EDITORIAL
diario El País

La mentira tiene pata corta

Recién parece confirmado que va a haber referéndum.

Y, sin embargo, el tono destemplado y virulento que la oposición viene planteando ya desde hace semanas de cara a una posible campaña para derogar la Ley de Urgente Consideración, podría llevar a un testigo a creer que el país está en una encrucijada de caminos histórica. Y, de hecho, lo está. Pero no por los motivos que los opositores pretenden.

Si usted lee la prensa de estos días, las salidas de los dirigentes opositores no conocen de medias tintas. La ley de Urgente Consideración, “no es Uruguay”, va a “privatizar” la educación pública, está habilitando el “gatillo fácil”, y sería la culpable de la subida de los combustibles. Claro que cuando los combustibles no suben, la culpa también es del gobierno, que no aplica la LUC.

Lo primero que cabe hacer ante esta ofensiva desmelenada y virulenta de la oposición, es mantener la calma. La sociedad uruguaya, como lo muestra cada encuesta, apoya masivamente al gobierno, y no está para nada en la tesitura que plantea el Frente Amplio y su ala sindical. Lo peor que puede hacer el gobierno, y quienes piensan que la LUC ha sido positiva, es ingresar en ese campo de batalla sucio y escandaloso. Como dice el dicho, usted no entra al barro a pelear con un cerdo, ya que ambos terminan embarrados, con la diferencia de que el cerdo juega de locatario.

Hay un elemento claro, que cualquier uruguayo comprende cuando se le plantea el debate de la forma que lo plantea la oposición: la LUC está vigente hace más de un año, y salvo a una cantidad de delincuentes que están presos gracias a ello, a nadie honesto le ha cambiado la vida de forma muy dramática.

Un segundo aspecto importante para quienes buscan defender esta ley que fue el corazón del programa de gobierno con el que esta coalición republicana ganó las elecciones, es hablar con datos concretos. Es tan falaz, tan absurda, tan histérica, la campaña de mentiras que ha lanzado la oposición en esta materia, que una explicación calma de los hechos concretos, sin necesidad de adjetivos o agravios, es suficiente como para dejar en evidencia las intenciones aviesas de quienes la enfrentan de esta manera destructiva.

Un tercer elemento que este debate debe dejar en claro, es cuáles son los instrumentos de metapolítica que usa la oposición para marcar la agenda política. Desde hace tiempo, el Frente Amplio apela de manera más o menos velada a los sindicatos, a muchas ONG e instituciones supuestamente independientes, (además de muchos periodistas compañeros), para imponer un consenso manipulado de lo que está bien y está mal en la sociedad uruguaya. La discusión sobre la LUC es una oportunidad dorada (como fue la pandemia) de dejar en claro qué busca y para quién juega cada uno que toma postura ante este tema.

Para ello es clave que las figuras de la coalición de gobierno, pero también los periodistas e instituciones genuinamente independientes y a quienes preocupa la calidad de la democracia en Uruguay, marquen muy claro quién miente, quién enturbia las discusiones, y quién no respeta los códigos básicos de la democracia. Este puede ser uno de los mojones centrales a futuro de este debate.

El debate sobre la LUC es una oportunidad de oro para que el gobierno se asiente en el centro del espectro político y asuma la voz del sentido común y la racionalidad.

Pero más allá de estos aspectos, hay algunos otros que llevarán a que esta discusión, como viene siendo planteada por la oposición, tenga impacto sedimentario a futuro en el país.

El Frente Amplio ha optado por dejar que la voz cantante de este debate sea llevada por sus satélites más agresivos, los que tienen peor imagen pública, y quienes muestran menos convicción en sus valores democráticos. Desde el gremio Fenapes, hasta la llamada “intersocial feminista”, hablamos de focos de opinión que no representan más que a nichos fanatizados de la opinión pública. Si un partido como el Frente Amplio opta libremente por dejar que esa gente asuma su vocería, allá ellos. Pero claramente es una oportunidad de oro para que el gobierno se asiente en el centro del espectro político, y asuma la voz del sentido común y la racionalidad.

Un eventual referéndum por la LUC tendría lugar, con suerte, a finales del mes de marzo, y es mucho lo que puede pasar antes de que ocurra. Pero como están dadas las cosas hoy, lejos de ser una amenaza, es una oportunidad para que el gobierno asiente su programa y gane todavía más legitimidad popular para profundizar en las reformas que el país precisa. Como ya se ve, no será una camino fácil, porque la oposición no parece tener límites ni vergüenza a la hora de ensuciar el debate.

El pueblo uruguayo sabrá poner las cosas en su sitio.

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