EDITORIAL

Otra del Mides

El episodio del padre y su hijo sin hogar que fueron rechazados en la puerta de una dependencia del Mides vuelve a evidenciar su inoperancia burocrática, su sectarismo ideológico, y la soberbia agraviante de sus directivos.

No quiero hablar ni con el Mides ni con el INAU, porque cuando precisé realmente me pegaron una patada". La dura declaración pertenece a Gustavo Castellini, un joven uruguayo que atraviesa un complejo momento económico, y que se presentó con su pequeño hijo a un hogar del INAU para conseguir un lugar donde pasar la noche. La respuesta oficial fue tan inhumana, como reveladora de la mentalidad que maneja esa dependencia estatal.

Según el joven padre relató al informativo de Canal 12, el Mides se negó a darle apoyo, ya que no contaría con lugares apropiados para padres con hijos, solo para madres. Realmente una respuesta pobre y difícil de creer para una cartera que en los últimos años ha contado con un presupuesto millonario. Pero a medida que la molestia de la opinión pública ante este caso se fue haciendo más notoria, la reacción de quienes manejan el ministerio fue cambiando... para peor.

El primer paso, como se ha vuelto habitual en estos gobiernos, fue intentar enchastrar a la víctima. Se dijo que se negó a dar sus datos, que el hecho de que no se le haya dado un lugar para dormir tendría que ver con el hecho de que los hogares masculinos no se consideran lugares apropiados para niños. Todas tonterías fácilmente solucionables.

Pero la realidad incómoda seguía allí. El hombre aseguraba que no se negó a aportar ningún dato, ya que estaba desesperado por encontrar un lugar donde dormir con su pequeño hijo. Entonces vino la segunda ola, la del ataque.

La ministra Arismendi salió a los medios a decir que todo era mentira, que el hombre tenía antecedentes por uso de drogas, y que la madre del niño estaría disponible para hacerse cargo del menor. A la vez que volvía a tirar culpas contra el desesperado padre, acusándolo de "exponer" al menor al salir junto con él en un canal de TV.

Lo primero que cabe preguntarle a la ministra es si no tiene un mínimo de decencia, de sensibilidad. ¿Qué es más grave para ese niño, salir en la TV o no tener dónde dormir porque su oficina no le pudo encontrar un refugio para pasar la noche? Lo segundo, es consultarle sobre el nivel de mezquindad que hay que tener en el torrente sanguíneo para intentar ensuciar de esa forma a un padre que está exponiéndose a la mayor humillación con tal de encontrar una solución para su familia.

Hay quien ha relacionado esto con la ideología "de género" que domina en los estamentos del Mides, que haría que no tuvieran la misma preocupación por tratarse de un padre varón. Francamente, parece difícil de aceptar algo tan inhumano, incluso viniendo del Mides.

Lo que parece dejar en evidencia esto es el absoluto desquicio administrativo que domina en esa cartera, donde decenas de programas financiados con el dinero del contribuyente son manejados por ONGs compañeras y personas cuyo mayor mérito es ser ideológicamente próximos al Partido Comunista. Desde hace años que la oposición y cualquiera que siga un poco los derroteros presupuestales de ese ministerio, sabe del descontrol que allí existe, y de la politización descarnada con la que se manejan sus operaciones.

Pero casi peor que eso es el nivel de soberbia y desprecio por la sociedad en general que muestran sus directivos. La ministra Arismendi, la misma que comentaba jocosa que había metido a trabajar allí a un "aspirante" a yerno, sale con tono despectivo a ensuciar a quien debe apoyar, y a burlarse de quienes le financian con sus impuestos sus veleidades de paladín de la beneficencia.

Hay otro argumento que vale la pena señalar. Varios funcionarios oficialistas, y su aparato de respaldo en redes sociales han respondido a las críticas con una de sus típicas volteretas dialécticas. Según la misma, quienes ahora critican al Mides son los mismos que reclaman recortar el gasto público, por lo cual su reclamo sería hipócrita. Todo lo contrario.

Primero porque ningún dirigente opositor de los que reclaman racionalizar el costo del Estado ha dicho nunca que el lugar a afectar sería la asistencia social. Pero, segundo, porque si algo deja en claro todo esto es lo mal que se gasta la plata de todos en un ministerio como ese. Los uruguayos, todos los uruguayos, le damos a la señora Arismendi 300 millones de dólares por año para apoyar a quienes están pasando por un mal momento. Cualquiera que camine por la calle se da cuenta que muy bien su trabajo no lo están haciendo. Y este caso lo pone en blanco sobre negro. En vez de posar soberbia y displicente ante la opinión pública, más valdría que Arismendi se dedicara a explicar qué hace con todos esos recursos que se le aportan.

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