Editorial

Más y mejor Silicon Valley

La propuesta del intendente Martínez de montar un “Silicon Valley” en la terminal de AFE ha revelado una cantidad de cosas graves sobre la deriva política del oficialismo.

El intendente Martínez no está pasando un buen verano. La ciudad que prometió limpiar hace cuatro años lleva meses tapada de basura, su conflicto con el gremio Adeom no parece ir para ningún lado, y encima lo que parecía un camino cómodo a la candidatura del Frente Amplio se le ha complicado con una rival como Carolina Cosse que se le ha puesto sorpresivamente a tiro. Tal vez esa desesperación lo haya llevado a lanzar la propuesta más delirante en muchos años.

Martínez anunció por estos días que presentó al gobierno una propuesta para reformar la Estación Central de AFE y convertirla en un polo tecnológico al estilo de Silicon Valley. El proyecto buscaría crear “un espacio abierto que fomente la innovación y donde empresas tecnológicas de nivel mundial compartan lugar con emprendedores locales y agencias nacionales”. Además, contaría con el infaltable espacio de “cowork”, idea que se ha convertido en el videoclub o el club de “paddle” de estos días. También se sumarían propuestas gastronómicas, artísticas habitacionales...

La idea no se puede decir que sea mala en sí misma. Pero cuenta con varios errores de concepto centrales, y la repercusión que ha tenido en su propio partido revela mucho sobre el clima de fraternidad interno que existe hoy en el oficialismo.

Empecemos por la propuesta en sí. Silicon Valley es un enclave en el norte de California, cerca de San Francisco, que ha sido el epítome de la explosión del negocio tecnológico. Se encuentran allí empresas clave como Facebook, Google, Apple, Cisco. Además de centros educativos desde la Universidad de Stanford, hasta la polémica Singularity University. Se trata de un imán laboral que ha atraído allí a los cerebros más avanzados y capitales más ambiciosos del planeta, en busca de innovación y desarrollo de nuevas ideas.

Desde ya que Silicon Valley no fue la idea de ningún burócrata. Nació y se desarrolló allí por una conjunción de motivos entre los que se cuentan un país con las mejores universidades de mundo, y talentos disponibles, el clima y la mística del norte de California, una nación con mercado de capitales fluido y gente muy emprendedora, y regulaciones laxas que facilitan experimentar y la innovación.

Nada de esto existe hoy en Uruguay. Ni mercado de capitales, ni masa crítica de profesionales en el área; hay exceso de regulación y hay muy pocos alicientes para atraer talentos de la magnitud que se necesitarían. En general a esa gente no le gusta que los rapiñen ni caminar entre la basura. Como decía alguien estos días, la propuesta tiene mucho en común con la “taxificación” de Uber lanzada por la propia administración Martínez, que ha eliminado todas las ventajas del sistema, y revela una incapacidad estructural para comprender las lógicas del sistema económico actual.

Más allá de que muchos países, con más recursos y condiciones para generar un polo así, lo han intentado por décadas, sin ningún resultado palpable.

Casi tan interesante como comprobar el divorcio de Martínez con el mundo actual, ha sido la reacción de sus propio partido. Primero, la página web de Presidencia se mandó un durísimo desmentido al diario El Observador que comunicó la noticia, afirmando que Martínez nunca había hablado de eso con el Presidente. Parece claro que el desmentido era más contra el candidato favorito de su propio partido, que al medio.

Luego salió el ministro Víctor Rossi, a desestimar la idea, afirmando que “yo tengo los pies en la tierra, no en el aire”. Tal vez una revanchita por la postura ambigua de Martínez frente al plan de la terminal de Buquebus en el dique Mauá, pero que deja al candidato muy mal parado. Y para completar, la rival directa de Martínez, Carolina Cosse, que ha hecho de estos temas de tecnología e innovación su tema central, terminó por hundir al intendente afirmando algo que parece obvio: “la clave no es un lugar físico, es que estén dadas las condiciones”. Y que “si hubiera que pensar en Montevideo, el lugar ya lo tenemos: es el Latu”.

Esto deja en claro que la propuesta de Martínez no es más que un saludo a la bandera, un “cocktail” electoral donde se mezclan una cantidad de ideas lindas, sabiendo bien que no van a llegar a ningún lado. Pero también revela una cosa, y es la pugna feroz que existe a la interna del oficialismo. Hace unos días, el presidente del FA, Javier Miranda, afirmó en un acto que su partido es el único que tiene un programa común, y el único que puede organizar un acto donde participan los cuatro precandidatos. Por lo visto, ese clima de armonía y amor fraterno está lejos de ser tan acaramelado como lo pinta Miranda.

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