EDITORIAL

Una libertad amenazada

Una sociedad bien informada es una sociedad culta, que sabe lo que pasa, cómo pasa y por qué pasa; que puede elegir con orgullo su destino. Una sociedad desinformada es una invitación al caos y a la manipulación demagógica.

La semana pasada, los principales diarios y semanarios del país (El País, La República, El Observador, Brecha, Búsqueda, Caras y Caretas, Crónicas y Voces) publicaron en sus páginas un llamado de alerta por la difícil situación que atraviesa la prensa escrita a raíz de los cambios tecnológicos ocurridos en el mundo. No es algo nuevo, ni de lo que no se tuviera noticia, porque ese panorama es global y se ha desencadenado antes o después, con mayor o menor intensidad en todas las sociedades del planeta: hay una nueva manera de consumir información que pone en jaque a los medios tradicionales. Uruguay no escapa de ello, ni de sus consecuencias: algunas buenas y otras malas o muy malas. En el fondo es un tema de libertad de prensa en sus dos aspectos: como mecanismo fundamental de la libertad de expresión y como sagrado derecho del pueblo a estar bien informado.

Puede afirmarse que el número de lectores ha multiplicado su audiencia y el horizonte que se abre presenta magníficas posibilidades de mejorar más aún, pero tal como está planteado en la gran mayoría del mundo y en nuestro país, ello también puede llevar a la desaparición del periodismo profesional y todo lo que lo rodea. No solo el periodismo cuesta dinero (si es de calidad cuesta más) sino que son varios centenares de personas que trabajan en los distintos medios más allá de las redacciones y se encuentran en una situación de incertidumbre laboral, porque las plantillas han disminuido de número.

La rentabilidad de las empresas que lo practican está seriamente amenazada por la presencia de dos grandes intermediarios que operan en la vía de acceso a Internet: Google y Facebook, los gigantes internacionales de las comunicaciones, se están apoderando de la venta de publicidad en perjuicio de los medios de comunicación. Allí está el caso de la Argentina, que es clarísimo y contundente: mientras Google y Facebook, que trabajan con contenidos ajenos, se llevan el 85% de la gran torta publicitaria en Internet, el grupo Clarín solo recibe el 3% y La Nación un 2,5%. Allí está también el caso de la CNN, cuyo presidente (Jeff Zucker) reclamó que se revisen los "monopolios" de Google y Facebook para asegurar "que todos sobrevivan", en tanto Rupert Murdoch, dueño de la cadena Fox y del Wall Street Journal, acusó a Facebook de desconocer "la inversión y el valor social del periodismo profesional".

La afirmación de Murdoch es categórica, sin inversión no hay periodismo profesional, ni periodismo de calidad. Las sociedades quedan expuestas al tenebroso ascenso de las "fake news", las noticias falsas, que nadie controla y se diseminan como un virus en las redes sociales. Impulsadas por intereses políticos y económicos, o simplemente por maldad, han ganado espacio a través de la irresponsabilidad de las tecnologías que las difunden al barrer. Han golpeado, y duro, en dos acontecimientos de resonancia mundial, como son las elecciones de los Estados Unidos (Donald Trump presidente) y el referéndum del Brexit (la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea). Nadie sabe quién las maneja o lo que buscan. No tienen redactor responsable, pero se difunden a gran velocidad.

Una sociedad bien informada es una sociedad culta, que sabe lo que pasa, cómo pasa y por qué pasa; que puede elegir con orgullo su destino. Una sociedad desinformada es una invitación al caos y a la manipulación demagógica. La información no es de izquierda o de derecha, es información. Se puede interpretar de una manera u otra, pero no deja de ser información y lo único que interesa es que sea veraz y cierta.

La prensa escrita en nuestro país significa rigor, certidumbre. Hay tradición, hay historia y hay una realidad que lo avala, pero hoy enfrenta dificultades que escapan a sus posibilidades porque no solo es imposible detener el avance de la tecnología, sino además porque no corresponde. En distintos Estados del mundo se han instrumentado políticas de apoyo a la prensa para garantizar su presencia y que pueden procesar el desafío de la modernidad, en el entendido de que sin prensa libre no hay democracia y que la libertad de expresión es la máxima garantía de todas las demás libertades.

En ese sentido, parece que sería una excelente oportunidad para que el gobierno y los principales actores de la prensa escrita desarrollaran en conjunto un esquema de medidas que sirvan para apoyar al sector en esta transición tan compleja, a la vez que impulsar al país a los primeros niveles globales en materia de lucha contra las noticias falsas, la manipulación de información, las garantías y vigencia de la libertad de prensa.

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