ignorancia supina, falta de modales básicos, propensión a embarrar para emparejar a su nivel y desvío de la atención sobre su manejo político partidario de recursos públicos.

Si no fuera porque la ministra es una obsecuente del presidente de la República, notoriamente ya no seguiría al frente de un Ministerio que ha manejado en forma deplorable a lo largo de todo el período. Cuando la única virtud de un político es la lealtad al líder supremo, no pueden sorprender las fallas en todos los demás frentes. Así es que mientras la educación y la cultura de nuestro país retroceden día a día, la gestión del Ministerio y las acciones de la propia ministra no solo no han hecho nada por revertirlo, sino que han coadyuvado a que eso suceda con un esfuerzo digno de mejor causa.

Sobre los insultos a Luis Lacalle Pou no vale la pena detenerse, simplemente demuestran resentimiento, odio y miedo, sentimientos comunes en almas pobres, faltas de confianza en sí mismas y lo que representan. Sí, llama la atención que el presidente del Frente Amplio Javier Miranda, que supo ser un hombre respetuoso y respetable para todo el mundo, se haya perdido en el marasmo de la interna frentista al punto de que a quienes lo respetaron, hoy les resulta irreconocible. Quizá también a él mismo cuando se mira al espejo.

Resulta que al mismo tiempo que Miranda habla un día sí y otro también sobre la necesidad de tener una campaña limpia y libre de agravios, él mismo vive lanzando acusaciones absurdas, mentiras reiteradas y faltas de consideración personal básica por sus adversarios políticos. Además, en las mismas declaraciones en que volvía a insistir, con cinismo, en la necesidad de desarrollar una campaña limpia, al ser consultado por los insultos de Muñoz dijo que no iba a opinar sobre el tema. Algún buen amigo debería preguntarle ¿qué te ha pasado Javier, cómo te convirtieron en esto?

Otro tema relevante de este episodio es por qué la ministra Muñoz, que venía guardando un perfil tan discreto como su gestión, decidió salir con agresiones altisonantes al principal líder de la oposición y favorito en las encuestas para ser el próximo presidente de la República. ¿Qué acontecimientos recientes pueden explicar que dejara su letargo habitual para generar un hecho político de estas características repugnantes? Repasando las noticias de estos días no puede caber la menor duda: quería hablar sobre sus propios insultos para no tener que responder por las denuncias del uso y abuso político que se hace hoy en día de los llamados “centros MEC” y otras dependencias del Ministerio para hacer campaña por el Frente Amplio.

La acusación no surge de la oposición, surge directamente de los afectados, excoordinadores de centros MEC en departamentos del interior que han expresado públicamente que las forzaron a trabajar políticamente para el Frente Amplio. La propia ministra Muñoz está denunciada por haber humillado y destratado a personal de su ministerio por no cumplir ordenes políticas, como coordinar actividades con diputados del Frente Amplio.

Es evidente que estas acusaciones, que son varias, provenientes de distintas personas en diferentes departamentos, demuestran la forma bochornosa en que la ministra Muñoz y su secuaz frentista con la fe de los conversos, Glenda Rondán, directora de los centros MEC, han manejado recursos públicos con fines espurios, netamente proselitistas. Avasallando a funcionarios públicos que no tienen por qué militar en el Frente Amplio para cumplir su función ni incurrir en los actos de corrupción a los que intentaron someterlos las autoridades del Ministerio de Educación, deberán responder ante el Parlamento y seguramente ante la justicia, por sus abusos de autoridad.

En definitiva, es claro por qué la ministra Muñoz quiere hablar de cualquier cosa antes que de su gestión. Es deber de la prensa, del Parlamento y de la Justicia que enfrente sus responsabilidades no solo por haber sido una pésima gobernante sino, fundamentalmente, por haber denigrado la función pública con prácticas repudiables.

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