EDITORIAL
diario El País

Hasta las manos...

Están hasta las manos, ustedes", será sin duda una de las frases más recordadas del debate entre los candidatos presidenciales que se realizó el miércoles.

Se la dijo Luis Lacalle a Daniel Martínez, con gesto adusto y absoluta tranquilidad, mirándolo a los ojos, en respuesta a uno de los tantos manotazos de ahogado de su oponente. Y es que resultó bastante paradójico que este largara acusaciones de supuestas irregularidades ocurridas en los años noventa, habiendo incurrido el Frente Amplio, ahora nomás, en actos de corrupción tan vergonzosos como los de Ancap, Pluna, el Fondes, ASSE, Aire Fresco y esa "hermosura" que fue la fallida regasificadora.

La contundencia de Lacalle, sobria y serenamente expresada en todo momento, contrastó con un Martínez visiblemente nervioso, movedizo, irritable, con el rostro crispado y un decir siempre tartamudeante y poco afecto a las coordinaciones gramaticales.

En una oportunidad acusó a su adversario de "agresivo", aunque este jamás levantó la voz ni se expresó en forma insultante. Tal vez el momento más involuntariamente humorístico fue cuando el candidato oficialista expresó "miedo" de que su adversario lo agrediera físicamente: "epa, me va a pegar", dijo. Si hiciéramos un análisis estructural de los discursos, seguro que la palabra "miedo" aparecería como la más frecuentemente pronunciada por Martínez. Cálmese, ingeniero: el miedo no es la forma.

De los puntos de vista confrontados, tal vez los momentos más interesantes fueron cuando Lacalle echó en cara de su adversario el positivo juicio realizado por Tabaré Vázquez y Danilo Astori al comportamiento de la economía en 2004. Y luego su eficaz respuesta, a la baladí acusación de que el candidato del cambio gobernará "para los privilegiados", al leerle textualmente, una cita de Gustavo Leal reconociendo que con los actuales gobiernos, "los ricos son más ricos y los pobres, más pobres". Ese es, en el fondo, el cortocircuito ideológico que padecen los frenteamplistas. Por un lado se precian de que gracias a sus gobiernos la gente consume más y supuestamente viaja a Miami, pero por el otro, no pueden con su complejo marxistoide y marcan todo el tiempo, las injusticias del "capitalismo".

Para muchos uruguayos es una verdadera afrenta escuchar a Martínez contar que un votante le dijo "gano mejor, tengo auto, veraneo, vivo mejor", cuando hay más de 50.000 puestos menos de trabajo y empresas que cierran todos los días, hostigadas por falta de competitividad, altos impuestos y tarifas.

Una de las contradicciones más evidentes que afloró en el debate de anteanoche tuvo que ver por un lado, con que Martínez volvió a insistir en la sospecha respeto del contenido de la ley de urgencia que sancionará el gobierno del cambio, a la vez de admitir no una, sino dos veces, que si gana, no aplicará las medidas contenidas en el programa del FA.

La primera vez fue cuando Lacalle citó el pasaje de ese programa que promete aumentar impuestos. Martínez respondió: "voy primero a decir (sic) que aprenda a leer, Lacalle. El programa del Frente Amplio no mandata. Hace propuestas, pero el candidato es el que decide". Más tarde Lacalle citó otro pasaje del desafortunado documento, que propone legalizar las drogas duras. Y Martínez insistió sobre el punto: "el programa del FA es muy vasto, tiene muchos planteos, y por supuesto son recomendaciones. Después es el candidato quien gobierna y quien decide".

Con estas sorprendentes revelaciones, las redes explotaron. Pablo Mieres tuiteó que "Martínez inauguró la tesis de que el programa partidario es una sugerencia y que él va a hacer lo que le parezca. Una burla al trabajo de sus propios técnicos y compañeros". Un periodista pidió en Facebook "que alguien me consiga el programa de gobierno de Martínez. Ya sabemos que no es el del FA".

Y pensar que en la campaña interna se preciaban de tener un programa común al que cualquiera de los precandidatos respetaría. Bueno, por algo Martínez estrenó su candidatura rechazando a la vice natural, que era Carolina Cosse, una rebeldía que, cuando las papas quemaron, fue vengada haciendo intervenir a su comando de campaña por otro notorio mujiquista.

Ahora habría que preguntar a los redactores del programa del FA y los congresistas que lo aprobaron por aclamación, qué opinan de un candidato que lo tomará como una mera "recomendación". ¿Son estas las "certezas" que nos prometen? Los repetidos llamados a reconocer varios de los errores del gobierno del FA por parte de Lacalle, sonaban cual latigazos a los oídos de Martínez.

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