EDITORIAL
diario El País

Mantener la determinación

En estos días, la política exterior del país estuvo sobre la mesa en la agenda del gobierno. La iniciativa de acordar tratados de libre comercio, pese a la resistencia de Argentina como socio del Mercosur, sigue siendo una meta clave.

No será sencillo, sin embargo. Las declaraciones de quien fue canciller argentino hasta hace poco muestran cual es el ambiente en el vecino país. Si bien Felipe Solá ya no integra el gabinete del presidente Alberto Fernández, y por lo tanto sus opiniones no son oficiales, no por eso deben ser subestimadas. Reflejan una cierta visión que Argentina tiene de Uruguay.

También en estos días Brasil acordó con Argentina una reducción del arancel común, algo que el gobierno de Fernández no parecía dispuesto a aceptar. Uruguay y Brasil ya habían acordado apoyarse mutuamente en el logro de sus objetivos: arancel más bajo y flexibilización para hacer tratados bilaterales de libre comercio. Brasil logró lo que quería, ahora habrá que ver qué pasa con Uruguay.

La semana pasada el ministro de Relaciones Exteriores Francisco Bustillo se reunió en Buenos Aires con su par Santiago Cafiero. Poco después el flamante canciller argentino insistió en que los diferendos del Mercosur debían resolverse por consenso pues había un destino compartido y Uruguay no debía buscar “suerte individualmente”. La letanía no cambia.

Uruguay enfrenta varias situaciones respecto a Argentina. En primer lugar, el país vecino está en campaña electoral y su desenlace puede tener inesperados efectos sobre su política exterior.

En segundo lugar, ambos países tienen políticas comerciales opuestas. Uruguay necesita abrirse al mundo porque es su única manera de generar riqueza. La lógica argentina en cambio es la de cerrarse. Para la visión uruguaya, no permitir la exportación de carne (como lo está haciendo Argentina) sería demencial y suicida. Al gobierno argentino, sin embargo, le parece una solución para resolver problemas de mercado interno aunque se prive del ingreso de un dinero que mucho necesita.

En tercer lugar, el proceso electoral argentino le está dando a la actual vicepresidenta Cristina Kirchner un mayor protagonismo y eso podría incidir sobre la política exterior.

Ni ella ni su esposo tuvieron buena relación con Uruguay, ni siquiera cuando se hacía la simpática con el entonces presidente José Mujica.

Las declaraciones de Solá muestran que con esa hostilidad subyacente lidió Uruguay desde que asumió Lacalle Pou.

Sostuvo que el presidente “tiene cierta rebeldía contra Argentina como un elemento de política interna que le da réditos”. No es cierto, no se trata de rebeldía alguna contra Argentina, sino de una urgente necesidad de abrirse a otros mercados para colocar mejor nuestros productos y generar ingresos que mejoren la realidad del país.

Solá insistió: “Uruguay nos debe a nosotros más cosas que nosotros a Uruguay”, y mencionó un reclamo por buques que pescan en las Malvinas y que, aseguró, se abastecen en Montevideo. “Tenemos fotos de ellos”, dijo, dando a entender que nos espían.

Estos reclamos reflejan una visión que muchos argentinos tienen de Uruguay, que resienten que nuestro país desarrolle nuevas formas productivas. Esa es la idea que expresa Solá: la de una provincia insurrecta que debe ser llamada al orden.

Esto significa que en su estrategia respecto a las Malvinas, Argentina no solo pide la solidaridad de sus vecinos (que la tiene) sino pretende que sacrifiquen sus propias actividades en beneficio de su causa: un conflicto con el Reino Unido que no se resolverá en el mediano plazo. Es difícil exigirle a sus vecinos que limiten a tal extremo sus actividades por un tema cuya solución no se vislumbra en el horizonte cercano. En ese terreno nadie le debe nada a Argentina.

Solá planteó además el tema de la nueva planta de celulosa, ubicada a 200 kilómetros de la frontera con Argentina. ¿Otra vez con este asunto?

Tales reclamos reflejan una visión que muchos argentinos tienen de Uruguay. No todos estuvieron de acuerdo con el corte de puentes patrocinado por los gobiernos kirchneristas hace 15 años, pero sí resentían que nuestro país desarrollara nuevas formas productivas. Estaba bien que exportara carne, trigo y lana, ¿para qué entonces expandir sus actividades? Que se quedara con lo que tenía y todos seguíamos siendo amigos.

Esa es la idea que expresa Solá: la de una provincia insurrecta que debe ser llamada al orden.

Este es el contexto que enfrenta Uruguay para mantenerse fiel a su propuesta de abrirse a los mercados del mundo. No le será fácil, pero si mantiene la determinación de no apartarse de su camino, con buena diplomacia y tesón puede llegar a buen puerto.

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