EDITORIAL
diario El País

Un mandato claro de la ciudadanía

En pocos días se producirá el cambio de autoridades nacionales.

Todo está pronto para una jornada que cumplirá, como corresponde, con el ritual que una democracia requiere. Habrá solemnidad y a la vez sencillez: un juramento ante la Asamblea General, o sea ante los representantes votados por el pueblo y luego de recorrer el camino que lleva a la Plaza Independencia, el traspaso de la banda presidencial.

En el primer acto el nuevo presidente asume su compromiso ante el soberano. En el segundo, se reafirma la continuidad democrática. Un presidente se va, otro llega pero habiendo cambio, no hay ruptura. Las instituciones y el Estado de Derecho permanecen.

Con la peculiar serenidad que caracteriza al presidente electo, el proceso de transición se fue tramitando con prudencia y seguridad. Ya está conformado el gabinete y cada uno de los ministros ha ido designando a los directores de los diferentes órganos de su cartera.

Luis Lacalle Pou quiso que la oposición tuviera representación en las empresas públicas y otros organismos estatales. La negociación con el Frente Amplio para que ello ocurriera se tensó por momentos, pero con su aplomo característico el presidente cerró un acuerdo que dejó a todos satisfechos.

Esa misma virtud será necesaria para los meses venideros. Lo será porque hay muchos desafíos que afrontar, ninguno de ellos es fácil y las políticas que se apliquen no mostrarán resultados inmediatos. Algunas incluso no serán simpáticas. Pero para hacer ese camino es que la gente eligió a este gobierno.

Asume con una carpeta preparada: una ley de urgente consideración. Hubo quienes quisieron instalar el relato de que se trataba de algo oscuro y secreto. Sin embargo su borrador hace rato que circula. Cada miembro de la coalición lo analizó y propondrá cambios y agregados. Este proceso se hace a plena luz del día.

Tan poco oscuro es, que aun tratándose de un borrador sujeto a correcciones, ya hay quienes lo rechazan, protestan y hasta convocan a paros.

Es que el mandato que emergió de las urnas obliga a esta coalición a tener éxito. Las cosas tienen que salir bien y para ello la misma debe consolidarse.

Será el mapa de ruta del nuevo gobierno. Un punto de partida para empezar a hacer las cosas para las cuales recibió un mandato: reducir el déficit, alentar la producción (y de esa manera generar más empleo), resolver el drama de la inseguridad, recuperar la educación para lograr que la población esté mejor preparada y que los sectores más postergados sean genuinamente incluidos, dinamizar una política exterior que defienda nuestros valores democráticos y que abra el país al mundo para que comercie mejor y coloque nuestra producción por el mundo para generar la riqueza que dará mejor calidad de vida a los uruguayos. No es poco y no es fácil. Pero el gobierno que asume parece decidido a enfrentar el desafío.

La ciudadanía le dio un mandato claro y a la vez un mecanismo complejo para trabajar: el de lograr las mayorías necesarias mediante una coalición de cinco partidos. Cinco partidos con perfiles diferentes y celosos de su identidad. Unos son más conservadores y se inclinan a la derecha, otros vienen de una tradición de izquierda democrática.

Coordinar eso exigirá un esfuerzo inmenso. Por fortuna, Lacalle Pou demuestra tener las condiciones y la tenacidad para liderar este proceso. Y pese a que cada partido legítimamente procura defender su perfil, todos están entendiendo que para que funcione hay que ceder y respetar ciertas reglas de juego.

Es que el mandato que emergió de las urnas obliga a esta coalición a tener éxito. Las cosas tienen que salir bien y para ello la misma debe consolidarse.

Si ella está destinada a durar en el largo plazo, hoy no lo sabemos. Como dice un dicho atribuido a John Maynard Keynes, en el “largo plazo todos estaremos muertos”. Pero sin duda debe llegar hasta el final del período, entera, bien armada y con una lista de resultados concretos. Está obligada a ello. Para eso la votó la gente y los nuevos gobernantes no deben olvidarlo. Cada votante sintió que podía elegir a su partido porque sabía que al final, todos terminarían trabajando juntos. Y eso fue a causa de la señal que desde el inició emitió con meridiana claridad Lacalle Pou. Quiso contar con el Partido Independiente y cuando surgió Cabildo Abierto nunca dudó que también debía ser parte del proyecto. Fue también una clara apuesta de Julio Sanguinetti al comenzar la campaña. Si ambos lo tenían claro, es porque entendieron cómo pensaba el electorado.

Ahora se trata de responder al mandato del soberano. Por eso, el camino que se inicia este domingo 1º de marzo es tan importante. No puede defraudar.

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