Editorial

Un malhadado aniversario

Hoy se cumplen 55 años del primer golpe tupamaro, cometido en 1963. Los autores del nuevo relato histórico tratan de negar u olvidar esa fecha para justificar así el intento guerrillero que tanto daño le hizo al Uruguay.

Hoy, 31 de julio, se cumplen 55 años del primer golpe tupamaro, fecha que no debería tener mayor trascendencia, pero que en honor a la verdad histórica merece recordarse. Una verdad que los tupamaros y sus adláteres han ido distorsionando porque no les conviene recordar que se alzaron contra una democracia. El propio José Mujica, hace pocas semanas, insistió en esa teoría de que los tupamaros se alzaron contra una dictadura.

Sin embargo la evocación de fechas como la de hoy los desmiente totalmente. El 31 de julio de 1963 los tupamaros robaron armas del club de Tiro Suizo, en Colonia. Se llevaron unos cuantos fusiles aunque no llegaron muy lejos porque uno de sus vehículos volcó en la ruta 3 y algunas armas quedaron esparcidas en el lugar. La policía identificó a varios de los ladrones, entre ellos a Raúl Sendic Antonaccio, quien entonces pasó a la clandestinidad en un país con problemas, sí, pero con un estado de cosas muy lejos de justificar un levantamiento armado.

Ese fue el punto de arranque de un fatídico intento guerrillero inspirado por el éxito del castrismo triunfante en Cuba. Desde ese 31 de julio en adelante los tupamaros impulsaron una corriente de atracos, extorsiones, bombas, secuestros y asesinatos perpetrados en la década del sesenta y principios de los setenta. La violencia de esos "iluminados" que ya actuaban en 1963 fue la principal causa de la intervención de los militares y del golpe de Estado que sobrevino diez años después, en 1973.

Mujica, presentado universalmente como un luchador por la libertad, recordó más de una vez que la mayor frustración de su vida fue que cuando llegó la dictadura los tupamaros no pudieron combatirla porque estaban todos presos. Empero, últimamente viene cambiando su versión de los hechos. Ahora dice que "la dictadura comenzó mucho antes del golpe militar", con lo cual busca confirmar su imagen de defensor —y no de agresor como realmente fue— de la democracia uruguaya.

Lo interesante sería que él y los autores del nuevo relato de la historia reciente definieran en qué momento empezó esa dictadura. La mayoría se inclina por señalar a 1968, año en que asumió la presidencia Jorge Pacheco Areco. Es posible que cuando Mujica dice "mucho antes del golpe militar" no se refiera a esa fecha sino a alguna anterior, quizás más cercana al golpe fundacional del Tiro Suizo. Cuanto más atrás ponga la fecha más se justifica la existencia de los tupamaros como defensores de la libertad.

Supongamos por un instante que Sendic, Mujica y compañía consideraban que en 1963 había una dictadura en Uruguay. El disparate es tan grande que se contesta fácilmente. El Poder Ejecutivo lo ejercía por entonces un Consejo Nacional de Gobierno, especie de mini Senado con un presidente rotativo que en aquel año era Daniel Fernández Crespo, un político de gran popularidad. Estaban en vigencia todas las libertades en el "país de las clases medias" aún denominado "la Suiza de América". La esperanza de vida de los uruguayos era de nivel europeo (75 años) al igual que la distribución del ingreso. Había más seguridad que hoy, mejor educación y un gobierno en donde alternaban ministros tan prestigiosos como Wilson Ferreira y Juan Pivel Devoto.

Supongamos ahora que el "mucho antes" de Mujica adhiere a la tesis más corriente, consagrada oficialmente en el decreto del Poder Ejecutivo que creó el Grupo de Trabajo por Verdad y Justicia según el cual la dictadura se inició en 1968. De ser así cómo se explica que funcionara el Parlamento, que los legisladores de izquierda votaran y hablaran libremente, y que un senador blanco, Wilson Ferreira, volteara a varios ministros de Pacheco en sonadas interpelaciones. Además, de haber existido la tal dictadura hubiera sido imposible la creación de una coalición opositora de izquierda, como fue el Frente Amplio que hoy nos gobierna.

Incluso, aun si se aceptara esta última fecha no hay forma de justificar los crímenes anteriores cometidos entre 1963 y 1968 por los tupamaros. Asaltos, tiroteos, robos de todo tipo, algún policía asesinado para robarle el arma, bombas en casas de gobernantes. Aquel eslogan pintado en los muros de Montevideo —"ármate y espera"— pertenece a esos años, así como los frecuentes viajes a Cuba para recibir entrenamiento guerrillero y apoyo material para una revolución imposible.

Por todo ello vale la pena evocar la malhadada fecha en que los tupamaros empezaron sus correrías. Fue el 31 de julio de 1963, hace hoy exactamente 55 años. Negarlo equivale a falsear la historia para justificar aquel demencial brote guerrillero.

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