EDITORIAL

¿Y Montevideo para cuándo?

La verdad es que el montevideano no percibe que haya una articulación partidaria o una respuesta política fuerte que fije claramente las responsabilidades de Daniel Martínez en tanta mala gestión y que dejen en claro que es posible emprender un camino diferente.

Poco a poco se van delineando las estrategias y alianzas de los partidos de oposición para enfrentar los desafíos electorales del año próximo. La primera cita de las elecciones internas de junio de 2019 es sustancial porque define qué candidatos presidenciales presentará cada partido para octubre. Sin embargo, algo menos conocido en la opinión pública es que en esa instancia también se eligen las autoridades de los partidos que, luego, definirán quiénes serán los candidatos a intendente de cada colectividad en cada departamento. Es por eso que a pesar de que la elección municipal es en mayo de 2020 y que se trata de la última instancia de todo el ciclo, en realidad ya está muy condicionada justamente por lo que ocurra en las internas, es decir prácticamente un año antes.

El tema es muy relevante para Montevideo. En efecto, en la inmensa mayoría de los departamentos del país hay de hecho una opción municipal muy clara en la que se enfrentan los candidatos a intendente del Frente Amplio contra los del partido fundacional que la gente estima que es capaz de competir mejor contra la izquierda. Así las cosas, en la mayoría de los casos, exceptuando Rivera y quizá también Salto, el Partido Nacional es el preferido en esa competencia. Pero en Montevideo la realidad ha sido distinta.

En mayo de 2015 los partidos fundacionales concurrieron a la elección en la capital conformando un lema que se llamó Concertación y que obtuvo dos resonantes éxitos: por primera vez en más de medio siglo, dos zonas muy pobladas de Montevideo, como son los municipios CH y E, eligieron alcaldes del Partido Nacional, y ello a pesar de que el Frente Amplio ganó la intendencia de Montevideo por más de 110.000 votos de diferencia. La Concertación dio pues resultados concretos y positivos importantes.

Para que ella se presente en la instancia de 2020, se precisa que tenga una comparecencia electoral en las internas, es decir, en junio de 2019. Infelizmente e increíblemente, tanto blancos como colorados no han terminado de evaluar políticamente aún la conveniencia de repetir la estrategia de coaligarse para enfrentar el desafío de intentar ganar la intendencia de Montevideo.

Cada partido opositor podrá presentar una renovada oferta de candidatos presidenciales, podrá hacer hincapié en nuevos temas de campaña o podrá señalar incluso las ventajas de nuevas alianzas y aperturas que intenten seducir a un electorado que efectivamente está desilusionado de la tarea que lleva adelante el Frente Amplio tanto en lo nacional como en lo departamental capitalino. Pero si ninguno de ellos decide claramente cuál es la estrategia y qué candidatos cree que hay que promover para ocupar el sillón de intendente en Montevideo, cualquier iniciativa novedosa se estará en realidad presentando renga ante la ciudadanía.

La clave es asumir de una buena vez por todas que en Montevideo vota el 40% del total de los uruguayos. Si hoy Daniel Martínez está pudiendo ser evaluado por el Frente Amplio como un posible candidato presidencial, es también y sobre todo porque su mala gestión en la capital no ha sido lo suficientemente criticada por los partidos de oposición. Es cierto que se conocen periódicamente los agujeros negros de la intendencia, como por ejemplo los actuales pésimos servicios de necrópolis o el despilfarro de millones de dólares en compra de camiones que terminan pudriéndose discretamente en algún parque de la capital. Pero la verdad es que el montevideano no percibe que haya una articulación partidaria o una respuesta política fuerte que fijen claramente las responsabilidades de Martínez en tanta mala gestión, y que además dejen en claro que es posible emprender un camino diferente para mejorar la calidad de vida en su ciudad.

Esa falta de visibilidad en Montevideo juega muchísimo en contra de los partidos de la oposición también en la instancia nacional, justamente por el peso de la circunscripción capitalina en el total de votantes del país. Es evidente entonces que esos partidos no pueden demorar más una toma de decisiones estratégicas claves: ¿reactivarán la Concertación para Montevideo? Si no lo hacen, ¿dejarán desde ya definidos quiénes serán los abanderados partidarios en la capital que enfrentarán electoralmente al Frente Amplio en 2020?

Ha comenzado el tiempo de los discursos, los protagonismos y las alianzas políticas con ambiciones nacionales. Pero si los partidos de la oposición siguen relegando a Montevideo, sus hándicap electorales serán enormes, tanto para 2019 como para 2020.

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