Editorial

“Mover” la economía

Se suele señalar que la realización de eventos masivos o inversiones en infraestructura tienen la capacidad de generar puestos de trabajo y de ingresos que de otra forma no se hubieran generado. Es un error.

Últimamente algunas propuestas llevadas adelante por distintos niveles de gobierno se han justificado por su potencial capacidad para “mover” la economía. Se entiende que la realización de eventos masivos o inversiones en infraestructura tienen la capacidad de generar puestos de trabajo y de ingresos que de otra forma no se hubieran generado y, por lo tanto, su balance es positivo. Este punto bien merece un análisis más detenido, ya que estamos hablando de cómo gasta el Estado los recursos que le extrae compulsivamente a los contribuyentes.

Pongamos dos ejemplos, uno evidentemente falaz y otro parcialmente mentiroso, que se han justificado con el argumento de que logran “mover” la economía. El primero es la realización el pasado fin de semana del festival Montevideo Rock, organizado por la Intendencia de Montevideo. Dejemos de lado, por el momento, la forma burda en que el intendente Martínez aprovechó el evento para promocionar su candidatura, para ir al fondo del tema.

El festival reúne durante dos días a numerosos músicos nacionales y extranjeros con un precio de 500 pesos por día la entrada. Dado que el costo del evento es superior a lo que se recauda, la Intendencia lo subsidia, no sabemos en qué monto y por qué rubros porque se ha negado sistemáticamente a aportar esa información a la Junta Departamental de Montevideo. Allí es que se arguye que lo que se “invierte” en la organización del evento se devuelve con creces en el “movimiento” que genera en ingresos para músicos, sonidistas, tortafriteros, etc.

El razonamiento tradicional vendría a ser que el gasto no es tal ya que se generan ingresos para una cantidad significativa de personas que más que lo compensa.

El error es bastante evidente y, sin embargo, no se señala con la asiduidad que corresponde. Lo que ocurre es simplemente que se desvían recursos de unos fines y unas personas hacia otras, pero no se genera absolutamente nada nuevo, todo termina siendo consumo, no inversión. Más claro aún, lo que ganan los músicos, los sonidistas o los tortafriteros, lo dejan de ganar otras personas y empresas por lo que se deja de gastar en entradas al cine, boleteros para el fútbol o en choripanes. Dicho de otro modo, nada se pierde, todo se transforma, con el agregado de que al haber sido inducido por una decisión forzosa del gobierno en realidad se están desviando recursos de fines a los que hubieran ido naturalmente hacia otros elegidos a dedo por gobernantes y burócratas. En cualquier caso, la idea de que este tipo de iniciativas ayuda a “mover” la economía es aritméticamente falsa, simplemente lo que se genera se ve y el político de turno saca su rédito mientras que lo que se pierde no se ve y nadie protesta por eso.

Otro caso de actualidad es el del Antel Arena, que por cierto es distinto al anterior. Allí sí hay una inversión que puede conducir al incremento del producto potencial de la economía y, por lo tanto, en teoría podría estar ayudando a “mover” la economía. También vale el razonamiento anterior de que se están desviando recursos de fines resueltos por la sociedad actuando libre y voluntariamente pero, en este caso, se está realizando una inversión con potencial efecto benéfico sobre el conjunto de la economía. Las objeciones a esta forma de mover la economía, por tanto, son otras.

En primer lugar que Antel no debería ocuparse de esto porque se lo impide la Constitución y por sentido común. En segundo lugar por el derroche de recursos que implicó su construcción. Si bien, para variar en este gobierno oscurantista, también se ha negado la información detallada de los costos de construcción del escenario (algo insólito y por demás sospechoso) se habla de que costó el doble de lo proyectado, unos 80 millones de dólares.

De ser este el caso, el sobreprecio pagado es el que hace negativa la inversión, además de haberse resuelto en forma política, vale decir, sin que existiera una demanda que lo justificara o una inversión privada interesada.

El Montevideo Rock o el Antel Arena, más allá de las diferencias señaladas, tienen una característica en común: su fin principal es promover candidaturas políticas. Por eso el Montevideo Rock se hace cuando se hace y por eso el Antel Arena se inauguró sin estar terminado con Cosse como reina del corso.

Sería muy sano para un mejor discernimiento de las decisiones políticas y económicas tener presente que los políticos en realidad no “mueven” la economía, lo hace la gente con su esfuerzo diario, sin cortar cintas y sufriendo a quienes los expolian.

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