EDITORIAL

¿En el mismo lodo?

El Frente Amplio desde sus cuentas oficiales difundió un video editado en el que se le hacía decir a Luis Lacalle Pou exactamente lo opuesto a lo que verdaderamente dijo, como quedó probado con la exhibición del video completo.

Hagan lo que ellos dicen, pero no lo que ellos hacen” reza el evangelio según San Mateo (23:3) pero bien podría ser la lección que sacaría un observador imparcial de la forma en que el Frente Amplio ha iniciado la campaña electoral. Por un lado su presidente Javier Miranda expresa un día sí y otro también su preocupación por las fake news, el manejo de las redes sociales, las declaraciones malsonantes, y otros bichos de la misma especie. Sin embargo, han sido personajes como María Julia Muñoz o Ernesto Murro quienes han llevado sin transición la campaña al lodo. Y el propio Miranda, como el Dr. Jekyll y Mr. Hide, también ha sido una usina inagotable de lodo en estos meses.

Una primera forma de ensuciar la campaña es la mentira y la negación, ya que impiden un debate racional basado en los hechos. No todas las opiniones valen lo mismo; un disparate sin ningún fundamento o incluso contrario a la evidencia es una opinión que no merece ser tenida en cuenta, mientras que una opinión fundada en datos empíricos que se compadecen con la realidad evidentemente merece ser recibida. Aquí no hablamos de preferencias, pueden existir opiniones bien fundadas y otras impresentables de izquierda o de derecha, casi todos los temas admiten distintas visiones que pueden ser defendidas con criterio, el asunto al final es la buena fe y el discernimiento de quien la emite.

Los casos no faltan, lamentablemente, en los últimos tiempos, pero cuando un ministro de Estado acusa al principal candidato de la oposición de no haber tomado nunca un ómnibus u otro ministro de Estado de que falta mucho al Parlamento, ambos están mintiendo, y lo hacen a plena conciencia. Esos insultos gratuitos dicen más de quien los profiere que de quien los recibe y en todo caso también dan cuenta del nerviosismo creciente que se puede apreciar en filas oficialistas.

Una segunda forma de ensuciar la campaña es defender ideas notoriamente violatorias de la misma democracia, el Estado de Derecho, la convivencia civilizada y la propia sociedad. Quien defiende la intolerancia y la violencia no merece ser tolerado. Las personas siempre son respetables, pero las ideas no. Defender dictaduras, apañar crímenes de lesa humanidad, justificar asesinatos, torturas y violaciones a los derechos humanos, celebrar la quema de ayuda humanitaria a personas que están muriendo de hambre y enfermedades curables, es simplemente miserable. En esta categoría la senadora Constanza Moreira se lleva todos los premios con ventaja, pero ciertamente hay muchos dirigentes frentistas que con algo más de vergüenza también defienden posiciones deplorables para cualquier ser humano bien nacido.

Una tercera forma de enlodar el terreno de la campaña es difundir noticias falsas, o no desmentirlas o no hacerse cargo por lo que hacen sus propios dirigentes. Es notoriamente espurio mentir sobre las posiciones de candidatos rivales o editar videos para hacerlos decir lo contrario a lo que dijeron. Esto ha sucedido en los últimos meses también, desafortunadamente.

El Frente Amplio desde sus cuentas oficiales difundió un video editado en el que se le hacía decir a Luis Lacalle Pou exactamente lo opuesto a lo que verdaderamente dijo, como quedó probado con la exhibición del video completo. La curiosa disculpa del oficialismo no fue por difundir mentiras, sino porque quien maneja la cuenta del Frente Amplio se confundió cuando quiso difundir esa noticia falsa desde su cuenta personal. Tal es el grado de bajeza expuesto en la circunstancia. La ministra Arismendi también se ha sumado a la campaña de atribuirle intenciones perversas a la oposición sin ningún fundamento, simplemente para ensuciar a sus adversarios. Afortunadamente estas declaraciones y estos intentos burdos para confundir a los uruguayos no han tenido éxito, quizá en buena medida porque quien lo intenta ha fracasado estrepitosamente en la tarea de otorgarle dignidad a los uruguayos más vulnerables.

Podríamos seguir enumerando formas de rebajar el nivel de la campaña, pero con lo expuesto alcanza para cobrar dimensión de la situación que enfrentamos como ciudadanos en esta campaña. Quien ensucia vive contento en el chiquero, es a quien procura proceder con altura quien sufre estas circunstancias. Al final, puede argumentarse, terminan en el mismo lodo, todos manoseados. Y, sin embargo, no es así. En noviembre seguramente los uruguayos habremos elegido a un presidente que prefirió evolucionar y sobreponerse a las campañas sucias en beneficio de los uruguayos y su democracia. Será el peor castigo posible para los violentos de ayer y de hoy.

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