editorial

Mal ubicados

El rector de la Universidad de la República (UdelaR) dijo, entrevistado por Búsqueda, que si tuviera que contar a la UdelaR "entre las veinte mejores universidades de América Latina, creo que ahí contamos, sí". Las comparaciones son odiosas, pero también es cierto que los estudios comparados son un instrumento válido y necesario para evaluar el funcionamiento de una determinada institución o de un sistema. Por ejemplo el de la UdelaR.

En nuestro país la distribución de la población de 25 años o más, según el nivel educativo máximo alcanzado, es la siguiente: un 39,9% cursó la primaria pero no todos la completaron; con el 19,2% en enseñanza media básica sucedió lo mismo; enseñanza media superior, 21,6%; y enseñanza terciaria, incompleta 7,8%, y terciaria completa 10,8% (datos para el 2011). No son datos alentadores. Especialmente si los comparamos con otras sociedades que deberían servirnos de modelo.

En la OECD, el 75% de las personas en el grupo de edades entre 25 y 64 años completó al menos la enseñanza secundaria y el 32% la de tercer nivel. Este porcentaje es un promedio para todos los países. Existen algunos donde aquel porcentaje es mayor. Por ejemplo: Canadá (51%), Dinamarca (34%), Finlandia (39%), Islandia (34%), Irlanda (38%), Israel (46%), Japón (46%), Nueva Zelanda (39%) y Noruega (38%).

Muchos de esos países no tienen ni un gran territorio ni una gran población. Sin embargo, figuran en los primeros puestos de la tabla del Índice de Desarrollo Humano. Invertir en una mejor enseñanza (en todos los niveles del sistema) contribuye a mejorar la calidad de vida de la sociedad.

Otro dato complementario del anterior es la poca equidad en el sistema de la educación en nuestro país: solamente el 2% de las personas que pertenecen al primer quintil alcanzaron como nivel máximo la educación terciaria. Esa proporción fue del 53,1% en el caso de las familias más acomodadas del quinto quintil. Tenemos un sistema poco justo que desperdicia la principal riqueza de una sociedad: la materia gris de sus miembros. Aunque no es sencillo medir la calidad de la enseñanza universitaria, existen tablas comparativas elaboradas de acuerdo a un conjunto de indicadores que pueden suministrar una idea aproximada de la posición relativa de las universidades en todo el mundo.

Según el ranking mundial elaborado por QS (2014-15), las cinco principales universidades son: Massachusetts Institute of Technology (Estados Unidos), la Universidad de Cambridge (Gran Bretaña), el Imperial College Londres (Gran Bretaña), la Universidad de Harvard (Estados Unidos) y la Universidad de Oxford (Gran Bretaña).

Aparte de esas instituciones de gran prestigio global, el ranking incluye una cantidad de universidades en países más pequeños pero que ocupan lugares bien respetables en el ranking global. Como sucede con Finlandia (ocho universidades en la tabla, incluyendo la Universidad de Helsinki que ocupa el lugar 67 en la tabla mundial), Noruega (cinco universidades, entre las cuales la Universidad de Oslo está en el lugar 101), y Nueva Zelanda (cinco universidades, entre ellas la Universidad de Auckland en el lugar 92). Esta información sugiere que la calidad de la enseñanza no es determinada necesariamente por el tamaño de la economía o de la población. Está claro que más estudiantes no significa necesariamente enseñanza de mejor calidad.

Nuestra región se encuentra en una posición deslucida, especialmente en comparación con los países asiáticos que avanzan rápidamente.

Las mejor ubicadas son la Universidad de São Paulo (lugar 132), la Pontificia Universidad Católica de Chile (167), la Universidad Nacional Autónoma de México (175), la Universidad de Buenos Aires (198), la Estadual de Campinas (206).

La UdelaR ocupa el poco distinguido lugar 651 de la tabla mundial.

Si solamente consideramos a los institutos latinoamericanos, la UdelaR trepa al lugar 96 del ranking de la tabla de las universidades de América Latina.

La realidad es que en nuestro país son demasiado pocos los que completan estudios universitarios; que solamente una pequeña proporción de los hijos de las familias más humildes llegan a ese nivel de enseñanza (cualquiera sean los talentos o virtudes de los jóvenes); y que las comparaciones internacionales sobre la calidad de las universidades ubican a la UdelaR en un puesto muy poco ventajoso que no se asemeja a las optimistas evaluaciones del rector.

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