EDITORIAL

Mala señal, peor momento

La noticia de que el polémico avión presidencial será presentado esta semana, difícilmente podía caer en un peor momento para un gobierno acosado por denuncias de nepotismo y despilfarro.

El presidente Vázquez atraviesa el peor momento de su mandato. Reclamos de sectores productivos, diálogo cortado con la oposición, clima agitado en la interna. Todo lo cual se refleja en un nivel de apoyo popular flaco y en caída. Seguramente un panorama muy diferente al que se imaginó cuando decidió postularse a un segundo mandato a una edad en la que la "biología" suele recomendar otros menesteres.

Pero lejos de buscar caminos para encauzar su gobierno, parecería que Vázquez está empeñado en agudizar las controversias. Eso pareció quedar en evidencia hace unos días, cuando se enfrascó en una absurda polémica callejera con un grupo de modestos productores rurales y colonos, a los que algún militante mal informado calificó como "estancieros". Un choque que solo empañó la imagen del Presidente, uno de cuyos escasos talentos ha sido siempre el mantener una prudente distancia con el debate micro.

Pero a eso, ahora parece que sumará un nuevo episodio negativo.

Es que se informa que esta semana será presentado oficialmente el nuevo avión presidencial, que a un costo superior al millón de dólares, Vázquez ha ordenado comprar pese a toda la polémica que la operación tuvo desde el principio.

La compra fue originalmente una adquisición directa, pese a que las normas administrativas la prohíben en montos de esta magnitud. Ante el reclamo del Tribunal de Cuentas, que se tuvo que saldar con un cambio de integración y todo, Vázquez optó por hacer una licitación que ganó, ¡oh casualidad!, el mismo oferente al que se le quería comprar en forma directa. Los milagros de las contrataciones públicas en la era progresista.

Por supuesto que hubo otros reclamos. Como, por ejemplo, que la situación de la Fuerza Aérea en materia de equipamiento es de lástima, y que parecía un gesto poco edificante que mientras quienes defienden el cielo nacional no tienen ya aviones para trabajar, el presidente se mandara comprar uno especial para sus viajes oficiales.

Pues bien, el avión fue enviado a Argentina para hacerle algunas modificaciones que permitirían usarlo como avión hospital, además de llevar al presidente a sus giras y cumbres. A todas luces una excusa absurda para justificar el gasto, ya que Uruguay cuenta con helicópteros especiales para eso, más apropiados en el caso de las distancias que hay que recorrer en el país.

La cuestión es que después de años de empeño, el presidente Vázquez va a cumplir su capricho personal de tener un avión a la orden, cosa que nunca tuvo ningún otro presidente en la historia moderna del país. Y ninguno fue menos presidente ni faltó a ningún acontecimiento importante por esa causa.

Hay gente, incluso en la oposición, que defiende la decisión de comprar un avión para Presidencia, en el entendido de que se trata de un acto de dignidad nacional, ya que no parece adecuado que un mandatario uruguayo tenga que andar "haciendo dedo" a los gobernantes de la región, o compartiendo cabina con cualquier turista. Una postura entendible, aunque poco ajustada a la visión republicana que los uruguayos nos hemos creado de nosotros mismos, y al discurso igualitarista extremo que ha impulsado el Frente Amplio en estos años.

Pero si hay algo que es indefendible, es el momento en que se ejecuta esta compra, y que la misma se publicite formalmente.

Uruguay atraviesa un momento muy difícil. Medio país se encuentra en estado de beligerancia debido a los costos impositivos que impone el gobierno. Estamos a pocos meses de que el ministro Astori descerrajara un nuevo mazazo tributario y en materia de tarifas públicas sobre la sociedad, pese a que en la campaña electoral había jurado y perjurado que no lo haría. Y el argumento que ha usado el gobierno día y noche para defenderse de las críticas es que ha hecho toda la austeridad posible, y que los aumentos impositivos son vitales para mantener las políticas sociales.

Es evidente que la cifra de un millón de dólares no "mueve la aguja" de un presupuesto estatal. Pero cuando se maneja el dinero de otros, los gestos son tan importantes como los hechos. Parece una señal de mal gusto y hasta de desprecio por la ciudadanía, que el presidente Vázquez venga a presentar su avión privado, el nuevo chiche que consiguió tras desafiar a toda la institucionalidad del país, en un momento como este. Mientras que a los tamberos, los arroceros, y al país productivo en general se los ningunea, justo cuando precisan una mano, que Vázquez haga ostentación de su avión, difícilmente le sume simpatías entre los uruguayos de a pie.

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