EDITORIAL

El león se volvió vegetariano

Lo preocupante es comprobar que, cuando las papas queman, el sector político de peor desempeño en el gobierno se disfraza para posar de austero, transparente y republicano. Y usa a la mayoría oficialista para obstaculizar otra comisión investigadora.

La noticia le puso un nuevo toque demagógico a la campaña electoral. El sector del expresidente Mujica acaba de presentar un paquete de 16 medidas conducentes a "recomponer la confianza en el sistema político, sin distinciones partidarias”. La cosa ya viene curiosa desde ese arranque: el grupo mayoritario del partido de gobierno, ¿se entera recién ahora, a menos de un año de las elecciones, que la confianza en el sistema político está en problemas? Si es así, ¿no debería empezar por un mea culpa, en la medida que lleva quince años conduciendo los destinos del país con mayorías absolutas y habiendo atravesado una década de bonanza económica? Pero nada de eso surge de la justificación de la iniciativa. Más bien parece que la desconfianza ciudadana se debiera a un extraño virus que no hay más remedio que combatir de apuro.

En el paquete hay propuestas que se caen de maduras, como la obligatoriedad de la creación de concursos para el ingreso a cualquier organismo estatal o la limitación de la cantidad de adscriptos y secretarios de que puede disponer un ministro. Qué lástima que hayan tomado conciencia de estas obviedades tan tarde, después de haber fomentado durante tres lustros el amiguismo, las concesiones por designación directa y la superpoblación de cargos de confianza.

Otras son involuntariamente humorísticas, como la que reclama que los cargos políticos sean “full time”. Uno supone que lo que preocupa a los emepepistas es que Tabaré Vázquez haya ejercido la medicina a medio tiempo durante su primer gobierno, o que Daniel Placeres esté compartiendo su labor parlamentaria con el gerenciamiento de la empresa Envidrio, tan elogiada en nuestros textos escolares.

Por ahí tratan de mechar “un nuevo sistema” para exonerar las donaciones de las empresas, a ver si contrabandean al fin su viejo sueño de privar a los centros educativos públicos de gestión privada de ese beneficio.

Y no faltan los disparates mayúsculos, como la propuesta de destinar el excedente del FONASA de los aportes de los políticos, para el financiamiento del FNR. Una manera de expropiar dinero de los ingresos legítimos de esas personas, por parte de un grupo altamente experimentado en expropiaciones...

En fin, aún reconociendo la buena intención de legislar a favor de la transparencia y la austeridad del sistema político, da un poco de gracia que quienes lo proponen sean justamente los adalides del descontrol administrativo más bochornoso de que se tenga memoria.

El senador Pablo Mieres lo define muy bien en su columna de Montevideo Portal: “el rey del despilfarro y la opacidad propone proyectos de transparencia”. Es que parece que el MPP hubiera tenido una especie de iluminación divina, que le hace dejar atrás el largo tendal de desprolijidades que prodigó en más de una década, sobre todo durante la gestión de Mujica, y empezar a hacer buena letra cuando queda solo un año para el esperado cambio de gobierno. De golpe, el león se dedica a enseñar cocina vegetariana.

Es el mismo Mujica que viajaba a Venezuela con un inefable personaje que solía disfrazarse de pato, hoy procesado, a quien en su momento defendió, reivindicando su derecho a “ganarse la vida” (negocios multimillonarios apadrinados por el Estado, sin experiencia que lo avalara ni licitación previa).

Es el mismo que anunció a los periodistas que el remate de Pluna terminaría en minutos, porque había dejado atado un paquete que, cuándo no, terminó costando una fortuna a los contribuyentes. El mismo que defendió a capa y espada la gestión de Sendic al frente de Ancap y el agujero de 800 millones de dólares que volvimos a pagar entre todos. El mismo que repartió cargos alegremente entre amigos y correligionarios sin la menor preparación, como cuando designó como director de un área del MEC a un militante que, en su propio curriculum, se presentaba como profesor de taekwondo.

La lista es interminable y no vale la pena aburrir al lector con tantos desaguisados que ya conoce.

Lo preocupante es comprobar que, cuando las papas queman, el sector político de peor desempeño en el gobierno se disfraza a último momento para posar de austero, transparente y republicano. Y cómo al mismo tiempo, usa la mayoría oficialista para obstaculizar otra comisión investigadora que expondría las irregularidades del Mides, multimillonaria chacrita del otro socio en la aventura: el Partido Comunista.

Imposible no recordar el título de aquella vieja película de Terence Hill y Bud Spencer: juntos son dinamita.

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