EDITORIAL

Mentiras frenteamplistas

Cuando comience la campaña electoral se acumularán todas estas mentiras frenteamplistas. Guarde este editorial y podrá contradecirlas con datos inapelables de la realidad.

Se acercan los tiempos electorales y es seguro que con la desesperación por la posibilidad cierta de perder el poder en 2020, la propaganda izquierdista apelará al recurso de la falsedad y la media verdad como herramienta proselitista. Aquí algunos ejemplos de mentiras que muy probablemente se escuchen de parte del Frente Amplio y de parte de sus compañeros de ruta politólogos, esos que se hacen pasar por objetivos pero que en realidad están enteramente alineados con el partido de gobierno.

La primera mentira es que los gobiernos frenteamplistas bajaron la pobreza como nunca antes en el país, sobre todo comparado con el gobierno del Partido Nacional (1990- 1995). Se dirá que la izquierda alcanzó el poder con cerca del 40% de población por debajo de la línea de pobreza y que hoy ese guarismo es menor al 10%.

Esos porcentajes provienen del Instituto Nacional de Estadística (INE) y son ciertos. Sin embargo, el país ya vivió antes de la era frenteamplista fuertes procesos de baja de la pobreza: entre 1986 y 1994, ella pasó del 46% al 15% del total de la población. En particular, el gobierno del Partido Nacional fue muy exitoso en ese sentido: según el mismo INE, la bajó a la mitad en 4 años, ya que pasó del 30% al 15%. No es verdad por tanto que entre 1985 y 2000 la pobreza aumentó; ni tampoco es verdad que el gobierno blanco no se ocupó de políticas sociales que disminuyeran drásticamente la pobreza.

La segunda mentira dirá que nunca hubo tan pocos indigentes como hoy en día: solo 0,2% de la población total del país. El problema aquí es que como la fuente de información es el INE, nadie se atreve a contradecir esa cifra disparatadamente baja. Sin embargo, la verdad es muy diferente.

Por un lado, está el simple sentido común de ver a centenares de personas viviendo en la pobreza más extrema sobre todo en las calles de Montevideo. Por otro lado, están los datos de algunas dependencias del Estado que muestran que en estos últimos años ha aumentado la asistencia en alimentos en todo el país a personas necesitadas y que, por tanto, viven en la más absoluta pobreza. Finalmente, la cifra que desenmascara esta mentira oficialista es el monto de dinero a partir del cual el INE considera que alguien deja de ser considerado indigente: alcanza con que en agosto pasado haya percibido un ingreso mayor a $3.415 en el mes. Por todo esto es ridículo afirmar que nunca hubo tan pocos indigentes como actualmente, gracias a los gobiernos de izquierda.

La tercera mentira refiere a que Uruguay volvió a ser un país de oportunidades y que recibe hoy, igual que en sus mejores épocas, una fuerte inmigración extranjera. En estos años hemos recibido migración internacional, pero son solo algunos miles de personas y sobre todo oriundas de Venezuela, que es un país sometido a una feroz dictadura y del cual han emigrado millones de ciudadanos a todo el continente americano.

Pero la verdad de los datos es que en la década de mayor bonanza de la que se tenga memoria, entre 2006 y 2015, el saldo migratorio internacional fue negativo en más de 50.000 uruguayos. En estos años de gobiernos frenteamplistas han emigrado más uruguayos que los extranjeros que han llegado al país, y esos uruguayos son más jóvenes y mejor formados que los que se quedaron aquí. Además, en este primer semestre de 2018 fueron más las remesas internacionales que recibimos que las que se enviaron desde Uruguay al extranjero: 69 millones de dólares contra 58 millones. Así que de ninguna manera un país con este perfil puede ser considerado un país que brinda oportunidades generosas para que su gente progrese.

Finalmente, otra gran mentira de esta campaña electoral será que Uruguay ha alcanzado su mayor bienestar comparativo en el mundo, en estos años de Frente Amplio en el poder, que ese nivel de desarrollo es mucho más alto que el de los años de gobierno del Partido Nacional.

Hay un dato bien importante que desmiente esa afirmación: el respetado índice de desarrollo humano (IDH), que evalúa la salud, la educación y el nivel de vida de la población. En 1990 Uruguay se ubicaba en el lugar 52 en el mundo en IDH; y en 1994, hacia el final del gobierno blanco, en el puesto 45. En 2017, el IDH uruguayo se situó comparativamente por debajo de esos lugares, en el puesto 55. Y entre 2012 y 2017, solo mejoró un lugar ,en este ranking internacional.

Cuando comience la campaña electoral se acumularán todas estas mentiras frenteamplistas. Guarde este editorial y podrá contradecirlas con datos inapelables de la realidad.

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