Editorial

¿Y Montevideo?

El espíritu entre identitario y religioso que caracteriza al votante frenteamplista montevideano, hace que la izquierda se descanse en su tarea de gobierno y que pierda exigencia de calidad.

La mugre esparcida por toda Montevideo es de esas noticias que cualquiera puede apostar se verificarán todos los veranos, y acertará. Forma parte de la desidia y de la mala administración de la Intendencia de Montevideo que hace ya casi tres décadas que está en manos del Frente Amplio.

No hay justificación posible para esta rutina veraniega del relacionamiento entre Adeom y la Intendencia capitalina. Entre otras razones, porque cualquier uruguayo levanta la vista y se da cuenta, por ejemplo, que mientras que eso ocurre en nuestra principal ciudad en tiempos de gran temporada turística, Punta del Este en particular, que forma parte de un departamento gobernado por el Partido Nacional, luce impecable para recibir a quienes toman allí sus vacaciones. Es decir que hay ejemplos claros, en el mismo país, de gran aglomeración de gente y por tanto de gran generación de basura, que se resuelve bien y de mucho mejor modo que lo que logra hacerlo Montevideo.

Hay una explicación sencilla de por qué ocurre esta pésima administración capitalina, que involucra sobre todo al Frente Amplio. En efecto, Montevideo es para la izquierda un bastión electoral muy fuerte. El espíritu entre identitario y religioso que caracteriza al votante frenteamplista más convencido hace que la izquierda se descanse en su tarea de gobierno y que pierda exigencia de calidad: todo se le perdona, todo se le entiende, todo se le justifica por parte de esos votantes-militantes frenteamplistas. Tan es así, que increíblemente muchos en la coalición son capaces de considerar que Daniel Martínez es un buen candidato presidencial porque ha hecho una buena gestión en Montevideo.

Pero esa explicación no basta. Porque si bien es cierto que esa desidia y complacencia frenteamplistas existen, también es verdad que la inmensa mayoría de la población de Montevideo no logra percibir, hace muchos años, una oferta electoral y partidaria alternativa que le devuelva cierta esperanza de que, efectivamente, es posible gobernar mejor la capital.

Hubo sin embargo un intento importante en 2015. Se conformó la Concertación que tuvo un éxito electoral fenomenal que, increíblemente, blancos y colorados de la capital no parecen haber valorado lo suficiente: ganó las elecciones en dos municipios, y sobre todo en el CH que es el más poblado de Montevideo. Empero, a pesar de ese envión electoral y del buen resultado político obtenido, ese plan de coalición partidaria desafiante en la capital ha perdido fuerza en estos años.

El problema es que hasta que no haya un verdadero actor político y electoral desafiante para el Frente Amplio en Montevideo no habrá posibilidades de un mejor gobierno de la capital. Si la gente de izquierda sigue creyendo que pone una heladera de candidato en Montevideo e igual gana, entonces los habitantes de la capital seguirán viviendo entre la mugre en verano (y todas las veces que a Adeom se le ocurra), seguirá sufriendo demoras y malos servicios comunales, y seguirá soportando pésimos y carísimos servicios de transporte.

En Montevideo, el muy malo conocido existe: es el Frente Amplio gobernando. Pero la gente no tiene idea de que pueda existir un muy bueno por conocer, que le permita dar el paso de cambiar de signo partidario de gobierno y encontrar una mejora real de la capital.

Todo esto importa mucho en este año electoral. Porque es en junio, en las elecciones internas de los partidos políticos, que se conforman las convenciones departamentales que serán las que en 2020 decidirán quiénes se presentarán como candidatos a intendentes por los distintos partidos. Si en estos meses previos nadie revitaliza rápidamente la Concertación en Montevideo, ella no podrá ser una opción electoral en las elecciones municipales. ¿Acaso dejando morir en silencio el instrumento de la Concertación, blancos y colorados están de hecho optando por caminos electorales propios y distintos para 2020 en Montevideo?

Es natural que este año electoral privilegie a los candidatos presidenciales que son los más importantes para las opciones de la ciudadanía. Sin embargo, no debe perderse de vista que en Montevideo vota aproximadamente el 40% de la población del país y que importa que allí los partidos desafiantes den la batalla electoral de la mejor forma posible, dando opciones reales de cambio a quienes sufren desde hace décadas el pésimo gobierno de una izquierda desgastada y sin alma.

Más temprano que tarde los dirigentes de los partidos desafiantes deben responder a esta seria pregunta electoral: ¿Y Montevideo?

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