editorial

No era el lugar

En una entrevista que le realizó El Espectador, en París, el ministro de Relaciones Exteriores afirmó que "Somos pacifistas, pero con el terrorismo solo cabe combatirlo". También dijo que consideraba que "la respuesta al Estado Islámico tiene que ser una respuesta internacional, hay que terminar con esta locura. Hoy miraba en la televisión francesa nuevas destrucciones de patrimonios culturales, con actos incomprensibles y bárbaros".

El ministro opinó que en el caso del terrorismo no hay solución pacífica porque "no hay capacidad de raciocinio del otro lado".

El terrorismo y las acciones del Estado Islámico amenazan la paz y seguridad internacional y merecen nuestra condena.

Pero, la virulencia de la amenaza no se debe a que esas organizaciones carezcan de capacidad de raciocinio. Por el contrario, son peligrosas porque han demostrado poseer la capacidad para conseguir y aplicar recursos de diferentes tipos para luchar por sus objetivos. Uno de los principales instrumentos del Estado Islámico es el empleo de las redes sociales en Internet para exponer su propaganda y ganar adeptos, entre los jóvenes hijos de familias de inmigrantes de fe islámica radicados en países europeos. También ha sabido apoderarse y emplear eficazmente una enorme cantidad de moderno material militar —mucho de origen norteamericano— capturado a las divisiones del ejército de Irak que huyeron en lugar de luchar.

El Estado Islámico posee una buena dosis de racionalidad, aunque sea para el mal.

Subestimar la gravedad de la amenaza no es el método más apropiado para enfrentarla.

La situación en Siria demuestra hasta qué punto la situación en el Medio Oriente es opaca, confusa y llena de ambigüedades

La guerra civil en este país, que comenzó hace cuatro años y medio, enfrenta al gobierno del presidente Bashar al Assad con diferentes bandos, ha cosechado, se estima, un cuarto millón de muertos y ha causado que millones de habitantes deban abandonar sus hogares para escapar de las operaciones de uno y otro bando. El Estado Islámico solamente es uno de los bandos en pugna. Además existen fuerzas rebeldes de diferentes signos, tropas de Hezbollah, y los kurdos, siempre ansiosos por conseguir su independencia.

Para comprender mejor la complejidad, y el enorme peligro de la situación basta mencionar que los Estados Unidos (miembro permanente del Consejo de Seguridad) y, ahora, Rusia (otro miembro permanente del Consejo) realizan operaciones militares contra objetivos en Siria. Pero, mientras uno pide la renuncia de Assad, el otro considera que la única forma de sacar a Siria del pantano en que ha caído, es apuntalarlo.

A lo que deben sumarse las intervenciones de otros Estados de la región, que apoyan en forma más o menos velada, a uno u otro bando. Finalmente, es necesario tener presente que algunos de esos países han fomentado la difusión por décadas, de algunas de las corrientes más fundamentalistas del Islam. ¿Algo que, quizás ha tenido algo que ver con los problemas actuales?

No es fácil comprender qué quiso decir el Ministro, si bien luego ha tratado de aclararlo, cuando afirmó que "nosotros estamos para apoyar una acción decidida, firme, una brigada de confrontación". La experiencia demuestra que las intervenciones militares de los países occidentales no solucionarán, por si solas, problemas tan antiguos, profundos y complejos.

Desde la segunda guerra de Irak en adelante, los Estados Unidos y otras potencias occidentales (incluyendo a Francia) han demostrado dos cosas: que poseen la fuerza militar para derribar regímenes y destruir sistemas de gobierno que habían existido por años (casos de Irak y de Libia); y, segundo, que no tienen la capacidad para poner en su lugar nuevas estructuras democráticas o para asegurar una convivencia pacífica. En el proceso, sus intervenciones han causado cientos de miles de víctimas civiles, el caos político y penurias enormes.

¿Acaso de aquellos polvos no vienen estos lodos?

Las afirmaciones del ministro constituyen la definición de una política exterior en un asunto muy complejo y de enorme importancia nacional e internacional (especialmente si consideramos que nuestro país ha sido elegido miembro no permanente del Consejo de Seguridad).

El lugar apropiado para hacer ese tipo de anuncios no es una entrevista periodística en París, sino una declaración formal en el Parlamento, en Montevideo.

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