EDITORIAL

Martínez nos toma el pelo

No se le prestó la debida atención porque en campaña electoral siempre se suceden muchos temas candentes. Sin embargo, las declaraciones del candidato Martínez con relación a su riqueza patrimonial es la muestra más evidente de cómo la izquierda le toma el pelo a la opinión pública.

Martínez trabajó desde 1979 hasta 1992 como funcionario público en un ministerio y luego en Ancap. A partir de allí, según su currículum público, trabajó en distintas empresas, y en tanto profesional independiente participó en “importante número de proyectos y direcciones de obra”, además de asesorar, entre otros, a la Intendencia de Montevideo. En 2005, con 48 años, volvió directamente a la función pública en altos cargos jerárquicos, todos con muy buen salario: presidente de Ancap, ministro de Industrias, senador de la República y finalmente Intendente de Montevideo.

En concreto entonces, en los 40 años que van de 1979 a 2019, Martínez se desempeñó en el área privada, y no de forma enteramente exclusiva ya que asesoró a instituciones públicas, solamente durante 12 años.

Martínez ha dicho que ese pasaje por la vida empresarial privada le reportó dineros “cinco veces” superiores a lo que podía llegar a ganar en tanto jerarca público, pero que igualmente optó por ese camino político sacrificando así sus ingresos familiares. Y también ha dicho que esos años de actividad privada le fueron de tanto éxito que le permitieron acumular capital como para justificar, sin inconvenientes, su patrimonio actual, que él mismo ha tasado en más de un millón y medio de dólares.

En cifras redondas y a enero de 2019, el ministro de Industria recibe una remuneración de $254.000; el intendente de Montevideo, un nominal de $216.000; y el salario del presidente de Ancap de 2005 no era muy distinto, en rango actualizado, a los otros dos cargos ejecutivos que ocupó Martínez entre 2005 y 2019. Quiere decir entonces que, si realmente fuera cierto lo que afirma Martínez, sus ingresos en tiempos de dedicarse a su actividad privada debían de ser, actualizados y redondeados, al menos de un millón de pesos (“cinco veces” más) al mes, es decir, más de 27.000 dólares por mes.

Sinceramente, hay un momento en el que las mentiras que se declaran son tan gigantes que pasan por ser, simplemente, una tomadura de pelo a la gente. Porque hay que dejar las cosas bien claras: jamás se criticará aquí el enriquecimiento que surge del esfuerzo individual, del emprendimiento y del mayor sacrificio. ¡Bienvenido el premio al mayor trabajo! Y es legítimo también que por dedicarse a la actividad pública en décadas de servicio, una persona adquiera ahorros sustanciales, más si le suma una situación histórica familiar económicamente holgada, como es el caso de Martínez.

Lo que no es legítimo, empero, es que esa persona, candidato del Frente Amplio que quiere representar al pueblo frente a la oligarquía, nos quiera hacer creer que obtuvo ingresos de ciencia ficción, o que vivió éxitos del mundo privado que no corresponden a la inmensa mayoría del país. Y que nos diga que ese cuento de Walt Disney es el origen de su capital, cuyo monto es más propio de la oligarquía que Villar critica que del pueblo que él pretende representar.

La verdad es que el itinerario de Martínez dice mucho del verdadero Uruguay. Los salarios enormes que paga la función pública jerárquica no se encuentran fácilmente en el mundo de las empresas privadas, y es gracias a esas posiciones tan privilegiadas que gente como Martínez logra hacer fortuna personal en el tiempo que ocupa su cargo público.

Por cierto, en el caso de Martínez, además, su señora Laura Motta fue directora del Codicen entre 2008 y 2019: un cargo de remuneración al día de hoy de unos $124.000 al mes. ¿Cuántos son los matrimonios en el Uruguay que perciben en conjunto cerca de 10.000 dólares por mes por ingresos de sus salarios? Muy pocos. Y alcanza con prestar atención a los estudios de DGI con relación al pago de IRFP, por ejemplo, para darse cuenta de que integran las franjas más altas de contribuciones, es decir, que forman parte de los más ricos de nuestra sociedad.

Ni Martínez ganaba cinco veces más como profesional independiente de lo que luego ganó como alto jerarca de gobiernos frenteamplistas, ni hizo su fortuna en los pocos años que dedicó al trabajo en el mundo privado. Infelizmente, ese tipo de declaraciones solo muestran una voluntad de ocultar la realidad de un enriquecimiento logrado de manera diferente. Martínez le toma así el pelo a la opinión pública.






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