EDITORIAL

Montevideo sigue pendiente

Pero si realmente blancos y colorados quieren tener chances reales de generar una alternancia en Montevideo, y también en el gobierno nacional, no es posible seguir prescindiendo de un fuerte involucramiento en la capital.

El notorio enojo ciudadano con la izquierda abre una posibilidad cierta de alternancia en el gobierno nacional con las elecciones del año próximo. Sin embargo, toda esperanza será mera ilusión si los partidos de oposición no se deciden, de una buena vez por todas, a tener mayor protagonismo en Montevideo.

La historia es conocida, pero vale recordar algunas de sus dimensiones claves. Primero, el Frente Amplio ha hecho de la capital su bastión electoral desde 1989. Como en Montevideo, en cifras redondas, vota el 40% del electorado, la izquierda ha logrado prácticamente un piso de votación asegurado de más de un 20%, ya que de acuerdo a varias de las últimas elecciones, más de la mitad de los capitalinos prefieren al Frente Amplio.

Segundo, luego de muchos años de no presentar batalla seria en Montevideo los partidos de oposición decidieron aunar esfuerzos electorales en 2015 y comparecieron bajo un lema común llamado Concertación. Y si bien, redondeando, el Frente Amplio ganó por más de 110.000 votos, también es verdad que ocurrió algo impensado en elecciones anteriores: los municipios CH y E eligieron alcaldes integrantes del Partido Nacional gracias a esa herramienta electoral.

A pesar de este rotundo éxito, que permitió a los blancos en particular mostrarse capaces de gestionar el mundo urbano de la capital, desde 2015 no pasó más nada. Por un lado, a raíz de las derivaciones de la candidatura de Edgardo Novick, muchos dirigentes blancos y colorados han visto con reticencia la posibilidad de reeditar la Concertación para 2020. Por otro lado, sin ninguna figura de destaque en el arco opositor vista como candidato a Intendente por Montevideo, se ha allanado muchísimo la tarea política de Daniel Martínez, al punto de que la visibilidad que le da su cargo le ha servido como trampolín para una probable candidatura presidencial.

No se trata de desmerecer la tarea de los ediles opositores. Pero no es posible hacer recaer sobre ellos, en la principal circunscripción electoral del país, la feroz crítica que la gestión del Frente Amplio merece en Montevideo. Porque es evidente que Martínez sigue sin poder resolver el problema de la basura; porque es notorio que todos los años promete obras que luego no lleva adelante; y porque también es evidente que tenebrosos proyectos del Frente Amplio han terminado en fracasos rotundos. Incluso, en el caso del corredor Garzón por ejemplo, han implicado tener que romper tramos que se habían construido a costa del contribuyente.

Lo asombroso es cómo parece escapar a los partidos opositores la siguiente dimensión del problema electoral de Montevideo: si allí donde vota el 40% de un país no hay protagonismo y visibilidad de un discurso opositor que señale errores de gestión de la izquierda y que a la vez proponga un rumbo alternativo mejor, lo que se pierde no es solamente la posibilidad de alternancia en la Intendencia capitalina. Se pierde también la presencia política, el conocimiento del electorado, y la inserción social y cultural que son sustentos indispensables para triunfar en los comicios nacionales.

Alguien podrá decir que no hay que entreverar ya que una cosa es lo nacional y otra lo departamental. Pero ese razonamiento es un gran error. Primero, porque notoriamente uno de los posibles protagonistas rivales nacionales está, justamente, al mando de la Intendencia de Montevideo. Segundo, porque la propuesta de una mejor gestión para Montevideo abarca más que los problemas de la capital: es una herramienta que da notoriedad a los partidos de oposición y que, sobre todo, les da existencia real y tangible en un amplísimo electorado urbano que, infelizmente, en su barrio casi que solo conoce políticamente a los referentes del Frente Amplio.

Evidentemente, dedicar atención a Montevideo puede resultar ingrato para la oposición, porque en todos estos años la izquierda se ha hecho fuerte al punto de que hay barrios en los que supera el 65% de apoyos electorales. Pero si realmente blancos y colorados quieren tener chances reales de generar una alternancia en Montevideo, y también en el gobierno nacional, no es posible seguir prescindiendo de un fuerte involucramiento en la capital: con instrumentos electorales definidos y acordados, con candidatos a intendente que ganen protagonismo y alcen con vigor sus banderas, y con propuestas que hagan bien visible la alternativa política en el mundo urbano.

Estamos a un año y medio de las elecciones nacionales. Montevideo no puede seguir pendiente. No hay más tiempo que perder. 

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