EDITORIAL

Izquierda responsable

En los últimos treinta y cinco años el país nunca estuvo tan mal en inseguridad y en convivencia social. Sufrimos una barbarie cotidiana. Los responsables son dos: el silencio cómplice de la izquierda intelectual complaciente, y la desidia y la incapacidad de la izquierda gobernante frenteamplista.

La izquierda es enteramente responsable de que la inseguridad esté generando consecuencias gravísimas y duraderas sobre la convivencia social del país. Pero hay que distinguir dos tipos de responsabilidades.

Por un lado están los que durante años relativizaron la creciente inseguridad. Se trata de los conocidos politólogos, expertos, analistas de sociedad y líderes de opinión que siempre están prestos a encontrarle una vuelta más a algún rebuscado o delirante argumento teórico con tal de que las administraciones de Vázquez o de Mujica no salgan mal paradas de sus problemas de gestión.

Para ello, por ejemplo, cotejan lo que ocurre en Montevideo con cifras y datos de inseguridad mucho peores de otras ciudades del continente, como si esa comparación fuera pertinente. Porque, ¿acaso corresponde compararse con las peores realidades del mundo que están geográficamente cerca, cuando Uruguay a lo largo del siglo XX siempre fue una excepción en Latinoamérica, tanto en su nivel educativo como en su convivencia ciudadana y su seguridad pública, y estuvo por décadas a la altura de las mejores sociedades del mundo?

Incluso, con tal de justificar su gobierno de izquierda, estos compañeros de ruta del Frente Amplio que se hacen pasar por analistas objetivos de la realidad social y política del país se arriesgan a sostener que todo va muy bien. En efecto, lejos de denunciar la pésima evolución de los datos estadísticos que dan cuenta de la gravedad de la situación de inseguridad, como por ejemplo el aumento de los homicidios, de los hurtos y de las rapiñas, se dedican a contemplar su propio ombligo hecho de posiciones sociales y económicas acomodadas propias de pequeños burócratas públicos. Así, con tal de quedar bien con el discurso oficialista que los cobija son capaces de afirmar, sin ruborizarse, que el Uruguay es un “sitio amable para vivir”.

Todos ellos, por su servilismo, su silencio cómplice y su voluntaria ceguera de años, son grandes responsables de la debacle social que sufrimos.

Por otro lado están quienes integran la estructura política del Frente Amplio y afirman, sin pudor alguno, que la situación de inseguridad no es tan grave. Culpan, cuándo no, a la oposición y a la prensa por una especie de conspiración de la derecha, que sería la que haría que la gente viviera con miedo. Aquí la enorme responsabilidad es sobre todo de las principales figuras del Frente Amplio. Mujica, que durante su administración nada eficiente hizo para enfrentar el aumento fenomenal de la inseguridad. Y Vázquez, que en plena campaña electoral en 2014 relativizó la gravedad de la situación a la vez que decidió respaldar en su gestión a quienes ya mostraban pésimos resultados al frente del ministerio del Interior.

Los analistas que forman parte de la hegemonía cultural de la izquierda y los políticos que integran el Frente Amplio tienen en común que no aceptan ver una realidad que rompe los ojos. Los primeros no la denuncian ni la señalan, mostrando un alineamiento partidista servil al límite de la deshonestidad intelectual. Los segundos no toman medidas para enfrentar el espiral de violencia que soporta el país y que tiene como mayores víctimas a los más humildes, mostrando una desidia y autocomplacencia criminales.

Hoy, el hartazgo ciudadano es tal que empezarán a multiplicarse trágicos y bárbaros episodios de justicia por mano propia, como el que lamentablemente se vivió en Canelones hace unos días. Hoy, el vigor de las represalias de los delincuentes es tal, que los más humildes viven desprotegidos, sin saber cuándo su casa puede ser robada o incendiada por venganza de un grupo de delincuentes, o cuándo tendrán que abandonar sus hogares por decisión arbitraria de tal o cual grupo armado narcotraficante.

Sobre ese Uruguay, que es el verdadero Uruguay, la izquierda intelectual y universitaria que es protagonista activa de la opinión pública, no habla. Al contrario, sigue apostando a la tilinguería ombliguista de que “el Uruguay no está tan mal”. Ante ese Uruguay, que es el verdadero Uruguay, la izquierda política y gobernante no toma ninguna medida eficiente. Al contrario, cree que todo es exageración opositora y se complace en apoyar, unida, la gestión de Bonomi- Vázquez en el ministerio del Interior.

En los últimos treinta y cinco años el país nunca estuvo tan mal en inseguridad y en convivencia social. Sufrimos una barbarie cotidiana. Los responsables son dos: el silencio cómplice de la izquierda intelectual complaciente, y la desidia y la incapacidad de la izquierda gobernante frenteamplista.

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