Editorial

El metal y la conspiración

El gremio metalúrgico, ante dos hechos aberrantes y probados que afectan a sus integrantes, apela a denunciar conspiraciones misteriosas de las que no aporta pruebas ni evidencias.

Alo largo de la historia hay una constante que se repite por parte de operadores políticos de ideas marxistas. Cuando sus recetas chocan con la realidad y comienzan a generar el combo de pobreza y violencia de siempre, la culpa nunca es de quienes las imponen, sino de alguna maquiavélica conspiración. Puede ser "la derecha", "la oligarquía", la banca internacional, los países centrales, la CIA, o quien sea.

Algo de esto hay en la situación actual que envuelve al sindicato metalúrgico del Uruguay, cuyos principales dirigentes son a su vez, en abrumadora mayoría, jerarcas del Partido Comunista local.

En los últimos días dos episodios complicados han afectado a este poderoso gremio. Por un lado, el incidente ocurrido en Santa Clara del Olimar, donde un par de operarios de la estación de servicio local, molestos porque se hubiera despedido a uno de sus compañeros por cuestiones de conducta, generaron un incidente que terminó con buena parte del pueblo alzado y reclamando la "liberación" de la estación. Vale señalar que se trataba de un fin de semana clave para la economía del pueblo, y la acción de los trabajadores impedía que nadie pudiera cargar nafta.

Por motivos que nadie puede imaginar, los empleados de estaciones de servicio, igual que los de los peajes y otros cuya única exposición al metal debe ser en los casos que son seguidores de ese tipo de rock pesado, son parte del sindicato metalúrgico. Y como reacción al episodio, el gremio envió una delegación de decenas de activistas al pueblo en busca de revancha, pero solo encontraron puertas y comercio cerrados, y el clima hostil de una gente cansada de la prepotencia y el fanatismo ideológico.

El segundo hecho ocurrió en otra estación de servicio, cuyos videos de seguridad revelaron un episodio bochornoso de abuso racial contra una persona con discapacidad intelectual. Entre los "protagonistas" de este video, remitido a la Justicia por el dueño de la estación, estaba un dirigente sindical de la Untmra, que fue procesado por estos hechos aberrantes.

Pues bien, ¿cuál fue la reacción del sindicato ante estos episodios tristes y alarmantes? Lejos de la natural y humana de pedir disculpas y reevaluar algunas acciones, el gremio emitió un comunicado donde dice que todos es parte de una conspiración fabulosa, protagonizada por el Partido Nacional y el movimiento Un Solo Uruguay, ese que organiza los reclamos del sector agropecuario contra el gobierno. ¿Las evidencias de semejante operación de contrainteligencia? Que el senador suplente blanco Sebastián da Silva habría dicho que ha colaborado para algún evento de Un solo Uruguay. Y que la patronal de las estaciones de servicio, sugirió al dueño de la que fue escenario del aberrante hecho de acoso, que se denunciara lo sucedido a la Justicia.

Sobre lo primero, acusar al Partido Nacional de ser el financista de Un solo Uruguay es tan ridículo como imposible. En un país donde para mover 200 dólares poco menos hay que hacerse una colonoscopía, eso es facilísimo de desmentir. Y el senador suplente Da Silva es un notorio empresario agropecuario, por lo cual no tiene nada de extraño que tenga vínculos con un movimiento que surge desde esa rama de actividad.

Lo segundo es todavía más ridículo. ¿Qué otro camino le queda al propietario de una empresa donde un video de seguridad muestra un hecho como ese? ¿No denunciar? ¿Ser cómplice de semejante barbarie? Y sobre la recomendación de la gremial de estacioneros, ¿para qué existiría una gremial si no es para asesorar a sus miembros en un evento como ese?

Como se ve, se trata de denuncias sin pruebas y sin sentido. Como siempre, la obsesión de gente que se cree parte de un estamento iluminado que tiene la receta mágica para resolver todos los problemas humanos, aunque una y otra vez esa receta solo haya probado ser eficiente en dividir y empobrecer a las sociedades donde se aplica.

Y sin embargo, lejos de que eso opere como un medicamento contra la soberbia, la prepotencia, y el fanatismo violento de quienes las impulsan, nuevamente debemos padecer las consecuencias de tales impulsos. ¿Qué fueron a buscar dos buses de activistas metalúrgicos a un pueblo pacífico y tranquilo como Santa Clara? ¿Qué reacción esperaban de una población que veía que su zafra económica era paralizada por cuatro gremialistas prepotentes que no dejaban a nadie hacer uso de la única estación en kilómetros por una "asamblea"?

Pero claro. Todo es parte de una conspiración. No sea cosa de tener que pensar que tal vez, por una vez, el error pueda ser de ellos.

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