Editorial

El otro Mundial

El arte no se beneficia de la masividad que logra nuestro principal deporte. Compensando esa carencia, debería haber un Estado activo en su misión de promoción cultural para destacar a quienes dejan en alto nuestro prestigio en el mundo.

Cuando esta columna llegue al lector, la atención del país entero estará centrada en el partido crucial de nuestra selección contra Francia. Cualquiera sea el resultado, no hay duda de que la celeste le hace un gran bien al país, porque lo posiciona en un lugar de destaque y admiración dentro de una actividad de gran popularidad a nivel mundial, y porque lo hace transmitiendo valores positivos de liderazgo, trabajo en equipo y superación.

El fútbol es nuestra expresión cultural por excelencia, la única que despierta masivamente un orgullo nacionalista, a veces algo frívolo, pero siempre necesario para marcar presencia contundente en un mundo ancho y ajeno.

Lo que sería deseable es que la adhesión fanática que despierta, se reprodujera en otros logros culturales que nos enorgullecen a escala global.

El año pasado, dos figuras principales de las artes escénicas uruguayas recibieron premios consagratorios. En mayo, María Noel Riccetto fue distinguida como mejor bailarina en el premio Benois de la Danse, concedido en el Teatro Bolshoi de Moscú. Y en diciembre del mismo año, María José Siri recibió el de mejor soprano en el premio Stella della Lirica, en la Ópera de Hainan, en China. Ambos reconocimientos son definidos como los premios Oscar de la danza y la lírica y colocan a nuestras dos Marías como las mejores artistas del mundo. Pero eso no es todo. En abril de este año, el diseñador teatral Hugo Millán se llevó el premio a mejor escenografía y vestuario en el 20th Hong Kong Dance Award, por su trabajo en "El corsario".

El dramaturgo Sergio Blanco ganó el de mejor espectáculo en los Premios Off West End de Londres y ha recibido seis nominaciones a los premios Max, de España, por su obra "Tebas Land".

Otro de nuestros escritores para la escena, Federico Roca, obtuvo un galardón semejante en el Fuerza Fest de New York, por su pieza "Seis".

En marzo, César Troncoso se hizo con el premio a mejor actor en el Festival de Miami por su interpretación en "Otra historia del mundo", película uruguaya dirigida por Guillermo Casanova.

Hace escasas semanas, el filme nacional "Los modernos", escrito y dirigido por Mauro Sarser y Marcela Matta, recibió el Premio del Público de la muestra internacional Fire de Barcelona. Y el poeta Rafael Courtoisie fue distinguido con un Accésit del concurso internacional Jaime Gil de Biedma, por su "Antología invisible".

Estos son solo algunos de los logros de destacados exponentes de la cultura uruguaya, que tan bien nos representan con su talento en el exterior. Seguramente estamos omitiendo muchos otros e invitamos a los lectores que los compartan con nosotros, porque cada vez que nuestros creadores e intelectuales los alcanzan, es el país entero el que se benefi- cia, aportando su voz a la rica cultura mundial.

Todas estas noticias fueron difundidas oportunamente, claro que con menos destaque que los éxitos futbolísticos, por aquello de que la disponibilidad de espacio y la jerarquización de la información suelen ser directamente proporcionales al interés del lector. Ninguna fue nota de primera plana. En ningún caso salió la gente a festejar ni hizo ondear banderas uruguayas en sus autos. El arte no se beneficia de la masividad que logra nuestro principal deporte. Compensando esa carencia, debería haber un Estado activo en su misión de promoción cultural, que se comunicara un día sí y otro también con la opinión pública, no para publicitar al gobierno con fines electorales, sino para destacar a quienes dejan tan en alto nuestro prestigio en el mundo.

De todos los premios mencionados, el mejor difundido fue el de María Noel Riccetto, no por responsabilidad del Estado sino, paradójicamente, por una oportuna campaña publicitaria de una tarjeta de crédito.

Honrar a nuestros artistas no es solo entregarles alguna medalla en una ceremonia ministerial. Es sobre todo poner los servicios de comunicación del Estado, que son muchos y buenos, al servicio de la difusión de sus obras. Eso que todos los años se hace generosamente con las agrupaciones de carnaval, televisando sus presentaciones completas en el Teatro de Verano, pero que no tiene correlato con producciones artísticas menos pasatistas.

Esta tarde, los uruguayos estaremos festejando un triunfo o lamentando una derrota. Lo importante es que nos unirá una misma pasión colectiva, de nacionalismo sano y espíritu de grupo.

Ojalá algún día el otro Mundial, el del arte y la cultura, nos una con similar orgullo.

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