EDITORIAL

¿Para quién juegan los sindicalistas?

Qué aliciente puede haber para invertir en Uruguay, donde un día los obreros deciden hacer control de la planta y desacatan una orden de la justicia en MontevideoGas. Se paran las actividades porque echan a un obrero al que vieron robando, etc. etc.

Cría cuervos y te sacaran los ojos”. Este parece ser el refrán perfecto para describir lo que le está pasando al Frente Amplio. El Pit-Cnt ha anunciado un inédito paro general para el martes 25 de junio, a cinco días de las elecciones internas. Aunque lo tengan bien merecido, ya que los diferentes gobiernos de Vázquez -Mujica-Vázquez, en cuanto llegaron a la presidencia, optaron por darle cada vez más alas a los compañeros sindicalistas, los daños se infligen a todo el país.

Les ofrecieron lugares clave como el Ministerio de Trabajo y de entrada legalizaron las ocupaciones de las empresas, si bien solo para el sector privado. Porque en cuanto ocuparon un Ministerio, sin reparo alguno por la gruesa discriminación, levantaron el vale todo con una normativa que prohibió las usurpaciones para la cosa pública. Los particulares que “se la banquen”.

Cuando las dificultades para obtener empleo van en aumento y la inversión en picada, es inconcebible que los dirigentes sindicales no sean capaces de darse cuenta de que los empresarios no son sus enemigos. Muy por el contrario, los que se arriesgan a emprender y a dirigir una empresa de servicios o industrial, son quienes crean empleos, contratan mano de obra, dan oportunidades de trabajo. Por lo tanto, lo que deberían hacer dirigentes sindicales, trabajadores y patrones, es tirar todos para el mismo lado. No pueden los primeros, ser los que dirijan la actividad de la fábrica, ni decidir cuantos empleados u obreros deben haber, cuanto tienen que ganar, sea el escenario negativo o positivo. No son ellos los que arriesgan capital y responsabilidad ni los que poseen el conocimiento para administrarla, como ha quedado bien demostrado con esas aventuras de las empresas recuperadas que terminan en fracasos. Y ello a pesar de recibir apoyos financieros inusuales del Estado que difícilmente alguien del sector privado pueda obtener. A excepción, claro está, de algunos amigos muy cercanos al poder, tal como se ha visto con los abultados préstamos completamente fuera de lugar, otorgados por el banco estatal, a una cierta empresa del sector pesquero.

El empleo figura como preocupación principal en todas las encuestas. Se han perdido unos 50.000 puestos de trabajos en el último tiempo. El desempleo actualmente alcanza el 9,5%, según palabras del propio presidente del Pit-Cnt, aun cuando haya 70.000 nuevos funcionarios que han pasado a engrosar todavía más a nuestro inmenso sector público. Las favorables condiciones externas ya no permiten crecer a la velocidad de la época de las vacas gordas, ni tapar la mala gestión, los abusos, el despilfarro, o los focos de corrupción.

Como en el cuento de la hormiga y la cigarra, en todos estos años de bonanza Uruguay no firmó ni un acuerdo que le permita comerciar al exterior sin tener que pagar altos aranceles para poder competir en mejores condiciones, a diferencia de lo que hicieron en el período 2006-2016, Australia, Nueva Zelanda y Chile. A esta inoperancia se suman los efectos de lo caro que es producir en este país. Los elevados precios de las tarifas (hay que alimentar al estado) de los combustibles (hay que alimentar al estado) los costos laborales (hay que alimentar a la previsión social) cuya reforma ha quedado agujerada como un queso en base a las diferentes medidas fogueadas por quienes quieren volver a lo de antes”. A las fundidas Cajas de Jubilaciones estatales.

Con tanto indicador en baja, la inversión es la única válvula de escape para poder crecer y combatir el desempleo. Pero la inversión del estado que se mantiene en un 4% del PBI, no alcanza. Hace falta la inversión privada que entre el 2012 y el 2014 se ubicaba en el 22% del PBI y ahora bajó (2018) al 16% (Bafico - Michelin). Sin embargo, qué aliciente puede haber para invertir en Uruguay, donde un día los obreros deciden hacer control de la planta y desacatan una orden de la justicia en MontevideoGas. Se paran las actividades porque echan a un obrero al que vieron robando. O dejan de trabajar porque hay una asamblea, o provocan una pérdida en Ancap de US$ 2,5 millones por un paro de 24 horas en todas las plantas de la petrolera. O invaden una fábrica (Friopan) y hacen graves destrozos porque no aceptan que el propietario haya comprado dos máquinas. Al valiente trabajador no sindicalizado que se atrevió a filmar con su teléfono lo amenazan de inmediato y la policía no le toma la denuncia. A los 77 que querían trabajar y que una minoría de 38 se lo hizo imposible, el Ministerio de Trabajo no les da ningún respaldo. ¿En que piensan estos líderes gremiales? Con esta prepotencia, al Uruguay lo hunden.

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