EDITORIAL

La izquierda y el "vandalismo"

Esta actividad estructura lo que Mujica definió como “Estadito paralelo”, y ha consolidado el despilfarro y la corrupción, perdiendo decenas de millones de dólares en manos de jerarcas públicos empeñados en financiar sus carreras políticas.

El escapismo es uno de los recursos preferidos del club de los "populistas electorales"; otros siempre son los responsables, mientras el Pit-Cnt "ignora" la muerte de Stalin, la caída del muro de Berlín y el fracaso de sus socios "progresistas" encabezados por el "emirato caribeño" de Chávez y Maduro. Y, además, tienen el atrevimiento de asumir el rol de "curador ideológico" del presidente Vázquez para evitar que su gestión tenga un indeseable giro a la derecha.

Por otro lado, la "izquierda" para la millonaria en dólares Central Sindical, tiene que ver con toda actividad ajena al capital privado y su objetivo principal es que el Estado, monopolios estatales, los servicios públicos y corporaciones sindicales avancen limitando el desarrollo de una economía de mercado con un claro resultado: más gasto público, más funcionarios y burocracia, y lógicamente, tarifas e impuestos cada vez más gravosos para financiar ese fenomenal asistencialismo electoral.

Sin embargo, el fracaso es tan manifiesto que la privatización avanza en la Salud, la Seguridad y la Educación, ya que al tener servicios públicos deficientes se obliga a los contribuyentes —en especial a los trabajadores— a contratar servicios privados con enorme sacrificio para sus familias.

Otra expresión privatizadora es la imaginativa idea surgida del Frente Amplio de crear más de 50 sociedades de derecho privado por entes estatales con el fin de evitar el control de legalidad del Tribunal de Cuentas. Esta actividad estructura lo que Mujica definió como "Estadito paralelo", y ha consolidado el despilfarro y la corrupción, perdiendo decenas de millones de dólares en manos de jerarcas públicos empeñados en financiar sus carreras políticas. Peor aún, parecería que hay muchos dirigentes que luego de leer con avidez El Capital (la biblia de Marx) decidieron "hacer" su propio capital fuera de la ley, amparados en mayorías legislativas protectoras y en oscurantismo administrativo.

Lo descrito no es un hecho aislado, es parte de una estrategia pensada y aplicada con rígidos criterios. En realidad refleja una condición transversal que corrompe a ricos y pobres, empresarios y funcionarios públicos, alfabetos y analfabetos, y que sobrepasa la figura del "hombre masa" que Ortega y Gasset describió como el mediocre de todos los tiempos, y que hoy se identifica con la pérdida del respeto a las instituciones, la indiferencia y el desprecio por todo aquello que está por encima de sus capacidades.

De ahí surge la nueva categoría de "vándalo" que vemos todos los días en cualquier actividad colectiva. A este, no sólo poco le importa la ley, sino que se enfrenta a todo lo que aparezca como prolijo, respetuoso, cuidado, preservado u ordenado. De modo que cuando se arroja una garrafa desde lo alto de una tribuna o se expulsa de un grupo al que se enfrenta a dogmáticos "compañeros", no puede hablarse de hechos aislados o excepcionales. Lamentablemente, es un comportamiento social que responde básicamente a causas ideológicas y que se ha extendido de la mano de organizaciones sindicales y grupos políticos que no admiten que sus furias y resentimientos sean limitadas por normas y sanciones que protejan la vida en sociedad.

Y como todo esto no ocurre en forma espontánea, su proceso de incubación y conflicto disimulado se desarrolló a través de una estrategia pensada por grupos, sectores partidarios y corporaciones que en forma sostenida trabajaron con ese objetivo; tantos, que muchos de los que antes apostaron a la violencia, hoy aplican técnicas de depredación institucional y social refugiados en el Estado.

Estamos frente a un cataclismo de los peores. El "hombre masa" de Ortega y Gasset ha sido creado pacientemente por el resentimiento ideológico que predomina en nuestra sociedad; la misma que pensó que el derecho, la estabilidad, el respeto por las instituciones y la paz social descansaban sobre bases sólidas. En su lugar, los disolventes ocuparon el Estado durante estos años, debilitaron los mecanismos de control social, invadieron de torpeza y pocas luces altos niveles de decisión, y si como esto fuera poco, saquearon al Estado amparados en mayorías parlamentarias.

La "izquierda" vernácula instaló su interpretación de la historia, a los buenos y malos, que categorizó arbitrariamente, una concepción de derechos y de Justicia, todo orientado a garantizar su impunidad. ¡¡¡Menuda hemiplejia moral!!!

Tenemos ante nosotros el deber de construir un "hombre nuevo" que nada tiene que ver con la utopía marxista que tantos millones de vidas "tronchó" en su nombre.

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