EDITORIAL
diario El País

Miente, que algo quedará

Con sorpresa y decepción, asistimos a los primeros spots propagandísticos del Sí a la derogación de 135 artículos de la LUC.

Al verlos y analizarlos, lo primero que nos viene a la mente son dos máximas famosas de la comunicación política: “keep it simple, stupid!” (“Hazlo simple, estúpido”) y “Miente, que algo quedará”.

La primera proviene de la industria aeroespacial: los ingenieros de la NASA generaron esa consigna (cuya sigla es K.I.S.S.) para simplificar al máximo las soluciones tecnológicas que viabilizarían, por ejemplo, el ambicioso Proyecto Apolo. La segunda, erróneamente atribuida a Goebbels y a Lenin, parece provenir de un ignoto consejero de Alejandro Magno.

Las citas vienen a cuento porque, cuando vimos que Fucvam generaba un spot paródico y malicioso contra ese mito que han armado sobre supuestos “desalojos exprés”, creímos que no pasaría de ser un exabrupto de una organización compañera y no representaría el espíritu de la campaña central contra la ley.

Lamentablemente nos equivocamos.

Así nomás, como para arrancar suave, la Comisión Nacional que protagoniza la iniciativa, lanzó un par de spots tan plagados de falsedades, que uno no sabe si reír o asustarse...

En un intento a todas luces desesperado por despartidizar la campaña, no aparece ni un solo dirigente político ni sindical. En ambos spots muestran primeros planos de gente común, mientras la letra de un jingle y la voz de dos locutores inoculan discursos altisonantes y maniqueos.

Empiezan diciendo, de una: “no voy a mentir para sacar un voto más” y “no voy a esconderme atrás del covid ni hacer política con el sufrimiento de la gente”. Las frases son una especie de negación autocumplida; si alguien se ve en la obligación de proclamar “no soy ladrón”, lo más seguro es que la gente decodifique exactamente lo contrario, porque por algo tiene que salir a aclararlo...

También se toman su tiempo en advertir que “no voy a convertir esto en un plebiscito al gobierno” (sic), porque “las leyes pueden debatirse sin que eso signifique ninguna otra cosa”.

Se trata de dos señales que intentan, creemos que infructuosamente, zafar de la evidencia de que esto es, ¡claro que sí!, un intento de perjudicar al gobierno (y con ello, al país), en pro de un reposicionamiento electoral del FA y sus sindicatos amigos, nostálgicos de la época en que coordinaban esfuerzos para fundir empresas públicas.

En el jingle que lanzaron también dicen “digo sí, más allá de ideologías”, en ese intento algo infantil de pescar votos en la pecera de la vasta mayoría nacional que votó a la coalición republicana y mantiene su adhesión al gobierno.

Pero el punto en el que el discurso pro Sí se convierte en surrealista, es cuando se empeñan en exponer por qué los 135 artículos deberían ser derogados. Dicen que la ley “nos retrotrae a los años 90” pero no explican por qué. Postulan el disparate de que promueve una “ley de la selva, donde todos tengamos que salir a comprar armas para actuar en defensa propia”.

Y en el colmo del delirio, advierten con tono dramático que “no voy a dejar que privatices la escuela pública a la que van mis hijos, ni que un político decida más sobre su educación que su maestra”.

Así nomás, como para arrancar suave, la Comisión Nacional que protagoniza la iniciativa, lanzó un par de spots tan plagados de falsedades, que uno no sabe si reír o asustarse...

La verdad es que la respuesta sintética que tuiteó el diputado Felipe Schipani a estas barbaridades, lo dice todo: “No tienen vergüenza”. Una indignación semejante a la que demostró el ministro Pablo Mieres, al preguntarse: “¿esto es en serio?” Y agregar: “Parece que están decididos a quebrar todas las normas éticas y mentir sin límites”.

Por las dudas, de paso agitan todos los cucos que pueden: “los salarios están conectados con el derecho a huelga. Y las huelgas con la represión y la represión con la posibilidad de echarte de tu casa”. Solo falta que asusten a la gente con que el gobierno le va a robar a los hijos para mandarlos a Rusia.

La publicidad es tan maliciosa y racionalmente endeble, que al mismo tiempo en que intenta despartidizar la campaña, apela a un mandato de identificación de clase. Dicen en forma textual: “no voy a disfrazarme de lo que no soy. No voy a olvidarme de dónde vengo ni a quiénes pertenezco”.

Se siguen creyendo la vanguardia de la clase obrera. Siguen profesando el viejo clasismo según el cual “el pluripartidismo es la pluriporquería”, como se sincerara cierta vez su amado Fidel Castro.

Alguien que les explique que, en un país democrático, el ciudadano es libre de votar a quien quiera y no pertenece a nadie más que a su propia conciencia.

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