Editorial

Luz verde al TLC con Chile

Para el eje Vázquez, Astori, Nin Novoa, el Tratado significaba muchísimo. Individualmente o juntos, esa trilogía se ha batido en retirada y sin conocer ningún triunfo en sus reiteradas pulseadas en la interna frenteamplista.

Finalmente, el Frente Amplio votará el Tratado de Libre Comercio con Chile. Así lo resolvió el Plenario en una votación que arrojó un resultado más cómodo del esperado (86 a favor y 65 en contra), que marcó el final de un tan dificultoso como extenso proceso interno del partido de gobierno y le da un poco de aire a la alicaí- da segunda presidencia de Tabaré Vázquez.

No hubo sorpresas —ya estaban demasiados jugados como para haberlas— en los sectores que apoyaron y negaron el Tratado. Hace dos años que están argumentando y discutiendo. En la afirmativa se alinearon el Frente Líber Seregni, con el liderazgo del ministro Astori, junto al Partido Socialista, la Vertiente Artiguista y el Movimiento de Participación Popular del expresidente Mujica que, si bien entró inicialmente a regañadientes, tuvo luego un rol fundamental en el respaldo de los representantes de las bases. En contra, el Partido Comunista, Casa Grande de la senadora Moreira, la lista 711 de Raúl Sendic y la Liga Federal, junto con la mayoría de las bases de Montevideo.

La resolución del Plenario dice "Apoyar la ratificación del tratado suscrito por nuestro Gobierno y el Gobierno de Chile" y "Transmitir esta resolución a la bancada parlamentaria". Para unos, entre ellos el presidente del FA, Javier Miranda, este texto es suficiente y obligatorio de acatar, aunque habrá que esperar si todos entran a sala y si llegado el momento, todos lo votan. Pero esto será anecdótico porque el TLC será aprobado: la oposición, con la única excepción del diputado de Unidad Popular Eduardo Rubio, ha adelantado que dará sus votos.

Más allá de la votación y el escándalo que se había armado en la interna frenteamplista, el Tratado no incluía ni incluye ningún cambio sustancial a las relaciones con Chile, ni contempla soluciones que, por sí mismas, puedan impulsar una mejoría en la economía del país. Se podría calificar hasta de "inocente", dado que ya existe con Chile un Tratado de Protección de Inversiones, otro sobre compras públicas y —lo más importante— está vigente el Acuerdo de Complementación Económica del año 1996 donde ambos países, con la anuencia de los otros socios del Mercosur, acordaron acelerar la desgravación arancelaria hasta el 100% del comercio efectivo.

Pero para el eje Vázquez, Astori, Nin Novoa, el Tratado con Chile les significaba muchísimo más. Individualmente o juntos, esa trilogía se ha batido permanentemente en retirada y sin conocer ningún triunfo en sus reiteradas pulseadas en la interna frenteamplista. Estaba en juego su prestigio y su imagen dentro y fuera de fronteras. Habían participado activamente en la redacción de sus normas con el gobierno de la entonces presidenta Bachelet. Cambió ese gobierno, llegó Piñera, pero sin embargo la Cámara de Diputados chilena aprobó el TLC. No fue ni siquiera por disciplina partidaria, fue por respeto a la institucionalidad.

El diputado José Carlos Mahía, de Asamblea Uruguay, lo explicó muy claramente: aprobar el Tratado "tiene la importancia de no dejar desairado al Ejecutivo y al gobierno del Frente Amplio. Esto es más importante que el contenido del Tratado y es lo que tenemos que visualizar como frenteamplistas" (Brecha, 22/06).

Es así. Los efectos de un TLC con Chile de acuerdo a un informe de impacto elaborado por el muy militante Ministerio de Economía, da cuenta que la aplicación de esta normativa solo significará unos US$ 15 millones por aumento de las exportaciones. Pero había que hacerlo.

Durante la primera presidencia de Vázquez, el tren pasó, y pasó una sola vez. No volvió a hacerlo. Mientras el mundo funciona en base a la multilateralidad de los acuerdos comerciales, el gobierno se negó a subirse en ese tren y empezamos a rezagarnos. Chile —que en la posdictadura ha estado gobernado preferentemente por la izquierda— tiene 17. Ahora se planteaba una nueva oportunidad para Uruguay, no ya de un tren, pero por lo menos de un trencito. Si lo dejábamos pasar, quedábamos de a pie y dejábamos de ser creíbles. Había que dar la señal a otros países de que nuestro país no era tan obtuso como para cerrarse a todos lo mercados.

Afortunadamente se dio y el FA —a los tumbos— asumió su responsabilidad. Vázquez, Astori y Nin festejan, pero le deben un favor grande al expresidente.

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