Editorial

¿Llegará la paz en Siria?

El consejo de seguridad de Naciones Unidas logró un acuerdo unánime el pasado 18 de diciembre acerca de un compromiso político para terminar con la guerra civil- internacional en Siria.

Es la primera vez que ocurre desde que estalló este conflicto a inicios de 2012, que se ha cobrado ya más de 300.000 vidas y que desestabiliza grave y peligrosamente a toda la región de Medio Oriente.

Se trata de una transición política progresiva que tiene tres componentes fundamentales. En enero el primer paso es instaurar un cese el fuego entre las partes, con un diálogo entre el gobierno del tirano Bashar Al Assad y representantes de la oposición siria. Luego, en un plazo estimado de 6 meses, el objetivo es fijar una nueva gobernabilidad inclusiva, creíble y no confesional, que se ocupe de preservar las instituciones del Estado sirio y cuya principal tarea será redactar una nueva constitución. Finalmente, en un horizonte de 18 meses y con supervisión de la ONU, el pueblo de Siria irá a elecciones libres y justas para así encauzar su futuro político.

El cambio geopolítico mayor de este 2015 que termina en Siria fue el involucramiento militar de Rusia en apoyo claro y directo al régimen de Al Assad. Junto con los bombardeos británicos, no quedó así potencia occidental del consejo de seguridad de Naciones Unidas sin involucrarse en la crisis siria. Además, en la región, Turquía, Arabia Saudita, Irán y hasta Israel han tenido su activa participación militar directa o indirecta en el conflicto. Finalmente, el avance del movimiento de corte terrorista, llamado Estado Islámico (EI), con sus publicitados actos de barbarie por doquier en Siria y en Irak, terminó de dar mayor complejidad a la coyuntura siria.

Las amenazas que el EI ha lanzado a las potencias occidentales y los sangrientos atentados que reivindicó en Egipto, Francia y Turquía, entre otros, impusieron también a las principales potencias del mundo una rápida agenda para encontrar una solución política al conflicto sirio. Además, los millones de refugiados sirios en Turquía y Jordania, sumados a los centenares de miles que han intentado alcanzar territorio de la Unión Europea a través del mar Mediterráneo, con todas las desgracias humanas a las que el mundo entero asistió en este 2015, no hicieron más que agregar urgencia a esta resolución política de fin de año.

Sin embargo, los problemas políticos y militares en esta nueva fase recién comienzan. Si bien es cierto que el plan de acción es concreto y tiene plazos por cumplir, las dificultades en el terreno serán muy importantes. Porque hay algunas preguntas que este acuerdo no logra responder.

Primero, nada se ha dicho acerca de la suerte del tirano Al Assad durante el tiempo de transición política previsto. Apoyado por Irán y por Rusia, ¿se sostendrá hasta 2017 y podrá presentarse a las elecciones generales "libres y justas", a pesar de haber cometido los peores crímenes de guerra contra poblaciones civiles indefensas? Segundo y no menos importante, ¿lograrán las potencias mundiales cortar los circuitos de apoyos tácitos con los que cuenta el EI en la región y que le permiten controlar, entre el noroeste de Siria y el este de Irak, un territorio similar en extensión al de todo el Reino Unido? ¿Lograr este acuerdo implicará entonces un involucramiento general internacional que termine por ganar la guerra a los terroristas del EI? Finalmente, ¿qué papel de cooperación están dispuestos a asumir las principales potencias regionales, Irán, Arabia Saudita y Turquía en este nuevo escenario sirio?

Porque hay que recordar que Arabia Saudita ha atacado militarmente a su fronterizo Estado de Yemen, con tal de limitar lo que Riad cree es una influencia desmedida de Irán allí. Por otra parte, hay que tener claro que tanto el régimen de Al Assad como el de Irak son puntales de la influencia chií iraní en todo Medio Oriente. Y finalmente, Turquía no está dispuesto a aceptar que se desarrolle un polo autonómico de minoría kurda en Siria que pueda tener influencia política dentro de su territorio soberano.

En 2016 se precisará una fuerte coordinación política entre Estados Unidos, Rusia, Francia y Gran Bretaña para avanzar en un camino de paz en Siria. Cada uno operará con sus aliados regionales para alcanzar ese objetivo.

Pero las presiones diplomáticas serán también muy importantes hacia los diez integrantes no permanentes del consejo de seguridad, donde Uruguay es uno de ellos. Importa tenerlo muy claro desde la lejana Montevideo, porque durante dos años seremos protagonistas en ese escenario mundial.

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