EDITORIAL

Montevideo merece un cambio

Es llamativo que pese a la constante retórica de los dirigentes del interior sobre el centralismo montevideano y todos los males que eso provoca, casi nadie en realidad se ocupe de Montevideo.

Por estos días resurgió la idea de reflotar el Partido de la Concertación para las elecciones departamentales, en especial para Montevideo, aunque no se descarta para otros departamentos. El partido creado en las elecciones pasadas con la intención de competir en la capital del país en forma coaligada por la oposición dormía el sueño de los justos y resta por ver si podrá reanimarse en tiempo y forma.

La iniciativa de Edgardo Novick, cuando falta poco para que venzan los plazos constitucionales para presentar nuevamente al Partido y cumplir con requisitos legales puso en alerta a la oposición. Cuesta creer la desatención de la oposición con Montevideo. Hoy por hoy no tienen candidatos, no saben como se van a presentar y no demuestran el menor interés por la capital del país, lo que resulta especialmente llamativo si se tiene en cuenta que deberían hacerlo aunque sea porque es la mayor circunscripción electoral del país.

Es comprensible que las baterías estén centradas en la elección nacional de este año, en que el país se juega muchas cosas, pero parte del esfuerzo, aunque sea de algunos dirigentes debería estar en Montevideo. Es llamativo que pese a la constante retórica de los dirigentes del interior sobre el centralismo montevideano y todos los males que eso provoca casi nadie en realidad se ocupe de Montevideo. Si miramos el accionar, incluso de los diputados que fueron electos por los montevideanos, resulta extraordinariamente curiosa la poca atención que le prestan a su electorado.

Suele decirse, y no faltan razones, que los diputados por Montevideo se comportan como si fueran senadores electos a nivel nacional y no por su departamento concreto. Los diputados del interior suelen ser verdaderos representantes de sus electores, presentan propuestas para sus departamentos, pedidos de informes, hablan de las escuelas y las plazas en la media hora previa, entre otras formas de demostrar sus preocupaciones. Los de Montevideo parecen caídos de Melmac.

Quizá el largo letargo en que ha entrado Montevideo bajo los gobiernos del Frente Amplio explique parcialmente esta situación: hasta los dirigentes opositores fueron ganados por el sopor que emana de 18 de julio y Ejido.
La realidad del departamento debería, por el contrario, llamar a la acción opositora. Las últimas intendencias, en particular, han sido desastrosas para la “Muy fiel y reconquistadora...” Póngase, estimado lector la mano en el corazón y pregúntese: ¿está mejor o peor el tránsito en Montevideo? ¿Está mejor o peor la limpieza de la ciudad? ¿Está mejor o peor el clima de convivencia? ¿Está mejor o peor el sistema de transporte colectivo? ¿Está mejor o peor la infraestructura que necesita la ciudad? ¿Están mejor o peor los espacios públicos al norte de Avenida Italia?

Si el estimado lector no se sacó la mano en el corazón habrá llegado nuestra misma conclusión; la realidad es desoladora, no solo no avanzamos en ninguno de estos temas si no que hemos retrocedido.

Un caso es por demás elocuente: hace más de medio siglo que Montevideo tiene las mismas vías importantes de circulación con la misa cantidad de carriles mientras el tránsito creció exponencialmente. Tampoco vino en auxilio del creciente parque automotor el ferrocarril ni el subte, todos proyectos que ni siquiera se han planteada. Nada de nada, ni una mísera obra mejoró el tránsito por las principales arterias de circulación de la ciudad. ¿No rompe los ojos que hay que hacer algo? ¿No es evidente que el Frente Amplio es la resignación con patas y nada va a hacer porque nada hizo en tres décadas de inoperancia y displicencia? Más aún la única obra que se intentó fue el famoso corredor Garzón, el monumento más grande a la inutilidad jamás levantado en nuestro país. Cuesta creer que se puede hacer tan poco y tan mal.

Por eso es por lo que también cuesta creer que la oposición no se ocupe de Montevideo. Los montevideanos estamos huérfanos de líderes, de candidatos con ganas de dedicarnos su tiempo y su esfuerzo. Nadie quiere ser candidato a intendente, casi nadie quiere ser diputado por Montevideo para preocuparse y ocuparse por los temas del departamento. Como si aquí no hubiera “vecinos” o todos vivieran muy bien.

Quizá la iniciativa de Novick de relanzar el Partido de la Concertación sirva para despertar el interés de blancos, colorados, independientes y otros por nuestra abandonada capital. Es una buena herramienta y un homenaje que se merecen sus impulsores entre los que no podemos dejar de recordar a nuestro querido Antonio Mercader.

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