Editorial

Meditaciones de un camarada

El secretario general del Partido Comunista de Uruguay (PCU), Eduardo Lorier, publicó un editorial en el semanario El Popular que merece comentarse no por la calidad de su contenido sino porque revela un estado de confusión mental que es preciso combatir para evitar su contagio entre desprevenidos e incautos.

Y además porque proviene de la primera figura de un partido que con unas decenas de miles de votos ejerce una influencia desmedida en el gobierno del Frente Amplio, en el Pit-Cnt y en ciertos sindicatos como, por ejemplo, la educación.

De partida el ex senador entona el consabido sonsonete de la lucha de clases y anticipa el triunfo de "aquella clase llamada a alumbrar la verdadera historia de la humanidad" que es, faltaría más, la clase obrera. Fiel al decálogo marxista asegura que "es posible terminar con la herencia de la sociedad burguesa", aunque no indica ni como ni cuando coronará ese eterno anhelo comunista de hundir en el barro al "imperio burgués", tal como se canta en La Internacional, el himno de su partido.

Es admirable el esfuerzo de Lorier por conjugar el "carácter subrayadamente nacional" del PCU con su "consecuente internacionalismo", una tarea titánica que emprende con una retórica vacua y totalmente contradictoria. Atar esa dos moscas del rabo le resulta imposible a quien hoy dirige un partido que en tiempos del apogeo comunista encarnado por la Unión Soviética demostró una obediencia servil a las consignas de Moscú. Tanto fue así que sobran documentos que resaltan la ortodoxia de los comunistas uruguayos capaces de silenciar las purgas asesinas del admirado camarada Stalin como de aplaudir barbaridades como la invasión a Checoslovaquia.

Tan denodado es su afán por explicar lo inexplicable que Lorier llega a trabucar (él o los correctores) una de las frases más contundentes de su editorial. "Fuimos y somos un partido revolucionario y hemos luchado y militado por alumbrar un camino para la revolución, concebida esta como una etapa histórica de la humildad..."(?). ¿Una revolución basada en la humildad? ¿Habrá querido decir la humanidad o será, por fin, el comienzo de la autocrítica que el PCU adeuda desde hace tanto tiempo a sus afiliados? Lo más probable es que embarullado en sus contrasentidos tocó la tecla equivocada.

No faltan en el texto expresiones tan típicas como "vanguardia", "revisionismo", "sectarismo", "oportunismo", "desviaciones", "doctrinarismo" o "movilización de masas", marcas de fábrica con las cuales su autor pretende emular la jerga de sus antecesores. Tampoco escasean las alusiones a "la crisis crónica del capitalismo" y apocalípticos anuncios sobre el final de ese sistema que, tarde o temprano, caerá en medio de la lucha de clases de la cual surgirá triunfante el proletariado al estilo de los venerados Soviets. Una lucha que, al decir de Lorier, "reviste especial intensidad en América Latina, el lugar donde más se ha desarrollado la construcción alternativa de espacios de soberanía e independencia".

Y ahora, ajustarse los cinturones ante el mensaje central del líder del comunismo uruguayo. "La ofensiva desestabilizadora del imperialismo es dura e intensa. Lo vemos en Brasil, en Venezuela, en Ecuador, en Argentina, en Bolivia, en todo el horizonte latinoamericano". Se sabe que para Lorier imperialismo equivale a Estados Unidos por lo que hubiera convenido que en su copioso editorial explicara cómo incide la pérfida Casa Blanca en la actual crisis brasileña, por citar un ejemplo. Para esos países, reclama la solidaridad de todos añadiendo a Cuba a la lista en un desesperado intento por ignorar que últimamente los cubanos están a partir confites con los estadounidenses.

En fin, que Lorier no predica su evangelio sólo para América Latina sino que aspira a más. Veamos: "El planeta entero se enfrenta a enormes desafíos. En todos lados lo viejo, ya pasado de maduro (sin alusiones al camarada Nicolás, suponemos) se pudre, pero lo nuevo todavía no aparece". ¿Qué propone el secretario general del PCU para el planeta Tierra? "Nuevas relaciones de producción democrático-avanzadas rumbo al socialismo", sentencia. Así de original y clara es su propuesta planetaria.

Mientras se aguarda un nuevo editorial que eche luz sobre estas expresiones y disipe las perplejidades de los lectores (en particular lo de "democrático-avanzado"que suena a perimido lema electoral) el escuálido espesor de los conceptos de Lorier debería llamar a reflexión a quienes se proclaman comunistas y están condenados a soportar sus dislates.

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