Editorial

Nos están matando

Desde el oficialismo se intenta entreverar el asunto arguyendo que la violencia aumenta en todo el mundo, que es una consecuencia del narcotráfico internacional o de que es un problema entre bandas de delincuentes que no afecta a la mayoría de la población.

Nuevos casos de asesinatos en los últimos días han sacudido a la sociedad uruguaya, que no se acostumbra (y no debe acostumbrarse) a convivir con la muerte cotidiana de familiares, amigos y vecinos. Si bien la gestión del Ministerio del Interior de todos los gobiernos del Frente Amplio fue penosa, este año 2018 romperá todos los récords, en una situación que notoriamente está fuera de control y para la que las autoridades no tienen respuesta.

El asesinato del joven Mateo Urtiaga en el Prado o el del policía Adrián Fordigin en el barrio Conciliación son solo dos ejemplos recientes de la creciente violencia que sufre nuestro país ante la pasividad de las autoridades. La manifestación en el Prado por la muerte de Mateo culminó frente a la residencia del presidente Tabaré Vázquez sin ningún tipo de respuesta, como es habitual. Más importante aún, sin embargo, es la falta de respuesta institucional desde el Ministerio de Interior, que no presenta medidas efectivas siquiera para evitar que la cantidad de delitos se siga disparando.

Desde el oficialismo se intenta entreverar el asunto arguyendo que la violencia aumenta en todo el mundo, que es una consecuencia del narcotráfico internacional o de que es un problema entre bandas de delincuentes que no afecta a la mayoría de la población. Todo lo anterior, por supuesto, es falso y solo es un burdo intento de cubrir de mala manera el estrepitoso fracaso del gobierno en una de sus tareas más elementales que es proteger a los ciudadanos.

Algunos datos son suficientes para comprobar las mentiras del comentarista de la realidad (que no Ministro del Interior) que es Eduardo Bonomi. En primer lugar, la tasa de homicidios viene disminuyendo en el mundo en las últimas décadas. El experto en seguridad Guillermo Maciel, en una columna publicada en El País el sábado pasado, aporta esta información elocuente: mientras que en los últimos 30 años la tasa de homicidios en EE.UU. disminuyó desde 8,5 cada 100.000 habitantes a 5,3, en el mismo período en Uruguay la tasa de homicidios aumentó desde 4,6 cada 100.000 habitantes hasta 8,3. También se puede verificar en el mismo período de tiempo que la tasa de homicidios a nivel mundial viene descendiendo, lo mismo que el promedio en nuestro continente. Sin embargo, la tendencia en Uruguay, en especial en estos últimos 15 años, es exactamente la opuesta y partiendo desde una situación mucho más favorables que otros países del continente hoy estamos en una situación similar.

La novedad del narcotráfico no es una característica distintiva del Uruguay, existe en todos los países y, sin embargo, la gran mayoría ha logrado irlo controlando y a partir de allí disminuir todos los delitos y en especial los homicidios. En definitiva, como siempre para Bonomi y su equipo es simplemente una excusa.

Vayamos entonces al fondo del asunto. El Frente Amplio, en este tema co- mo en casi todos, lo que nos propone es que nos resignemos a estar cada día peor y no quejarnos. Hay algunos pun-tos elementales que servirían, si existie-ra voluntad, para mejorar la seguridad pública.

El primero es respaldar a los policías en vez de justificar a los delincuentes. Hace poco, cuando en Chile murió un carabinero en funciones el presidente Piñera fue al sepelio y cargó su féretro. En Uruguay cuando muere un policía (y ya van 4 en lo que va del año) sus familiares y compañeros ni siquiera reciben las condolencias del presidente o del ministro en una actitud deplorable.

Un segundo punto es la instrumentación de un plan efectivo, —que evidentemente no es el famoso PADO, que sirve para vestir un santo desvistiendo otro, vale decir, saturando de policías algún área desprotegiendo otras. En tercer lugar, un plan coordinado, que hasta el momento no ha existido, con otros ministerios para realizar acciones conjuntas en términos educativos y sociales que impliquen un abordaje integral del asunto. En cuarto lugar, se requiere un aumento exponencial de la probabilidad de que los delincuentes sean atrapados. Hoy por hoy la posibilidad de quedar impune, lo que ocurre en la mayoría de los casos, actúa como un incentivo formidable al delito.

El gobierno ha demostrado una inutilidad pasmosa para contener el avance de la violencia en nuestro país, lo que afecta brutalmente nuestra calidad de vida. Además, ha demostrado una falta absoluta de empatía por las víctimas y sus familias en una muestra de insensibilidad vergonzosa. La situación no da para más, nos están matando y el gobierno mira para otro lado.

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