EDITORIAL

La mujer en su día

En paralelo a los casos relumbrantes, lo medular es en realidad la evolución en las costumbres. Aunque ella siga siendo la gran transmisora de los valores dentro de la familia, cada vez ha sido más aceptado por la sociedad su derecho a realizarse laboralmente.

Hoy 8 de marzo se celebra nuevamente el día dedicado a la mujer. Sin desconocer los múltiples e increíbles avances científicos y tecnológicos ocurridos en el siglo pasado y lo que va del actual, la ampliación del rol de la mujer en la civilización occidental ha sido una transformación removedora para la humanidad. En el correr de 1900 su situación desde el punto de vista de sus derechos jurídicos y sociales, mejoró trascendentalmente respecto de siglos anteriores. Su evolución imparable la ha llevado a penetrar los campos de acción más variados y hasta inverosímiles. El inmenso cambio logrado en favor de las libertades de las mujeres es indiscutible.

Han incursionado desde pilotear bombarderos hasta ser gobernantes de importancia. Tal el caso de la británica Margaret Thatcher, cuya impronta como abanderada del libre mercado y el capitalismo revigorizó a Gran Bretaña, cuya economía languidecía bajo el mandato de los laboristas, además de influir con su pensamiento y actitud, a buena parte del mundo. O la Premier de Israel, Golda Meir, capaz de conducir acertadamente a un país harto complejo, o mujeres paradojales como Indira Gandhi, o Benazir Bhutto, primeras mandatarias en regiones donde justamente la mujer todavía se hallaba mucho más relegada que en Occidente. Sin embargo, en un país de avanzada indiscutible como Estados Unidos, todavía ninguna representante del sexo femenino ha llegado a la Casa Blanca. En la actualidad se destaca la canciller alemana Angela Merkel, quien estará 17 años al frente de su país. En Sudamérica, tres presidentes del sexo femenino compartieron período (más allá de sus perfomances) y en el tradicional Japón, en el mayor grupo financiero, fue elegida una dama para su dirección.

En paralelo a los casos relumbrantes, lo medular es en realidad la evolución producida en las costumbres. Aunque ella siga siendo la gran transmisora de los valores dentro de la familia, cada vez ha sido más aceptado por la sociedad su derecho a realizarse laboralmente, aportando al desarrollo económico y social a partir de los nuevos espacios a los que ha accedido y a la posibilidad de optar por su vocación. Si bien la maternidad es un rasgo central del ser femenino, no siempre es único o excluyente. La nueva realidad provoca otro equilibrio en la distribución del peso doméstico, el que se ha vuelto mucho más compartido aun cuando estos reacomodos familiares sean complejos y sigamos en tiempos de adaptación. La familia al viejo estilo se transforma y va dando lugar a otros tipos de estructura. La mujer occidental, a la que durante tanto tiempo no se le permitía ni estudiar, ni sufragar, (1938 en Uruguay), que no podía disponer de sus bienes y hasta perdía su nacionalidad al casarse, ya no está dispuesta al sometimiento o ser anulada en sus preferencias.

Pero al mismo tiempo, es visible que la mujer debe mayor esfuerzo que el hombre para avanzar en el trabajo y mucho más para alcanzar lugares de poder. Para empezar, suelen lidiar con situaciones que al hombre ni se le plantean, como ocuparse del hogar y de la prole cuando deciden trabajar fuera. A pesar de haber adquirido igualdad de derechos civiles e ingresado de lleno en el espacio laboral, existen todavía grandes injusticias, como la desigualdad de los salarios. Aunque de forma algo embozada, el machismo sigue existiendo más o menos agazapado y no solo en nuestra tierra. Sin obviar que la maternidad plantea diferencias, es cierto que se abusa de su condición femenina y a menudo existe una sutil pero dañina segregación, o expresiones denigrantes como el acoso sexual. Si hoy abundan las denuncias, no es porque antes no existieran los atropellos, pero la mujer solía sufrirlos en silencio. Y otro tanto hay que decir de los femicidios y la violencia doméstica, que en nuestro despoblado y supuestamente civilizado país, alcanzan cifras espeluznantes. Un grave problema que ha salido de la oscuridad, revelador de un bache cultural preocupante que demuestra que la mujer a menudo continúa siendo objeto de maltrato, mayoritariamente por parte del hombre que está a su lado, sea pareja o familiar.

Las mujeres han progresado enormemente en validar sus derechos pero todavía falta. Y las diferencias son abismales según el país, la zona o el continente donde se mire. Por ello es importante no bajar los brazos y que las ONG, las Comisiones y las Conferencias y departamentos de organizaciones internacionales contribuyan en esta lucha. El activismo puede y suele pecar de exagerado, pero en el fondo sirve de aguijón y para terminar con las injusticias. Para terminar con ellas lo básico es la educación, sumada a una gestión eficaz de prevención y castigo al culpable.

Materias pendientes.

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