EDITORIAL

Es la marca del Frente

Cada vez mas vacío de ideas, huérfano de proyectos removedores, con el fracaso que se repite una y otra vez en sus recetas para refundar el país, con muchas de sus principales figuras ensombrecidas por la inconducta, anda el Frente Amplio.

Tan es así que no ha encontrado otra fórmula que defienda sus sinrazones y su obsecuencia en el camino equivocado que la de apelar al tremendismo, al augurio apocalíptico contra todo lo que viene de la mano de sus opositores. El caballito de batalla de sus acusaciones para descalificar a quienes no navegan en su Titanic, es “desestabilizar las instituciones”.

Cuando se destapó el episodio del título inexistente del Vicepresidente de la República, la defensa que hizo el Frente Amplio fue denunciar la existencia de “una campaña de la oposición y de diferentes medios de comunicación destinada a menoscabar la imagen y credibilidad, tanto de integrantes de nuestro gobierno como de debilitar la estabilidad democrática del país”. Así nomás: decir que Sendic no tiene un título que no tiene, es “debilitar la estabilidad democrática del país”. Ni Maduro se hubiera atrevido a afirmar algo parecido. Y ahora se repite la misma cantarola “desestabilizadora” cuando se critica al gobierno por la debacle de sus políticas de seguridad impulsadas desde el Ministerio del Interior; se le pide que cambie y se hace el distraído, y entonces se advierte que se va a ir hasta las últimas consecuencias. Puede ser que el norcoreano Kim Jong-un dijera lo mismo.

No hay duda de que defender la gestión del ministro Bonomi se hace cuesta arriba. Muchos años en el poder con generosos recursos, continua exposición en los medios para hacer maravillosos anuncios en la lucha contra la delincuencia y los resultados que contrastan como enemigos de sus palabras: los números fríos se han disparado en los delitos pesados y la sensación térmica es cada vez más insoportable. Si la oposición ha decidido interpelarlo y si es necesario -y el FA presta sus votos- llegar hasta la instancia final de la censura, está en su derecho y en la Constitución. Si es oportuno o no, está en el terreno de las evaluaciones de riesgo político de cada uno.

Lo que sí está claro es que ni el Partido Colorado, ni el Partido Nacional, ni el Partido Independiente ni el grupo de Novick tienen culpa alguna en lo que está pasando. Y que lo que en verdad ocurre es la inexistencia o el fracaso de las políticas del gobierno. La educación pública con sus recursos en alza y los resultados por el piso. El Mides que se mueve con las mismas coordenadas y el agregado de su clientelismo, y la sociedad que paga todo ese despilfarro al precio de la inseguridad, con barrios marginales convertidos en feudos de narcotraficantes dueños de sofisticado y poderoso poder de fuego, donde la policía -la fuerza del orden- tiene vedada su entrada, aunque sus efectivos tengan allí sus casas. Las cárceles están atiborradas, el Estado no sabe ya qué hacer con los delincuentes, y esto ocurre luego de 11 años de gobierno del FA, con una economía que navegó con viento a favor pero no se aprovechó y que solo dejó un legado de más burocracia “amiga”.

Se dirá que la dupla Bonomi-Vázquez no son los responsables de esta debacle. Es verdad, pero si a la falta de decisión y coraje para llevar adelante la educación que el país precisa y los planes sociales que contribuyan a mejorar la situación marginal de los uruguayos, se le agrega un Ministerio del Interior absolutamente ineficiente en garantizar niveles mínimos de convivencia civilizada, el combo se vuelve más dramático. Y por algún lado el gobierno, la Mesa Política, todo el FA y sus permanentes compañeros de ruta (sindicatos) involucrados en esos temas, deben ser sancionados o comunicados del absoluto malestar que hay con este rumbo. El Frente ha asegurado una herencia maldita para la seguridad de los ciudadanos que perdurará por años después de Bonomi.

Mientras tanto, los ciudadanos inocentes seguirán resignados a vivir entre rejas y contratar alarmas, cámaras y servicios de vigilancia si pueden; los que pasean por las calles (a toda hora) o entran a los comercios seguirán siendo los delincuentes, y en los barrios más pobres, en las zonas marginales, la policía continuará sin entrar y el hampa extenderá sus fueros manteniendo el terror de sus habitantes. Aquí, mucho más que allá, no se trata de que le roben un celular o la billetera, se resista o no se resista. Lo que está en riesgo es la vida misma.

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