EDITORIAL

El jean nuevo y el desastre de la URSS

Las campañas electorales tienen estas virtudes: permiten sinceramientos en donde se deja en claro el cinismo y la mentira histórica y política de nuestra izquierda de siempre, esa que sigue sin creer francamente en los valores de la libertad individual.

En la recta final de la campaña electoral para las internas los dos principales precandidatos frenteamplistas hicieron declaraciones sobre lo que se conoció como el campo socialista-comunista de la época de la Guerra Fría (1947- 1991).

Daniel Martínez fue contundente. Refiriéndose a la URSS, señaló que “fue una vergüenza y todavía estamos pagando los horrores que hizo la URSS, porque el campo progresista terminó identificándose con una experiencia lamentable”. Cosse por su parte respondió a la pregunta de por qué la ambición más grande de un joven de la URSS era comprarse un jean, diciendo que la explicación es que lo que falló allí fue la “construcción política”.

La verdad es que efectivamente el “campo progresista” que define Martínez se identificó con la experiencia soviética totalitaria. Y justamente uno de los enormes problemas del Frente Amplio es que, a 30 años ya de la caída del muro de Berlín, no hubo en todo este tiempo un sinceramiento político que expresara claramente lo que Martínez circunstancialmente afirmó en sus declaraciones. Algo tan evidente para el mundo entero, para la academia especializada y para la política internacional en general, que es que el campo comunista fue un régimen de terror y totalitario, sigue siendo relativizado y hasta negado por la inmensa mayoría de la izquierda del Uruguay.

Allí está, hoy en día, la defensa de la figura de Vivian Trías, en el mismo Partido Socialista del que forma parte Martínez, traidor a la Patria y barato espía al servicio del campo soviético. Allí está, el apoyo de todo el Frente Amplio a regímenes comunistas, como el caso de Cuba, dando a entender que lo que allí se verifica es una especie de “democracia especial” de partido único, pero no reconociendo nunca que se trata de una dictadura infame.

El propio Martínez, en esa actitud que enseñara a la izquierda Mujica, de que te digo una cosa y te digo la otra, puede declarar un día que la URSS fue una experiencia lamentable, pero otro día puede mostrarse incapaz de afirmar contundentemente que lo que sufre Venezuela es una dictadura.

Quizá la explicación de fondo de este cinismo izquierdista esté en lo que declaró Cosse, cuando afirmó que en tiempos de la URSS los jóvenes que allí residían tenían la oportunidad de “mandar un cohete a la luna, de estudiar lo que quisieran, de vivir dónde quisieran, de no pasar hambre”, y que por tanto el afán por “el jean nuevo” solo es explicable por la falla de la “construcción política” de ese régimen.

Cosse muestra así lo que notoriamente siguen sin querer asumir los principales dirigentes frenteamplistas con respecto a la URSS, a la que tanto adhirieron en su momento. No entienden que el comunismo cayó sobre todo porque era un régimen que asfixiaba la libertad individual. El jean, para los jóvenes que sufrían la atroz dictadura soviética, era el símbolo de la libertad: libertad de pensar y decir lo que se quisiera, de reunirse y hacer lo que les pareciera, de hacer, deshacer, vivir aquí o viajar allá, sin controles estatales ni impedimentos arbitrarios.

Creer que bajo el régimen soviético la gente “no pasaba hambre” o que tenía libertad para vivir o estudiar sin limitaciones es una profunda mentira histórica. A raíz de la falta de libertad que allí debía soportarse, por causa de las bases mismas del régimen comunista en materia económica, los pueblos sufrían miseria cotidiana. Apenas podían, emigraban a Occidente: allí están los ejemplos de los miles que lograron hacerlo entre 1948 y 1961, pasando de la Alemania Oriental comunista a la Alemania Occidental liberal, antes que la autoridad comunista de Berlín decidiera erigir el infame muro de la opresión.

Los “horrores de la URSS” no fueron casualidad ni ocurrieron por falta de construcción política. Estaban inscriptos en el ADN del propio régimen comunista, que allí en donde se instaló sembró odio, miseria, represión, y aniquiló las libertades individuales más preciadas. Cosse muestra no estar dispuesta a aceptar esta realidad histórica; Martínez admite hoy lo que hace 30 años no creía para el caso de la URSS, pero no es capaz de reconocer el drama cotidiano que sufren los venezolanos por causa de la dictadura de Maduro de inspiración socialista.

Las campañas electorales tienen estas virtudes: permiten sinceramientos en donde se deja en claro el cinismo y la mentira histórica y política de nuestra izquierda de siempre, esa que sigue sin creer francamente en los valores de la libertad individual.

Importa tenerlo claro.

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