EDITORIAL

Izquierda y pobreza infantil

Nunca hubo en la historia de la humanidad una baja tan pronunciada de la pobreza en general y de la pobreza infantil en particular como cuando más se expandió la economía de mercado y el sistema capitalista en el mundo, que fue en los últimos 25 años.

Tenemos un problema grave con la pobreza infantil. Pero también tenemos un problema grave con este gobierno de izquierda que no logra implementar políticas eficientes para enfrentarla, como quedó claro con las conclusiones del seminario sobre protección social de fines de julio pasado.

Según el último reporte del Instituto Nacional de Estadística, en 2016 el 20% de los niños menores de 6 años vivía por debajo de la línea de pobreza. En Montevideo esa cifra aumentaba prácticamente al 30% del total. Además de esos datos se conocen cifras aportadas por el Censo de 2011: el 44% de los niños menores de 14 años vivía con al menos una necesidad básica insatisfecha, es decir más de 306.000 niños en total. Si se analizan los resultados del censo por zonas geográficas, la situación era realmente muy grave para los departamentos de Artigas, Cerro Largo, Durazno, Paysandú, Rivera, Salto y Tacuarembó, ya que allí más del 50% de la población infantil vivía con al menos una carencia crítica.

Es cierto que no es un fenómeno reciente. En los años 80 y 90, cuando bajó radicalmente la pobreza de un 46% en 1986 a un 15% del total de los habitantes en 1999, la pobreza infantil siempre presentó guarismos más altos: 63% en 1986 y 32% en 1999. Pero a diferencia de esos lustros de gobiernos de los partidos tradicionales, desde 2004 la verificable baja de la pobreza ha sido acompañada por un fenomenal período de crecimiento económico del país.

Evidentemente las mejoras en los índices sociales han sido antes que nada una consecuencia de ese proceso largo de crecimiento económico. Sin embargo, eso no termina de ser entendido por los jerarcas del gobierno del Frente Amplio. Al concluir el seminario sobre protección social, un director del Ministerio de Desarrollo Social afirmó que "el capitalismo produce pobreza infantil. Y si no asumís que tu máquina produce eso, es difícil poder atender los resultados que genera" según narró la crónica del semanario Búsqueda.

Se trata de una afirmación completamente falsa. Nunca hubo en la historia de la humanidad una baja tan pronunciada de la pobreza en general y de la pobreza infantil en particular como cuando más se expandió la economía de mercado y el sistema capitalista en el mundo, que fue en los últimos 25 años. En 1990 el 29% de la población mundial vivía en extrema pobreza; en 2015, fue el 9% del total: en el período del cuarto de siglo de mayor globalización económica de la historia, 50 millones de personas por año lograron salir de la situación de extrema pobreza.

Así las cosas, ese diagnóstico enteramente equivocado es el que ha impedido a los gobiernos del Frente Amplio liderar políticas efectivas que redujeran considerablemente la pobreza infantil para bajarla a la par de los resultados de pobreza global del país. Pero además, ese diagnóstico equivocado se refuerza porque es compartido por organismos internacionales dedicados a estos asuntos, como por ejemplo la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

En efecto, la secretaria ejecutiva de la Cepal, notoria izquierdista, afirmó en ese seminario que en la década pasada hubo un ambiente proclive a tratar de reducir la pobreza con políticas sociales en el continente, y que hoy en la región se cuestionan esas políticas y se quiere "volver al neoliberalismo puro, al mercado de nuevo" propio del pasado, lo que significa un "gran retroceso".

El FA gobernante y los funcionarios internacionales afines a la izquierda muestran que no terminan de entender bien qué es lo que generó la gran mejora social en el país en los años 90. Equivocadamente creen que en ese entonces la situación empeoró y hubo desigualdad y mayor pobreza. Erran así en la evaluación de políticas públicas pasadas, pero también se equivocan sobre el presente porque ningunean o directamente desprecian la importancia del crecimiento económico sobre bases de capitalismo y de mercado.

La verdad es que el Frente Amplio, a pesar de haber contado con un formidable crecimiento económico como nunca antes, conservó el histórico sesgo pro- adulto del gasto público y no enfrentó como primera prioridad a la pobreza infantil.

Como su agenda política es fuertemente influenciada por organismos internacionales cuyas prioridades son diferentes a las que realmente tiene el país, ahora implementa un plan de cuidados que vuelve a privilegiar el gasto público en favor de los adultos mayores.

Lo cierto es que con la izquierda en el poder seguiremos sufriendo la infantilización de la pobreza.

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