EDITORIAL

Maduro debería empezar por casa

Nadie sabe como son en realidad las relaciones tejidas con Chávez primero y con Maduro después, dado que el Frente Amplio en bloque se opuso a que se abriera una comisión investigadora para profundizar en los negocios con la República Bolivariana.

Podría decirse que el mundo ya se acostumbró a los disparates del Presidente venezolano, si no fuera por las trágicas consecuencias que provoca en su pueblo. Allí la gente vive cada vez peor, la inseguridad es un problema muy serio y otro tanto ocurre con el desabastecimiento. No solo hay una increíble escasez de medicamentos, de comestibles y de todos los enseres, desde los más básicos hasta los más sofisticados, sino que el golpe de gracia para la población que se preparaba como podía, juntando algún dinero frente a la próxima Navidad, recibió la orden repentina de que en tres días todo el mundo debía entregar sus billetes de 100 bolívares. Estos conforman nada menos que el 48% de la moneda en circulación.

Demás está decir la confusión, los bancos que colapsaron ante la avalancha de personas, y la ansiedad general provocada por esta intempestiva medida. La mayoría de las personas teme que no les sean devueltas sus cantidades en nuevos billetes en el breve plazo prometido, y piensan que a largo plazo también van a ser perjudicados. Como explicación de ese repentino decreto, Maduro recurrió nuevamente a su retórica conspirativa, acusando, cuándo no, a Estados Unidos de un complot patrocinado a través de una ONG, para desestabilizar al país. Pero lo cierto es que la introducción de un nuevo valor monetario responde a la galopante inflación que enloquece a los pobres venezolanos desde hace tiempo. ¿Quién puede imaginarse vivir en un país donde la inflación llegará al 720%, según estimaciones del Fondo Monetario? Parte de la respuesta la vemos aquí mismo en Uruguay, con la cantidad de venezolanos que uno se encuentra trabajando en las más diversas ocupaciones, desde profesionales hasta los que se emplean en simples oficios.

Los nuevas denominaciones anunciadas serán de 500, 1000, 2000, 5000, 10.000 y hasta 20.000, y tres monedas de 10, 50, 100 Bs. Algo natural si se piensa que en Venezuela ya era cuestión de llevar la plata en carretilla (recuerda a la Alemania de preguerra), teniendo en cuenta que según el cambio oficial, los billetes de 100 que de golpe se les reclama a las personas, equivalían a US$ 0,15 según el cambio oficial (un caramelo, si lo hay) y US$ 0,02 en el mercado negro, el que siempre florece con las anomalías que provocan los sistemas dirigistas y controlados. Finalmente, el gobierno con estas decisiones demuestra que no tiene más remedio que aceptar el gran fracaso de sus políticas económicas.

Frente a la gravedad de la situación en ese país, llama la atención que el Presidente y su equipo se muestre empecinado con su lugar en el Mercosur, en vez de enfocar todas sus energías a rescatar al país del abismo. Empezando por dar muestras de respeto hacia las libertades individuales, vaciando las prisiones de todos los presos políticos que enlodan la presidencia de Maduro. Tampoco es de recibo que a voz en cuello emplace al Presidente uruguayo para hablarle "cara a cara" y "ojo a ojo"??? y que su canciller viaje a Buenos Aires sin estar convocada, en actitud patotera, protagonizando un mayúsculo papelón, aunque eso sí, el Pit-Cnt la reciba cual reina destronada.

Por otra parte, el gobierno uruguayo continúa con sus posturas ambivalentes, vaya uno a saber por qué. Nadie sabe como son en realidad las relaciones tejidas con Chávez primero y con Maduro después, dado que el Frente Amplio en bloque se opuso a que se abriera una comisión investigadora para profundizar en los negocios con la República Bolivariana. Así que la Cancillería lo último que ha dicho es que Venezuela debe tener "voz" (aunque no voto).

Mientras tanto, Maduro, tan interesado en continuar siendo nuestro socio en el malhadado Mercosur, ha recibido el dictamen del Tribunal de Arbitraje del Ciadi, a favor de la demanda presentada en 2012 por la firma Tenaris debido a la expropiación del gobierno de la inversión hecha en Tubos de Acero de Venezuela S.A. y en otro complejo siderúrgico. El fallo condena a Venezuela a pagar muchos millones dólares.

¡Pero qué le hace una mancha más al tigre! Si a principios de semana ordenó la "intervención" de la distribuidora de juguetes Kraisel y se incautaron (robaron) 4 millones de ellos. A consecuencia, el gobierno hará de Papá Noel y anuncia su reparto en barrios y comunidades por medio de los llamados Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), creados a principios de año para vender alimentos escasos en zonas populares. De paso, anunció también que el Estado se apropiará de los activos de esta empresa que tenía 200 tiendas y en el galpón más grande hablan de instalar una fábrica de juguetes administrada por el pueblo. ¿Otra velita encendida al socialismo?

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