Lo que dejó el 2008

Este año 2008, que agoniza, ha hecho méritos sobrados, por cierto, para pasar a la historia. Durante su transcurso hemos visto agudizarse una crisis energética generalizada, de la mano de un aumento constante y sin precedentes del precio del petróleo, que arañó los 150 dólares por barril. Y hemos sido testigos, durante su último trimestre, de un vertiginoso descenso del costo del crudo, que en poco supera, ahora, los treinta dólares por barril.

Algo similar, aunque en menor escala, ha ocurrido con las materias primas alimenticias, que habían llegado a niveles históricamente desconocidos. La soja, por solo citar un ejemplo, redujo su precio a la tercera parte del que registraba muy pocos meses ha. Naturalmente, este fenómeno proyecta consecuencias económicas a todo nivel, favorables para algunos países y desastrosas para otros, como la Venezuela de Chávez. Y cambia por completo -o casi- los términos en que estaba planteado el problema energético.

Ello ha sido consecuencia, en buena medida, de una formidable crisis financiera y bursátil en los Estados Unidos, que unos pocos economistas de fuste veían venir, pero que, dada su magnitud, incluso superó sus previsiones. No las del equipo económico de nuestro gobierno. Sus asesores estaban en la luna de Valencia cuando se derrumbó Wall Street, desde fines de septiembre, y su cataclismo se extendió en un santiamén a los principales países de Europa. Es la reproducción del desastre de 1929, pero con mucha mayor aceleración en su propagación, en razón de la globalización de la economía mundial.

Se acabó la fiesta, pues. Y vienen los años de las vacas flacas -flaquísimas-, con su inevitable secuela de recesión. O sea, que muchos millones de personas irán al paro, caerá fuertemente el consumo y el comercio internacional se contraerá. En volumen y en el nivel de precios. Fenómenos que ya empezaron y que se agudizarán en el año que adviene. ¿Cuánto durará este desastre? ¿Será más prolongado que el de 1929? No lo sabemos. Sin embargo, gente sapiente en economía vaticina que durará, por lo menos, varios años.

Otro hecho impactante del 2008 ha sido el triunfo de Obama en las elecciones de los Estados Unidos. Se trata de un hombre de color, lo que asigna a su victoria perfiles históricos. Se debió, sin duda, al impar talento del candidato, sumado a su carisma. Pero, aún así, prestigia a la gran democracia de su país, pues le pone un broche de oro a décadas de lucha exitosa contra la otrora feroz discriminación racial.

Hereda, Obama, además de la enorme crisis ya señalada, un déficit del 7,5% del producto, "hazaña" lograda por Bush -el peor presidente de la historia de su país, quizás-, a partir del superávit fiscal que le legara Clinton y que los ineptos a quienes confió el manejo de la economía dilapidaron y transformaron en una situación inversa.

Como los grandes estadistas, Obama eligió para los cargos claves en la conducción de la economía a figuras experientes y hasta sobresalientes. Ojalá logren capear el temporal, lo que beneficiaría al mundo entero. Pero les espera una tarea de romanos.

En nuestro Uruguay, entre tanto, se acabaron el "espacio fiscal" y otras zonceras, como la de que contamos con un "blindaje" de reservas que nos preservaría de la crisis. Pamplinas. Nuestra economía, muy mal manejada por Astori y quienes aumentaron sin cesar el gasto, cuando la tormenta se avecinaba, ya cruje. Varios miles de trabajadores en el seguro de paro, así lo demuestra. Y más crujirá en el 2009.

Un sarampión legiferante signó la actuación de la mayoría parlamentaria en el 2008. Leyes y más leyes, la mayoría de ellas plagadas de gruesos yerros jurídicos. Y, para peor, de signo opuesto a los valores tradicionales de nuestra sociedad: la familia, el derecho de propiedad y hasta el propio derecho a la vida, despenalización del aborto mediante. Vetada por el presidente Vázquez esta última ley, aisló a éste, cada vez más, en la soledad del poder, al punto de que hasta renunció al Partido Socialista.

Las maquinarias electorales, entre tanto, se pusieron en marcha. Mujica y Bordaberry se perfilan como los presidenciables de sus partidos. El nacionalismo tendrán las internas más reñidas, pero es, sin duda, la colectividad más unida. Y, a esta altura, con Lacalle o con Larrañaga al frente, el favorito para el balotaje. Es que la mayoría de la población se hartó. Quizás no de Vázquez, pero sí del Frente Amplio.

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