EDITORIAL

Macondo Recargado

Esta semana fue pródiga en noticias absurdas, que nos convierten en una especie de Macondo Recargado, donde lo más insólito puede ser defendido y hasta aclamado por autoridades y grupos de presión de insoslayable poder.

Hay días en que Uruguay duele. Duele por la supervivencia obstinada de atavismos ideológicos que en el resto del mundo nada significan, pero que aquí siguen hipotecando la prosperidad del país y la superación cultural de su gente.

Esta semana fue pródiga en noticias absurdas, que nos convierten en una especie de Macondo Recargado, donde lo más insólito puede ser defendido y hasta aclamado por autoridades y grupos de presión de insoslayable poder.

El lunes pasado, El País informó de una publicación del senador Charles Carrera en Facebook, que calificaba a la oposición de "indigna y deshonesta", entre otros motivos, porque solo un senador no oficialista expresó algunas palabras de despedida al renunciante José Mujica. En su entusiasmo emepepista, Carrera felicitó a los opositores por su "sinceridad" en la aversión al Frente Amplio y espetó que "tal vez hasta terminen reconociendo que existe la lucha de clases y que ellos representan intereses diametralmente opuestos a los de la izquierda". Es gracioso como los mismos que ofrecen el oro y el moro a una multinacional extranjera, mientras exprimen a los empresarios locales, generando la pérdida de 45.000 puestos de trabajo en pocos años, ahora reivindican la lucha de clases y la defensa de supuestos intereses populares. ¿Será la maldición de Malinche?

También nos enteramos que el Consejo de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar resolvió limitar el uso de las salas de informática, debido a que suelen ser el refugio de un centenar de indigentes que convierten a ese recinto universitario en su hogar diurno. Si lo hubiera imaginado García Márquez, elogiaríamos su desbordante fantasía creadora: en lugar de hacer retirar a los intrusos, protegiendo así el derecho de acceso de los estudiantes al servicio educativo, estas autoridades se lo restringen a estos últimos.

Un funcionario se sinceró con la periodista Mariana Malek de El País: "según supimos, del refugio y del Mides los mandaban para acá. Ellos mismos comentan: de tal lado nos dijeron que podíamos achicar acá". No, no, es un realismo demasiado mágico el de este gobierno de "izquierda": en lugar de ayudar a los indigentes con alojamiento y trabajo dignos, los mandan a chatear a las computadoras de la Universidad de la República.

Y cuando creíamos ya colmada nuestra capacidad de asombro, nos enteramos del paro con ocupación realizado ayer por docentes del liceo 18, como un acto de resistencia contra las pruebas PISA. Para los preclaros sindicalistas, este mecanismo de evaluación promueve "la mercantilización de la enseñanza pública", cuando en verdad lo que hacen es poner de manifiesto el déficit brutal del sistema y su inocultable perjuicio contra los sectores más vulnerables de la sociedad. Una demostración dolorosa de que en los últimos años, en lugar de ser motor de movilidad social, la enseñanza pública es fábrica de exclusión y promotora de marginalidad.

El sindicato parece más preocupado en que esos datos vergonzantes no puedan recabarse, que en tratar de corregir sus causas. ¿Usted cree que las autoridades reaccionaron a este despropósito? No, amigo lector, no se ilusione. El Consejo de Educación Secundaria se limitó a postergar la aplicación de las pruebas PISA en ese centro educativo "hasta nuevo aviso". ¡Se la jugaron!

Por suerte, nos consta que esta no es la realidad mayoritaria de los docentes uruguayos, que suelen poner razón y corazón en su digna e imprescindible misión pedagógica, a pesar de la absoluta improvisación e impericia de las autoridades educativas y de los revolucionarios de bolsillo que cooptan sus sindicatos.

No se inquiete el lector, porque aún hay más.

La otra noticia de esta semana es que la Intendencia capitalina convoca a artistas del grafiti "con el fin de intervenir un mural de la ciudad de Montevideo, que tenga como eje central los doscientos años del nacimiento de Karl Marx".

Por suerte los recursos invertidos en la movida serán limitados: a cada artista se le pagará un cachet de poco más de quince mil pesos. Será por aquello de la plusvalía… Cuando algunos ponemos el grito en el cielo porque el presidenciable Daniel Martínez ensalza a un hombre cuyas ideas desembocaron en la muerte violenta de cien millones de personas, los biempensantes de siempre nos dicen que Marx no tuvo nada que ver, que fue mal interpretado, pobrecito.

Si estamos tan sensibles a los filósofos, no se entiende por qué mejor no dedicar un mural a Carlos Vaz Ferreira. ¿Será porque cometió el pecado de enseñar a pensar?

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