Editorial

Las llamadas de Bolsonaro

A vista de lo que se ha escuchado de parte de las voces más representativas del oficialismo respecto a la campaña en Brasil, nadie podría dudar que Bolsonaro tiene bastantes motivos para no querer hablar con nadie del Frente Amplio.

El expresidente Mujica, entre las tantas frases que acuñó, dejó una muy apropiada para estos momentos. A poco de asumir dijo en un evento con exportadores que: "Tragaré sapos y culebras, los que haga falta, para conseguir los objetivos con Argentina, porque tengo la obligación de pensar en el trabajo de miles de uruguayos".

De más está decir que algunos de los vínculos cercanos de Mujica, desde el "Pato" Celeste, hasta algunos de los políticos más corruptos de la región, muestran que llevó esa voluntad demasiado al extremo. Pero algo de ese espíritu, notoriamente, es lo que le está faltando al oficialismo frentista hoy.

En los últimos días, el candidato ampliamente favorito para convertirse en nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha estado llamando por teléfono a algunos de los líderes políticos de la región. Se contactó con Mauricio Macri, con el paraguayo Mario Abdo, y previamente ya había tenido acercamientos con el chileno Sebastián Piñera. Según se ha informado, Bolsonaro busca dar un giro radical a la política exterior de su país, la que considera que fue cooptada por el PT, como forma de promover una agenda de izquierda funcional a los intereses expansionistas de algunos ideólogos del partido como Marco Aurelio García, y la gente detrás del llamado Foro de San Pablo.

Según analistas brasileños, Bolsonaro busca un Mercosur que realmente tenga resultados comerciales positivos para los miembros, y dar un giro más liberal y aperturista a la política exterior de su país. Aunque esto último no está libre de dudas, ya que en su carrera política el probable presidente ha tenido expresiones más cercanas al proteccionismo que al libre comercio.

Pero más allá de esto, lo sorprendente es que donde no parece haber sonado el teléfono nunca es en el edificio de presidencia de Plaza Independencia. No se ha informado de que haya habido el más mínimo acercamiento entre Bolsonaro y nuestro gobierno. Y, la verdad, a vista de lo que se ha escuchado de parte de las voces más representativas del oficialismo respecto a la campaña en Brasil, nadie podría dudar que Bolsonaro tiene bastantes motivos para no querer hablar con gente del Frente Amplio.

En lo que ya es habitual en materia de política exterior en estos tres gobiernos frentistas, sus principales dirigentes han exhibido una tendencia alarmante para opinar e involucrarse en las cuestiones internas de otros países, con comentarios necios e impertinentes. A la vez que se ha mostrado un alineamiento con algunos de los gobiernos más autoritarios y represivos, cuando sus líderes son considerados "compañeros" de izquierda. Ejemplos claros, lo que ha pasado y sigue pasando con Venezuela y Nicaragua.

Pero en pocos casos ha habido comentarios tan desubicados, tan impertinentes, y tan negativos para los intereses superiores del país, que los emitidos en relación a Brasil. Desde el presidente del FA, Javier Miranda, pasando por senadores como Mónica Xavier, y hasta figuras como el expresidente Mujica, han sido generalizadas las opiniones durísimas en contra del probable futuro presidente, y la defensa de los previos gobiernos del PT, incluso pretendiendo poner en duda las decisiones de la Justicia, de un país soberano y democrático.

Cada uno tiene derecho a tener su opinión sobre Bolsonaro y sus posturas ideológicas. De hecho, desde esta página no han sido pocas las críticas a lo que vemos como un peligroso avance de visiones al filo de la intolerancia y el espíritu democrático.

Pero cuando uno está en el gobierno, o en cargos políticos relevantes en el partido que lo ostenta, tiene que tener una actitud más ponderada. No puede obviar que sus comentarios tendrán un impacto que excede al personal y pasan a afectar a toda la ciudadanía. Esto es algo que ha sido siempre difícil de entender para la dirigencia del Frente Amplio, presa de una visión internacionalista soberbia e infantil. Y de unos vínculos sospechosamente carnales con algunos líderes políticos de la región.

La realidad es que toda la amistad y genuflexión exhibida por los gobiernos del FA respecto de los líderes ideológicamente afines de esta última década, no se tradujo en ningún beneficio para el país. El Mercosur está estancado y sin ideas, el comercio regional sigue siendo hiperregulado y conflictivo. Por lo cual, cualquiera sea el giro que el nuevo presidente de Brasil le quiera imprimir, tenderá a ser beneficioso para Uruguay. Pero lo más importantes es poder estar sentado en la mesa en la que eso se converse. Algo que las infantiles reacciones de los dirigentes del FA parecen haber hecho imposible.

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