Editorial

Con licencia para desvariar

Sin que nadie la llame al orden, la ministra María Julia Muñoz sigue coleccionando errores, omisiones y exabruptos que poco bien le hacen a la Educación y la Cultura del país.

En ningún otro país del mundo una ministra de Educación y Cultura como María Julia Muñoz podría seguir en su cargo después de acumular tantos dislates. Son tan numerosos que es imposible abarcarlos en un solo editorial. Baste decir que el último consistió en descalificar al barrer a todos los pentecostales, una rama del cristianismo con diversas variantes a la que calificó de "plaga que aumenta". Lo escribió en un grupo de WhatsApp, es decir en público, olvidando que en Uruguay existe plena libertad de cultos.

Tanta libertad que entre las correligionarias de Muñoz figura la diputada Susana Andrade, "mae de Oxum" del umbandismo, perteneciente a la lista 711 de Raúl Sendic. En señal de respeto a sus creencias nadie objetó su integración al Parlamento ni la catalogó de "macumbera". Secta o religión, como quiera que se lo clasifique, el umbandismo no parece incomodar a Muñoz tanto como los pentecostales que también tienen representantes en el Parlamento y un mayor reconocimiento a nivel internacional.

Nada de eso parece importarle a una ministra que estrenó su cargo desmintiendo rotundamente las promesas de campaña que hizo Tabaré Vázquez en materia educativa. Al asumir se permitió poner en duda el cumplimiento de las metas fijadas por Vázquez en cuanto al porcentaje de egresados de la enseñanza media. Fue como decir que el presidente había engañado a la gente durante su campaña a pesar de lo cual siguió tan campante en sus funciones sin que su jefe se diera por aludido.

Es que la paciencia de Vázquez con ella parece infinita. Toleró que expulsara del ministerio al subsecretario Fernando Filgueira, su asesor en educación en los meses previos a la elección. Tanto Filgueira como Juan Mir, director de Educación, no solo fueron cesados sino que debieron soportar los denuestos de la ministra. Muñoz dijo que con su alejamiento del ministerio "el país no se pierde nada". En la pulseada entre su ministerio inicialmente dispuesto a "cambiar el ADN de la educación" y las autoridades de la ANEP se puso del lado de estas últimas. De Mir dijo despectivamente que era "un maestro de escuela" lo que puso en pie de guerra a los profesionales del magisterio que se sintieron ofendidos.

Parecería que todo le está permitido a Muñoz, quien se demuestra cada vez más despreocupada por la educación y ha hecho muy poco por la cultura. Sus momentos de mayor destaque se relacionan con sus errores y exabruptos. Desde que expulsó de la Biblioteca Nacional al escritor Carlos Liscano hasta ponerle la proa al plan Promejora, sus desaciertos suelen ser su carta de presentación. Uno de sus inolvidables yerros fue declarar que la polémica en torno al falso título universitario de Raúl Sendic era un "asunto menor" que no merecía atención. Lo dijo con total desparpajo la máxima responsable de convalidar los títulos. Jamás se retractó de esas palabras.

Con su sonrisa autosuficiente es capaz de desvariar o hacer lo que le venga en gana sin que el gobierno la llame a responsabilidad. Puede incluso subirse encima de una mesa en un bar para bailar durante una visita presidencial a Israel, suceso ocurrido cuando era ministra de Salud Pública en el primer gobierno de Vázquez. Un episodio televisado del cual salió indemne. Daría la impresión que el presidente la tiene en alta estima desde aquel borroso episodio en el cual su clínica oncológica resultó favorecida sobre sus competidoras gracias a la intervención de la entonces titular de Salud Pública.

Ella insiste siempre en decir que su actuación pública es una suerte de apostolado y que ganaría mucho más si se dedicara a la actividad privada, lo que es un intento de proclamar el carácter patriótico, casi filantrópico, de su militancia. Sin embargo, no demostró tener tanta vocación por trabajar en la medicina de su país cuando en el gobierno de José Mujica Uruguay la postuló como candidata a ejercer la dirección de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) con sede en Washington. Pese a que la cancillería se embarcó en una fuerte campaña para conseguir que otros países la votaran, Muñoz fracasó en el empeño.

Cerca del final de su gestión sería bueno conocer su rendición de cuentas, es decir, saber qué hizo realmente por la educación y la cultura en los últimos cuatro años. La lista de sus iniciativas y sus logros no parece ser muy grande. Basta con repasar la prensa para encontrar de tanto en tanto alguna nota digna de destaque en su tarea educativa y cultural, excluyendo por supuesto su muy publicitada participación anual en una comparsa en el desfile de Llamadas.

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