EDITORIAL

Mitología frenteamplista

La mentira es que la oposición desprestigie a la actual gestión de salud pública. Lo que ha hecho es denunciar distintos episodios de amiguismo y clientelismo, manejo irregular de dineros públicos y mala administración en distintos hospitales del país, entre otros problemas.

Vamos entrando poco a poco en el preámbulo del año electoral y desde ya se puede constatar lo que será la prédica del Frente Amplio (FA), sustentada en las mentiras y medias verdades que conforman su discurso mitológico.

Fue lo que quedó muy claro en su acto del pasado 5 de abril. Allí el presidente del FA expresó que los partidos de oposición “no se preocupan por la salud de la gente, sino que se dedican a desprestigiar a ASSE y al Sistema Nacional Integrado de Salud. No queremos volver a tener una salud pobre para los pobres y rica para los ricos”.

La mentira es que la oposición desprestigie a la actual gestión de salud pública. Por el contrario, lo que ha hecho es denunciar distintos episodios de amiguismo y clientelismo, manejo irregular de dineros públicos y mala administración en distintos hospitales del país, entre otros graves problemas. ¿O acaso no fue el propio presidente Vázquez el que descabezó la dirección política de ASSE, inmediatamente luego de conocerse un acomodo laboral en la secretaría de uno de sus directores?

La media verdad es que haya habido en el pasado una salud pobre para los pobres y otra rica para los ricos. Que hubo menos recursos que ahora para la salud, porque no había tanta disponibilidad presupuestal, es cierto. Y también lo es que con la crisis de 2002 se resintió la calidad de los servicios, y que no todos han sido de igual calidad en todas partes del país. ¿Pero acaso esto no es lo que sigue ocurriendo hoy en día bajo la administración frenteamplista? ¿Acaso no existen contratos y seguros privados muy caros que, justamente, se diferencian del resto por la calidad de sus servicios y porque quienes allí acuden los pueden pagar?

El presidente del FA acusó a la oposición de dar manija en los reclamos de seguridad para “capitalizar el descontento” de la población. También es mentira: las protestas vecinales que ocurren en distintos barrios o que llevan adelante organizaciones sociales o empresariales por causa de la inseguridad que sufren, nunca tienen como protagonistas a los partidos de oposición. Por supuesto, a nivel parlamentario y de opinión pública, blancos, colorados, independientes y partido De la Gente señalan que la gestión del Frente Amplio es mala. ¡Pero bueno sería que no fueran críticos, cuando la realidad muestra los peores resultados de gestión de los que se tenga memoria!

La media verdad es que la oposición quiera “capitalizar el descontento”. Porque la vida política es tensión y divergencia de opiniones, es evidente que frente a una situación de inseguridad tan grave los partidos de oposición pretendan hacerse visibles y plantear soluciones alternativas. Ese es el juego mismo de la democracia: que los ciudadanos sepan que existen posibilidades diferentes al momento de votar, de forma de que el descontento se canalice en una alternancia política en el poder. Nada de malo hay en ello; por el contrario, es la esencia de la democracia pluralista.

Pero el tema más relevante de la mitología frenteamplista fue tratado por uno de sus diputados en ese acto: afirmar que de ganar en 2019 los partidos de la actual oposición, se acabará “el bienestar que hemos creado”. Según la izquierda, el pueblo sufrirá porque “ellos”, es decir los partidos no- Frente Amplio, plantean un “retroceso de los derechos laborales y las políticas sociales”.

Es aquí que la mentira política ocupa el mayor espacio en el discurso frenteamplista. La mejor forma de rebatirla es referirse a los datos estadísticos oficiales del INE: allí, todos los índices sociales evidencian las mejoras que hubo entre la salida de la dictadura y la crisis de 2002.

Así por ejemplo, el índice de salario real (en base 100 para junio de 2008) era de 96 en enero de 1986 y terminó en casi 112 en enero de 2000, y la población situada por debajo de la línea de pobreza, que representaba casi el 46% del total del país en 1986, terminó en 17% en 2000. Por supuesto, luego de estas mejoras sociales y económicas el país sufrió la brutal crisis de 2002. Pero el discurso mitológico del Frente Amplio quiere hacer creer que todo el pasado fue peor, y para ello asimila todo lo ocurrido en los años 90 con las trágicas consecuencias sociales de la crisis económica del período 2001- 2003.

El Frente Amplio miente, dice medias verdades y genera un relato falso de la historia reciente del país. Nada de esto es nuevo, solo que así muestra ahora, cabalmente, la desesperación con la que se apresta a enfrentar el próximo período electoral. Infelizmente, recién empieza.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos

º