EDITORIAL

Montevideo malquerida

Se decidieron por Di Candia: un ilustre desconocido que en 2014 no alcanzó el apoyo de ni siquiera un quinto del total de los votos que se precisan para ser diputado por Montevideo, y que pasa a ocupar ahora uno de los cargos electivos más importantes del país.

Luego de semanas de indefiniciones, el precandidato presidencial frenteamplista Daniel Martínez decidió renunciar a su cargo de intendente de Montevideo para dedicarse exclusivamente a su campaña electoral. Asume una persona desconocida por la inmensa mayoría de los capitalinos: Christian di Candia.

El Frente Amplio muestra una vez más la poca consideración que tiene hacia la capital del país. Aquella vieja idea, lanzada por el ex -vicepresidente Sendic, de que alcanzaba con poner una heladera de candidato porque la gente afín al Frente Amplio igualmente la votaría, termina por confirmarse una vez más.

En efecto, la gente que votó por Daniel Martínez, y que laudó de esa forma en mayo de 2015 una pujante interna frenteamplista entre esa candidatura y la de Lucía Topolansky, verá cómo, por el arte de los acomodos sectoriales y las suplencias desconocidas, termina ejerciendo el poder en la capital, a lo largo de casi un año y medio (sobre cinco años de mandato total), un dirigente frenteamplista de trayectoria muy menor: Di Candia, con su lista 1642, juntó solo 3.684 votos en total, en Montevideo, en octubre de 2014.

Montevideo termina oficiando así de simple trampolín electoral para Martínez. El actual candidato, favorito de su coalición según varias encuestas, no tuvo ningún destaque en tanto intendente. ¿Qué obra importante se llevó adelante con recursos genuinos de la Intendencia? ¿Cuál fue la mejora contundente en materia de limpieza de la ciudad? ¿Dónde está el tránsito más fluido y seguro en la ciudad, para un parque automotor que siguió creciendo en todos estos años?

Los montevideanos no verán nada de todo esto, porque nada ocurrió: el boleto siguió aumentando pero los servicios de transporte colectivos no mejoraron en nada, por ejemplo, y las magníficas declaraciones sobre grandes reformas que pudieran mejorar el tránsito - en 18 de Julio, a lo largo de Avenida Italia o incluso en su cruce con Centenario -, están pendientes o quedaron en nada.

Tampoco hubo ninguna mejora en el relacionamiento con Adeom, que multiplicó denuncias de malos funcionamientos de servicios esenciales, como el de necrópolis por ejemplo, en donde se le ha faltado el respeto a decenas y decenas de montevideanos por el trato dispensado a sus familiares fallecidos.

Esa es la realidad que deja Martínez. Y se la deja a un desconocido suplente luego de semanas de indecisión que también nos ilustraron sobre el poco respeto que tiene el Frente Amplio por los montevideanos.

En efecto, los conciliábulos indicaban que sería Curutchet, a pesar de su malograda candidatura en la AUF; luego, que podía ser Goyeneche - aquella joven que no aspiraba a nada en política hasta hace tan solo cinco años -, si no perdía por ello su cargo público; y finalmente, se decidieron por di Candia: un ilustre desconocido que en 2014 no alcanzó el apoyo de ni siquiera un quinto del total de los votos que se precisan para ser diputado por Montevideo, y que pasa a ocupar ahora uno de los cargos electivos más importantes del país.

Montevideo es la malquerida del Frente Amplio. La capital es usada por la coalición de izquierdas como seguro de paro de compañeros que son dejados de lado a nivel nacional: pocos ejemplos más elocuentes en este sentido que el de Brenta.

Pero además, asegurados como están de contar con mayorías que los vuelven a votar por aquello de la heladera de Sendic, se permiten estos desplantes ciudadanos sin ningún rubor o arrepentimiento. Gestionan mal Montevideo pero además la usan como botín de reparto de premios para sus dirigentes menores, en base a acuerdos sectoriales que la ciudadanía desconoce.

Estamos en un año electoral clave. Los partidos desafiantes al Frente Amplio ya han dicho que están dispuestos a reflotar la Concertación para Montevideo de forma de proponer a la ciudadanía un cambio cierto y posible en el gobierno de la capital.

En este sentido, una vez pasadas las internas de junio próximo, es muy importante que tanto el candidato blanco como el candidato colorado de la Concertación, que serán quienes coordinen esfuerzos electorales para ganar la Intendencia, ocupen principales lugares de protagonismo político y electoral de forma de hacerse conocer por la ciudadanía de la capital.

Esos dos candidatos tendrán un buen tiempo por delante, entre julio de 2019 y mayo de 2020, para plantar cara a un gobierno sin ningún peso político propio y lleno de dificultades como será, sin ninguna duda, el de di Candia. Urge que los montevideanos tengan una alternativa seria y posible para Montevideo.

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