EDITORIAL

Martínez de paseo

El candidato sale ahora de paseo y comenta la situación tan dramática, como si él fuera argentino o japonés y no tuviera nada que ver con nada, y suponiendo entonces que la gente es tonta y le va a creer que él no tiene responsabilidad alguna.

Uno de los problemas que más se agravaron en estos últimos años de gestión del gobierno del Frente Amplio fue la inseguridad. Pero en plena campaña electoral, el candidato Daniel Martínez intenta esquivar cualquier responsabilidad.

El mecanismo es conocido y ha sido muy aplicado por distintas autoridades de gobiernos frenteamplistas a lo largo de estos casi quince años. Resulta que ante la mala situación que se vive y que obedece a la responsabilidad de una mala gestión del FA, el dirigente izquierdista comenta la situación, pone cara de circunstancia, se horroriza incluso frente a las derivaciones más graves, describe todo lo que está mal, y termina anunciando que hará tal o cual cosa en el futuro para revertir tan pésimo panorama. Pero eso sí: nunca jamás asume la responsabilidad que le corresponde.

Daniel Martínez aplica este mecanismo para los problemas de inseguridad que viven sobre todo los montevideanos. Como si fuera un turista que acaba de llegar, o como si fuera un vecino más, que en todos estos años se ha dedicado a vender pollos por encargo, a impartir clases de karate o a producir prendas de lana tejidas para la exportación, se pone a explicar y describir lo que ocurre.

Así, señaló hace poco que hay zonas de la capital en donde hay mafias que se han “anidado”, y agregó que queda claro que hay mafias que se están dedicando a negociar con mafias mucho más poderosas a nivel internacional que trafican volúmenes impresionantes de droga. Para enfrentar todo eso, Martínez se dedicó a lanzar consignas del tipo de aquellas que tanto gustaba Mariano Arana cuando aseguraba que habría cisnes en el Miguelete.

En efecto, dice Martínez que apostará a nuevas tecnologías, nuevas tácticas, más intercambio de información y más trabajo conjunto para combatir esta criminalidad tan nueva. También, dice que hay que dignificar la vida en esos lugares que están pasando tan mal, instalar 10.000 cámaras más de seguridad y hacer intervenciones de mejora de la calidad de vida en educación, vivienda, calles, espacios públicos y salud pública. Muy probablemente, como es ya su estilo, debe haber cerrado su discurso con un “vamo arriba”, que resume perfectamente esa mezcla de voluntarismo y vacuidad que va caracterizando su campaña. Se podrían analizar las medidas que Martínez propone. ¿Cómo piensa hacerlo? ¿Tiene algún estudio que le deje creer que serán eficientes? ¿Cómo evalúa esa eficiencia: a través de datos concretos de baja del delito, por ejemplo? Pero antes de esas preguntas tan elementales y que contradicen tanto el espíritu del “vamo arriba”, hay una pregunta más sustancial que Martínez debiera contestar: si todo esto es lo que él cree dará resultado para mejorar la situación de inseguridad, ¿por qué no lo llevó adelante en todos estos años?

En concreto: ¿cuándo Martínez realizó una crítica a la tarea del ministerio del Interior, marcando posibilidades distintas para mejorar la actual realidad de tantos barrios populares de Montevideo en donde según él han “anidado” distintas mafias? ¿Acaso Martínez no fue desde 2010 hasta hace unos meses Intendente de Montevideo, y no podía desde allí, por ejemplo, implementar algunas de las políticas que dice hoy que quiere llevar adelante en una próxima administración? La verdad de las cosas es que Martínez no es un turista ni se dedicó a vender ticholos en 18 de Julio todos estos años. Fue sustento político fundamental del gobierno nacional del FA y además, fue la principal figura de izquierda de Montevideo. Y desde esos lugares oficialistas tan relevantes, nunca elevó su voz para señalar la cada vez más grave situación de inseguridad que estaban sufriendo los uruguayos. Al contrario, apoyó a Vázquez y a Bonomi, y criticó a los partidos de oposición porque los encontró siempre, demasiado duros contra su gobierno del FA.

Que ahora Martínez prometa 10.000 cámaras o diga que hay mafias que se han instalado en algunos barrios, cuando durante todos estos años en que la situación se fue poniendo cada vez peor nunca dijo nada que criticara cómo el FA iba dejando al país, es faltarle el respeto a la inteligencia de la gente. Es tomarle el pelo al pueblo: el candidato sale ahora de paseo y comenta la situación tan dramática, como si él fuera argentino o japonés y no tuviera nada que ver con nada, y suponiendo entonces que la gente es tonta y le va a creer que él no tiene responsabilidad alguna en esta degradación actual.

La gente está harta de que el FA le tome el pelo. Martínez es responsable de este fracaso, aunque ponga cara de yo no fui.

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