EDITORIAL

¿Hasta dónde van a llegar?

Cada vez con mayor desinhibición, el Frente Amplio muestra ser capaz de sostener cualquier argumento disparatado y tomar cualquier iniciativa, con tal de cumplir con su objetivo.

El acto de Mujica y Sendic en la sede del Frente Amplio y la formación del “comité de defensa de la democracia en Brasil y la libertad de Lula”, integrado por principales figuras de la coalición de gobierno dejan planteada una legítima y grave pregunta a un año de las elecciones: ¿hasta dónde van a llegar?

Alguien podrá decir que en realidad no hay nada nuevo bajo el sol. El Partido Comunista, por ejemplo, por décadas justificó o relativizó las atrocidades más increíbles cometidas en el campo socialista: desde la represión estalinista hasta los ataques a Hungría en 1956 o a Checoslovaquia en 1968, pasando por la defensa de la sangrienta revolución cultural maoísta o, incluso más recientemente, el cerrado apoyo al régimen dictatorial de los Castro en Cuba.

La connivencia o el sustento descarado del Frente Amplio hacia regímenes autoritarios o totalitarios solo pueden sorprender a alguien que nada sepa de la historia del siglo XX.

En nuestra región, la misma izquierda que hoy se alinea con Lula por un lado y se solidariza con Sendic por el otro, es la que relativiza la dictadura de Maduro con sus terribles consecuencias políticas, sociales y económicas; la que apoyó a los Kirchner, incluso cruzando el Plata para ayudarlos en campaña electoral, o la que calla vergonzosamente la sangrienta represión en Nicaragua.

De nuevo entonces, ¿cómo sorprenderse del apoyo a la Lista 711, cuyo líder administró pésimamente Ancap al punto de que la Justicia le imputó varios delitos? ¿Por qué debería llamar la atención el disparate del presidente del Frente Amplio que estima que la prisión del ex -presidente Lula, confirmada por distintas instancias judiciales brasileñas, significa una violación a los derechos humanos?

El problema no es tanto constatar una vez más que para el Frente Amplio ser de izquierda implica no ser corrupto, como bien afirmara el ex -vicepresidente Sendic, sea lo que fuere que determinen las instancias judiciales independientes de los países que juzgan a los líderes de izquierda que terminan presos por corruptos. El problema mayor radica en que el Frente Amplio se empeña en deslegitimar la lógica misma de nuestras instituciones democráticas.

Mujica ha sido un ejemplo contundente en este sentido: siendo presidente, hizo campaña por el Frente Amplio, aun cuando la Constitución se lo prohibía; fijó el criterio internacional de que lo político está por encima de lo jurídico, y ahora ratifica su apoyo a Sendic desestimando la gravedad de lo ocurrido en Ancap. Insiste así en relativizar la fuerza de la Justicia y a través de su innegable prestigio político dentro de la opinión frenteamplista, respalda un liderazgo oscuro como el de Sendic.

Pero el problema no es solo Mujica sino toda la coalición de izquierda. Miranda y Xavier, que se podía pensar encarnan una renovación democrática, participan en realidad de ese delirio que quiere hacer creer que Lula es una víctima de una especie de Plan Atlanta - de vuelta, la expresión surge de la inefable imaginación de Sendic -. En definitiva, adhiriendo a teorías conspirativas que niegan una verdad tan evidente como es la enorme corrupción progresista de la región, el Frente Amplio termina deslegitimando con su discurso las bases democráticas de convivencia también para nuestro país.

A un año de las elecciones generales, es una muy mala noticia caer en la cuenta de que van a llegar hasta donde estimen que sea necesario para conservar el poder. Las señales son tan graves como evidentes: ya no les importa más nada, con tal de ganar esas elecciones.

Van a justificar lo injustificable o relativizar lo más grave con la mayor desenvoltura: desde la corrupción de Sendic hasta las cadenas de televisión en horarios centrales que son en verdad propaganda electoral, pasando por los títulos truchos de sus sociólogos, abogados o ingenieros, o el intento de modificar el cuerpo electoral haciendo votar a uruguayos en el exterior, o las mentiras estadísticas que nos quieren hacer creer que ya no hay prácticamente más indigentes, o la utilización más desembozada del Estado en beneficio de los compañeros del comité que se acomodan con grandes salarios, o lo que fuere que haya que hacer.

Cada vez con mayor desinhibición, el Frente Amplio muestra ser capaz de sostener cualquier argumento disparatado y tomar cualquier iniciativa, con tal de cumplir con su objetivo. Si la oposición cree que está ante un rival convencido de la obligación de respetar las reglas de juego democráticas, se equivoca de punta a punta.

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